Cuando la herramienta bolígrafo y la herramienta mano se funden con el silencio innato, inherente a todos, para escribir, el resultado son palabras que emergen de la Nada que son de nadie y se dirigen a nadie, es vida jugando y divirtiéndose con las palabras.

 

He redescubierto que las palabras las precisamos para comunicarnos dentro de un mundo ilusorio, totalmente imaginativo y conceptual, porque todas ellas sólo nos sirven como indicadores que apuntan hacia la maravilla eterna de lo que Es, la verdad inalcanzable viviente en cada cosa y en cada ser. Vivir es muy, muy, muy fácil, no es cosa de tener y retener un pasado complicado para ir hacia un futuro idílico o venidero, que nadie conoce como se desarrollará. Vivir es Ser, sin anticiparse y sin demorarse, es fluir de manera íntima y plena con la Vida siempre presente. La Vida es de nadie y para nadie. Todas las palabras o los conceptos no tienen poder alguno ni sentido, si uno no se lo da, precisamente porque todas las palabras heredadas o imitadas con las que uno ha creído ciegamente e inocentemente por amor, sólo le sirven al intelecto que divide, excluye, separa, rechaza y personaliza la Unidad, para no fundirse con el Ser. Si el verbo o la palabra no nace de la raíz del Ser, de lo más profundo, no podemos conectar con la sabiduría innata e infinita, inherente a todos. 

 

Todas las palabras que encuentras aquí, simplemente son un entretenimiento para la mente, todo es un auto-recordatorio, un juego magistral de la Vida para realizar al Yo, pero hay en ellas una resonancia que evoca algo más, algo que la inmensa mayoría de personas sigue manteniendo en el olvido. Lo que todos buscamos, muy en el fondo ya lo sabemos, la realización máxima del auténtico Yo Soy, porque lamentablemente, todavía hoy, somos una existencia que mantiene en el olvido que únicamente hay vida siendo vida, una única existencia en movimiento. Confundimos la sensación de Yo Soy o de Yo Existo en el cuerpo, con ser personajes que sueñan con cambiar, gobernar o mover lo que nadie ha podido, ni puede. ni podrá.

 

La Existencia no necesita embellecerse, ni ser mejorada, empeorada o cambiada, ni tampoco pretende que la intelectualicemos sólo por el pretexto de conseguir logros personales. No necesita nada, todo ya es. Es un aburrimiento necio e infantil buscarle un significado, un sentido o un propósito a la Existencia. No hay que buscarla allí, allá, en el más allá, ni aquí, ¡YA ES Presencia Consciente de sí misma! No es necesario que seamos nuestros peores enemigos rechazando la auténtica naturaleza original. Precisamente, la última comprensión es comprender que no hay nada que uno deba comprender. Todo ya fluye. Todo ya ES. En cada cosa y en cada ser hay un saber innato, un ver y un comprender lúcido y sabio, una intuición  natural que va más allá de las palabras y de todo relato intelectual. En la Presencia del Ser, hay una dulce libertad que ni todo el oro del mundo puede comprar, todo se ve de forma natural, espontáneamente, con total lucidez. Somos absolutamente indefinibles. Somos la Nada de la cual fluye el amor incondicional, todo.