La mente crea un túnel oscuro, lleno de absurdas fantasías, el corazón lo cruza y el Ser lo ilumina.

 

En la aventura de asumir la unidad viviente, se acepta de manera íntima, plena y  profunda toda la experiencia tal como se nos presenta, la cual nos sirve para  la naturaleza de la liberación de la mente, que es cuando hay que cruzar el oscuro túnel que ha creado la propia mente. Al final del túnel, cuando la mente se ha liberado completamente de absurdas fantasías o se ha rendido al Ser, se halla la auténtica Luz, la Luz de la verdad inexpresable, la Luz radiante de la Presencia.  Es una experiencia única y fascinante de amor incondicional que no se puede delegar, siempre es personal e intransferible, nadie nos puede ayudar ni enseñar a ser lo que ya somos, nadie debería ayudarnos, aconsejarnos o enseñarnos a experimentar esa fascinante y maravillosa odisea de la liberación de la mente, del vivir sin saber, que no es otra que Vida experimentándose a sí misma, liberándose de todo lo ilusorio, de todas las tinieblas u oscuras fantasías. Todo es aparente, excepto la Presencia. Cuando te sientas preparado, simplemente hay que estar abierto y dispuesto a que la liberación de la mente suceda, nada más.

 

El despertar de la Consciencia no es exclusividad de nadie, o se acepta o se rechaza la propia invitación para asumirnos tal como somos, con todo lo que la vida nos presenta. No hay más.