He descubierto que las palabras las precisamos para comunicarnos dentro de un sueño hipnótico,  porque todas ellas sólo nos sirven como indicadores que apuntan hacia la verdad inalcanzable. Las palabras o los conceptos no tienen poder alguno, si uno no se lo da.  Simplemente sirven para el intelecto egocentrista  que divide, excluye, separa y rechaza la verdad viviente para no ser originales, sólo son palabras para entretener al ego intelectual que intenta gobernar y personalizar la Existencia o la Unidad. Las palabras sólo intentan explicar o definir lo que nadie puede explicar o definir. Si el verbo o la palabra no nace de la raíz del Ser o de la sabiduría innata del silencio, inherente a todos, es más de lo mismo, es imitación, es un copiar y pegar de lo que me han dicho y yo me he creído por amor para ser medias naranja, con tal de no ser originales dentro de este paraíso que se nos regala a todos, a todos, sin excepción. La Unidad juega con las palabras hasta descubrirse a sí misma. 

 

Todas las palabras que encuentras aquí, simplemente son un entretenimiento para la mente, todo es un auto-recordatorio inteligente y magistral de la Vida, pero hay en ellas una resonancia que evoca algo que la inmensa mayoría de personas sigue buscando fuera de sí, porque se mantiene en el olvido. Lo que todos buscamos, muy en el fondo ya lo sabemos, la realización máxima del Yo. Pero estas palabras sólo apuntan hacia aquello que Es; son palabras de nadie y se dirigen a nadie, aparecen y desaparecen en ti, sin compromiso y sin sentido, no tienen  poder alguno, si tu no se lo das.Todo se intuye, se sabe, se ve, se escucha, se huele, se palpa y se comprende mucho más allá del intelecto que divide, separa y excluye la Vida. Todo es un saber innato y espontáneo que está mucho más allá  del ego intelectual que cree ser algo o alguien que no es.

 

La Existencia no necesita embellecerse ni pretende que la intelectualicemos más para buscarla en el más allá, o que la manipulemos con tal de satisfacer glorias personales, con pretextos nada inteligentes o estúpidos del mejor o peor, de buenos o malos. La existencia no tiene nada que ver con el bien y con el mal, ni es cosa de poderes mágicos ni del lastre espiritual que heredamos en la niñez para la comprensión intelectual, es cosa de lucidez y de intuición. Precisamente, la última comprensión es comprender que no hay nada que uno deba comprender. Todo fluye. Todo es un saber innato, es un ver y comprender sabio. En la Presencia del Ser, todo se sabe lucidamente y se ve espontáneamente, porque todo está mucho más allá del intelecto que personaliza la existencia..