Vivir

Vivir

 

La Vida es una aventura fascinante, divina y maravillosa; se descubre cuando uno vive la experiencia de un modo íntimo y pleno, de fuera hacia dentro,  porque únicamente en el sí mismo es donde podemos reconocerlo y donde podemos encontrar la maravilla eterna que tanto buscamos, el misterio de la existencia, la felicidad sin causa y la máxima verdad.

 

Ni los pensamientos, ni las emociones ni las sensaciones son personales, siempre son impersonales, surgen, aparecen y desaparecen de forma espontánea en la Consciencia, sin ser propiedad de nadie. De ninguna de esas sensaciones, pensamientos o emociones, como todo ser humano, te puedes escapar, ni las puedes controlar o evitar aunque la mente suponga que si. Ese vaivén de olas o sensaciones físicas y emocionales fluyen espontáneamente, no son tuyas, tú no eres propietario ni del miedo que en el sí mismo aparece, nada es propiedad de nadie. Simplemente son olas, pensamientos y sensaciones, que quieren ser recibidas, vistas o aceptadas profundamente por el Océano de la Vida que tú eres, por la Consciencia Presente.

 

El problema de todo ser humano comienza cuando se idéntifica con las olas, cuando lo personaliza todo, cuando pierde de vista que es Consciencia Presente, la Vida. Cuando hay olas que son agradables todo parece ser cómodo, pero cuando hay olas que son desagradables la persona empieza a cavilar, a analizar, a controlar, a evitar y a impedir que esas olas o sensaciones se manifiesten tal como son. Ese es el pecado o el problema más grave del ser humano, puesto que cuando más las rechazamos más fuerza e importancia les damos, más tiempo permanecemos en lo ilusorio, más tiempo permanecemos en la inconsciencia colectiva, sin ser observada ni iluminada con la Luz de la Presencia.

 

Cada ola surge de la Nada y regresa a ella; mientras las hacemos personales nos convertimos en lo que pensamos, en guerreros, en hombres de negocios, competitivos, controladores y violentos; luchamos contra nosotros mismos, contra la propia ceguera, no queremos evidenciar ni aceptar la ignorancia en el sí mismo, así no podemos ver la propia manifestación. Queremos escaparnos de lo inevitable, controlamos a la vida, la rechazamos y luchamos contra lo que la humanidad ha llamado el mal o el infierno, así generamos el mal o sufrimiento. Ninguna ola tiene poder, si tu no se lo das, no hay mal si tú no personalizas nada, si no te identificas con la ilusión, puesto que ninguna ola puede sacarte de la Presencia, si es observada conscientemente. El inconsciente colectivo de la humanidad nos sucede a todos, a la vez, no hay nadie que sea mejor ni peor que nadie, todo es uno. La mente de cada ser humano es dual, se mueve entre el bien y el mal, entre lo mejor y lo peor, entre la felicidad y la infelicidad, inventa el tiempo y hace personal una historia. Debe existir la dualidad humana para poder trascender el sufrimiento, debe existir el mal para que el bien pueda vencer, hasta recuperar la lucidez de la divina Presencia. Cada ser humano que no asuma la Unidad viviente en el sí mismo, le suceden sensaciones que llamará bondad o maldad, infierno o karma, o mil cosas raras. No observar la simplicidad de la Vida moviéndose o sucediendo en el sí mismo, ni querer reconocer la parte de ignorancia que nos sucede en esa totalidad nos hace sufrir. Personalizar e indentificarse con la supuesta maldad o con la violencia que vemos aparecer en la Consciencia, hace que uno controle y luche inútilmente contra la Vida, y eso es sufrir y hacer sufrir. Esa inconsciencia personalizada  es lo que hace que todo ser humano se sienta culpable, irresponsable, y, tal vez, un desgraciado o un infeliz. Nos espuja a buscar la unidad. La personalidad lo divide todo es dos, separa, excluye y lo enmascara todo de bondad o de maldad, juzga a la Vida, sin ver el juego eterno, el de buscar fuera de sí lo que jamás se ha movido. Todo es un juego magistral  de Luz y Amor para asumir la unidad, para regresar al hogar y recuperar el amor absoluto del Ser. 

 

A cada uno se nos regala una invitación intransferible, única, totalmente distinta a todas las demás; está ¡siempre presente! es irrepetible e indescriptible, igual como lo es cada intimidad; invitación que si se acepta profundamente, hay la posibilidad de que nos suceda la observación plena hasta ver que no somos simples personas, sino Ese a quien todo le sucede, Ese que no se mueve del instante vivo y presente. Cuando se está preparado para asumir la unidad y aceptar la invitación, sin que nadie nos diga como hay que ser, se nos regala un pase de oro para poder vivir la aventura de un modo íntimo y pleno, plácidamente, con total lucidez, porque más allá de las olas que nos suceden en la Consciencia, ¡jamás! estamos experimentando la aventura del no saber, fuera del instante vivo y presente, jamás haremos un solo paso ni un solo respiro estando más cerca o estando más lejos de la Vida, jamás hemos hecho nada de lo que debamos arrepentirnos o culparnos, porque todo es inevitable, impredecible e impersonal, todo sucede espontáneamente en ¡esta Vida! Todo surge del amor absoluto del Ser. La Vida que tu eres  está haciendo lo indecible para que dejes de buscarla fuera de esa intimidad, porque todo lo que buscas lo encontrarás ahí, en tí.

 

Hasta que la Vida no tome el control de esa mente dual, o hasta que no nos rindamos al Ser, habrá dolor emocional o sufrimiento, inevitablemente, porque así es el drama o la rueda eterna para despertar a la Vida o para regresar al hogar, a la impersonalidad de la Consciencia Presente.  Nada ni nadie nos sacará o nos puede arrancar de la Consciencia Presente, porque es lo que somos. Experimentando la maravilla eterna de lo que Es, sólo viviendo un día cada día, sabiendo que siempre es hoy, que siempre es ahora, sabiéndonos en este instante vivo y presente, ya realizado, porque es donde reside Dios o la Vida eterna, hace que LoQueNoEs, todo lo falso e ilusorio, todas las máscaras, la falsedad y el sueño hipnótico de la humanidad, sea visto plenamente y se esfume sin que quede rastro de violencia, ni pizca de odio, rencor o dolor emocional.

 

Mientras la liberación de esa mente esté sucediento, todo puede aparecer y desaparecer en la Consciencia, pero con aceptación profunda y sin rechazo, ya nada nos afecta en la Presencia, porque nada es personal, no es de nadie. En la Presencia ha desaparecido la sombra del falso yo. No deberíamos fiarnos de ninguna persona que no haya reconocido su totalidad, que no haya asumido conscientemente la unidad viviente en el sí mismo, o que no haya trascendido el sufrimiento humano, puesto que ninguna persona de ese aparente mundo exterior dual que no ve que todo es fruto de la imaginación, está capacitada para ayudar a ver con la propia luz, ni puede  amar con el propio amor la manifestación;  ni la propia sombra o mente atada al mundo nos puede ayudar, más vale reconocer la propia ceguera cuanto antes, si queremos que la Vida nos libere de la ilusión, y rendirnos al Ser siempre presente, porque sólo así se nos da la posibilidad de poder recuperarlo todo. No podemos comprender al mundo exterior pero si se puede amar tal como es, porque todo lo que no esté ahí, presente en el sí mismo, es de la naturaleza de un sueño. El único consejo que se la daría, cuando uno ya se ha decepcionado es: -deja el mundo exterior en manos del Poder Superior que lo creó, porque ya lo está cuidando, moviendo y cambiando a cada instante. Todo sucede a la perfección, la Vida no tiene prisas, es absolutamente perfecta y adecuada, jamás ha incurrido en error.

 

El tiempo no lo marcamos los seres humanos, porque el tiempo es una bendita y maravillosa ilusión como tantas ilusiones e invenciones de la humanidad. Siempre es ahora, siempre es hoy, siempre estamos aquí. La mente que se mueve en el tiempo está años luz de la Luz.  No somos personas como el mundo nos ha vendido y nuestra mente se ha creído, somo la Vida, siempre Presente, siempre neutral, impersonal e incondicional con todas sus criaturas, siempre  inmortal. Somos dioses recorriendo la propia manifestación, y eso se ve o no se ve, se sabe o no se sabe. Se acepta o no se acepta la invitación para descubrirlo, relajarnos y dejar de sufrir.

 

Cuando la mente se ha rendido, porque como Vida que somos, se da cuenta de la propia fantasía, desaparece el falso yo, quedando únicamente Vida, vida siendo Vida, nadie que tenga una vida, nadie que tenga que luchar o competir para poder vivir en paz o feliz.

 

Vivir es muy fácil si te atreves a ser bastante absurdo, si no haces ni caso a lo que te ha vendido ese tal mundo dual y caótico al que tanto has creído y al que tanto has amado. Si sigues al corazón del Ser, a tu sabiduría innata siempre presente, incluso de la muerte te vas a reír. La alegría infinita está siempre encarnada en ti, no busques sucedáneos ni recetas mágicas porque te la perderás. Descúbrete y empieza a vivir esa aventura, sin más. Observa ese espacio vasto de la Consciencia sin temor. Ni del miedo debes temer cuando lo veas venir, simplemente observa como viene, como se mueve y como se va, porque tú sigues ahí, siempre ahí. A ti, nadie te moverá, ni la muerte puede acabar contigo, nada puede dañar tu verdadera naturaleza. La Felicidad sin causa y el paraíso eterno eres tú, no lo busques fuera de ti, en otro lugar o en el más allá, en nada fuera de ti, porque te lo perderás todo. Sé egoísta a los ojos del mundo que prefiere soñar a vivir, que prefiere sufrir y hacer sufrir a ser feliz, pero sabiendo que todo es un asunto de amor y de verdad con la existencia humana, que todo, ¡todo! es la Vida.

 

Tu derecho innato es recuperar la paz y la felicidad sin causa, eso no te lo puede impedir nadie, ¡nadie!, es lo más sagrado que has venido a hacer en esta vida, porque sólo así puedes amar al mundo cuando se mueva dentro de ti. El mundo exterior sólo existe en la Consciencia, no des tanta importancia ni tanta seriedad a lo que no es, al sueño hipnótico de la humanidad, y ábrete a la maravilla eterna de lo que es.

 

Feliz reencuentro con tu verdadero Ser, siente tu verdadero hogar cuando la Presencia sea constante, recibe la paz y recibe la bendición eterna, recibe ese abrazo de amor eterno, pues esa inmensidad que tanto has buscado fuera de ti, esa felicidad plena, esa maravillosa luz, jamás se ha movido de ahí, siempre ha estado ahí, porque eres tú. 

 

De la Nada que yo soy a la Nada que tú eres. Gracias por ser como eres, no cambies nunca, eres perfecto y divino en tu totalidad, el aparente cambio sucede sin prisas. Gracias por permanecer ahí. A pesar de nuestra impermanencia y de nuestros supuestos errores, manías o fallos, "tú mundo" ha ayudado a salvar y a despertar a "mi mundo" porque en realidad el mundo exterior no es ni mio ni tuyo, es de nadie, es el mundo interior lo único que hemos venido a salvar y ayudar. Todo lo que ha aparecido y ha desaparecido en la Consciencia me ha hecho ver la perfección de la Vida, y comprender que sólo hay lo que Es, Unidad. No nos sucede nunca nada en la Presencia. Nuestro verdadero hogar no es el cuerpo, ni tampoco somos un puñado de pensamientos, un nombre, un personaje, un mundo o una historia. Todo es un asunto de Amor absoluto con la existencia humana, todo es la divina Luz eterna de la Vida.  

 

anna