Cuando la herramienta bolígrafo y la herramienta mano se funden con el silencio eterno inherente a todos, para escribir, el resultado únicamente es: palabras que emergen de la Nada que son de nadie para nadie, es vida jugando y divirtiéndose a través de las palabras.

 

He redescubierto que las palabras heredadas, (todo lo que me contaron o aprendí, y yo muy inocentemente me creí) las precisamos para comunicarnos dentro de un mundo ilusorio. Cada uno sueña un mundo a su manera, totalmente distinto a todos los demás, que únicamente nos sirve para despertar de él.  Todas las palabras no tienen poder alguno, ni sentido o propósito, si uno no se lo da. Si el verbo no nace de la raíz del Ser, de la sabiduría innata e infinita del no saber, no podemos expresarnos con Luz original. 

 

El idioma universal, el de todos, para que podamos entendernos más allá de lo personal, emerge de la  impersonalidad de la Vida, del Silencio eterno y sabio que nos envuelve y nos abraza a todos. Hay que perderse uno mismo para volver a encontrarse.