Todo está mucho más allá de las palabras.

Los pronombres “yo” “tu” “el” “mío” “tuyo” “suyo” “nosotros” “vosotros”, son el fundamento de toda ignorancia y de toda arrogancia humana. Las palabras “pasado” “presente” “futuro”, “ayer” “hoy” “mañana” “allí” “aquí” “allá” o “más allá” intentan demostrar lo indemostrable, pero jamás pasan del intento.  Construimos la razón humana con bases ignorantes, y es perverso creer que la razón, que sólo se sustenta de conceptos aprendidos, de palabras no nacidas de la raíz del Ser, o de esa extraordinaria quietud, nos haga creer o suponer que somos suficientemente inteligentes como para solventar los problemas de esa humanidad, o que somos suficientemente sabios para enseñar a vivir a los niños con plenitud y paz interior.

 

Cuando yo uso palabras aprendidas, con tono arrogante, con tono de "que me vas a decir tu a mi", más vale que revise lo que me estoy contando primero a mi, porque los conceptos o palabras no nacidas de esa extraordinaria quietud, únicamente sirven para manipular o controlar,  para permanecer con la falsa idea de que somos personajes inteligentes o sabios, y las que surgen de la Nada o de la raíz del Ser, únicamente sirven para evidenciar ese juego magistral e inteligente al que jugamos todos del auto engaño, de división y separación. La cuestión es que ninguna palabra puede construir o destruir lo que ya está realizado. Esa es la cuestión. Todo es de nadie y para nadie.

 

La metáfora sólo es “mi” metáfora, si no voy más allá de ella, creeré que la Vida es injusta, maligna o perversa, seguiré sin ver que las palabras tan sólo apuntan hacia lo que Es, y que todas ellas, únicamente, nos sirven de indicadores. Aunque las palabras aparentemente influyan para bien o para mal, no tienen ni el más mínimo poder sobre la Vida, sobre lo que en verdad somos. La Vida es cuestión de lucidez, no de comprensión, de conceptos, manipulación o poder.

 

La sabiduría innata va más allá de las palabras, ya que por más filosóficas o sagradas que nos parezcan algunas palabras, son más de lo mismo, sólo son palabras, un intento conceptualista que nos aleja ¡siempre! de la verdad, de LoQueEs. Admitir la propia ceguera, arrogancia o ignorancia es lo más maravilloso que se puede hacer en la Vida. A partir de ahí, se abre un mundo muevo, una lucidez extraordinaria, ya no hay que mentirle a un niño con bases ignorantes, porque mientras haya en el mundo niños mal tratados, abandonados, desterrados, engañados o desprotegidos, no deberíamos atrevernos a decir que hemos evolucionado en Consciencia humana, ni en nada. Si no salimos del pobre concepto amor, que no tiene nada que ver con el Amor absoluto del Ser siempre presente, creeremos que el amor debe cultivarse, enseñarlo o aprenderlo. El Amor absoluto no excluye, incluye siempre, es todo lo conocido y todo lo desconocido.

 

Cuando a un niño se le enseña que una flor se llama flor, ya no volverá a ver la flor tal como es,  nunca más, la verá a través del concepto  Hay que enseñarle a explorar, a observar a esa flor más allá de las palabras, hasta que pueda sentirla, olerla y verla tal como se le manifiesta en el sí mismo. Y cuando a un niño se le dice: tú eres un nombre propio o un pronombre, debes actuar así o asa porque estás separado de la madre, del padre, de mí y de todo, perderá de vista la Vida y la alegría infinita que ya habita en su interior. Hay que explorar en la naturaleza, hay que evidenciar la UNIDAD viviente en el sí mismo, hay que ver la existencia sin tiempo, tal como Es, por supuesto, porque  todo está mucho más allá de los conceptos aprendidos. Un niño, se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sensaciones como algo separado del resto de cosas de la Vida que ya es, es una especie de ilusión óptica de su consciencia, y esa ilusión o ese sueño hipnótico es la propia prisión.

 

Hay que perderse uno mismo y observar la naturaleza, sin juicios o prejuicios, verla tal como es, hasta que se revele la verdad en el sí mismo para poder expresar o comunicar, a través del Silencio, a la sabiduría innata inherente a todos, puesto que cada uno debe descubrir su totalidad dentro de esa extraordinaria quietud. Ningún personaje puede hacer nada para deshacerse de su propia ilusión, únicamente rendirse y aceptar la propia invitación siempre presente. Ante todo, debemos reconocer el auto engaño, ver que como personajes soñados no sabemos nada de nada de esa extraordinaria inmensidad, y mucho menos si no pasamos de las palabras aprendidos, del boca en boca, de lo que nos han dicho o del que dirán. Hay que ser nada para poder recuperar la integridad dentro de esa totalidad.

 

La Vida, todo lo que Es y todo lo que no es, está mucho más allá de las palabras.

 

Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte o el Amor de la Vida, está aquí, siempre ahí, siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.

 

Duda de todo y de todos, menos de ti, porque tu eres Eso que tanto has andado buscando.