Resucitar en Vida es posible.

No conozco ninguna religión organizada de este mundo que no sea para la actividad dual humana, para mantener esa línea imaginaria del bien y del mal de ilusorios personajes, cada una dibujada distinta a todas las demás. Y es que la dualidad humana es fundamental para recuperar la integridad, la lucidez de la unidad viviente en cada ser. En cada religión está la esencia de la verdad, pero nadie posee la verdad, nadie puede enseñarla ni retenerla, nadie es más o es menos que nadie, nadie sabe más o sabe menos que nadie, nadie puede más o puede menos, nadie tiene más o menos libertades para ser lo que ya es, nadie deviene un iluminado. Todo en el universo, toda creación es la Unidad, y la experiencia ya es la iluminación. No conozco a ningún personaje religioso que predique en un púlpito, que rece o que implore: -aléjanos o aléjalos del mal, amén- que sea un iluminado, que tenga el don de la Presencia, que tenga la elección y el libre albedrío auto impuesto que cree tener, nadie está capacitado para poder salvar al mundo profundamente enfermo, dual o caótico, ni para ayudar a personajes a salirse de su propia película o ilusión, nadie de los que están en esas aparentes religiones organizadas es un iluminado, ni nadie de los que se autodenomine maestro iluminado es ajeno a la actividad dual humana del personaje por el cual se ha tomado, con lo cual esas mentes no pueden estar despiertas porque todo lo que se aleja de la Presencia es ilusorio, cualquier mente dual está a años luz de la Presencia, no puede considerarse libre en los aspectos más básicos y esenciales de la vida, sólo la Vida que es todo, absolutamente todo, que es tanto lo conocido como lo desconocido, está liberada, despierta e iluminada. Sin la contribución de las religiones, seguramente todos nuestros actos se verían privados de fundamento moral, y como consecuencia la vida humana sería como aquel bosque salvaje o aquella jungla caótica de la que procede toda mente dual, una absurda incoherencia desordenada. No olvidemos que el ser humano es violento y salvaje por naturaleza, todos sabemos su procedencia, unos más y otros menos, pero todos intuimos los orígenes de esa mente humana, tarde o temprano todos podemos evidenciar que proviene del auto engaño, siempre está a años luz de la verdad. Tampoco olvidemos que nada ha podido hacerse diferente, nada ha podido ser de otra manera, ni nada debe o puede suceder sin la intervención de esa única inteligencia que nos conduce a todos a la vez, que nos impulsa a ser lo que ya somos a cada instante, siempre vivo y siempre presente, nada podría ser tal como Es sin el Poder Superior que nos creó. Cuando más imploremos que se nos aleje de la ilusión del mal, más lo veremos multiplicada por mil.

 

Nada ni nadie puede influir, ni para bien ni para mal, para erradicar la violencia del hombre y sus raíces salvajes o primitivas, puesto que no pueden ni deben ser distintas a como son ¿Cómo podría yo, con un diminuto punto de vista dual, con esa línea imaginaria de la ilusión del bien y del mal, implantada por mi misma por todo lo que me creí, distinta a todas las demás, siempre alejada de la Luz de la Presencia, influir en el mundo? Simplemente puedo influir considerablemente en el mundo que yo veo e imagino, si empiezo y termino por mí, si admito la propia violencia, la propia ceguera, la propia sordera e ignorancia, si veo con absoluta lucidez que todo aquello que digo a los demás me lo estoy contando a mi, si veo que todo aquello que no soporto del mundo exterior o de los demás, aparece y desaparece en mí, todo es para que observe algo más grande y maravilloso, para que vea lo que no soy.  Si dejo de llevar una vida caótica, competitiva, salvaje, con ambiciones personales, con envidias y rencores, enciendo un pequeño fuego, el fuego de la verdad que habita en mi interior, que destruye todas esas falsas verdades que el mundo me contó y que yo me creí para el falso personaje que quiere sentirse atado al mundo, destruyo todo lo falso, hasta convertirse en una gran hoguera que purifica, cada día, todo aquello que me aleja de la Presencia, todo aquello que me esclaviza y que impide que yo pueda mantener una vida placentera, más amorosa, más ordenada, más saludable, más libre, apacible, feliz y relajada.

 

Simplemente puedo influir considerablemente en el mundo si ya no soy violenta conmigo misma, si amo la Vida tal como me sucede, tal como se me presenta, tal como la experimento en esa intimidad sagrada, entonces es cuando descubres que la mejor religión del mundo es creer ciegamente en la Vida que se experimenta a sí misma, es CONFIAR profundamente en la Unidad viviente en el sí mismo. La mejor ayuda es dejar de ayudar a ilusorios personajes. La mejor política es dejar el mundo en paz, en manos de su creador, y la mejor oración es: Vida, hazme nada, para que pueda serte fiel, para que pueda recuperar el auténtico amor y la lucidez, el don de la Presencia, desde donde todo fluye plácidamente, sin violencia, sin esfuerzo, sin prisas, sin pausas y sin temor.    

 

Todas las aparentes acciones horribles que vemos en los telediarios, o las desgracias del boca en boca que nos contamos, aparentemente se están perpetrando en el mundo para que veamos algo más, todas, absolutamente todas, son a consecuencia de la propia ceguera, de la propia violencia o maldad camuflada de bondad, por supuesto no reconocida en el sí mismo. Hay bastante maldad no reconocida en todas las manifestaciones de la bondad, todas son a consecuencia de la dualidad humana no trascendida, es la propia historia personal sin aceptar, para mantenernos atados a un mundo profundamente necio y enfermo. No asumirse ni amarse tal como uno es, íntimamente y profundamente, tanto en lo bueno como en lo malo, tanto en la salud como en la enfermedad, tanto en los éxitos como en los fracasos, tanto en lo negativo como en lo positivo, tanto en la bondad como en la maldad, genera violencia, odio y rencor, va sumando resentimiento colectivo humano, va sumando enfermedad y locura. La dualidad sirve para recuperar la integridad, y sólo puede producirse de manera personal e intransferible en el sí mismo cuando hay rendición, cuando uno deja de buscarse fuera de sí.  No podemos hacer nada para mejorar e impedir el drama eterno de la humanidad, es la rueda eterna de siempre, cada ser humano se separa de la fuente, olvida su auténtica naturaleza original, siente un vacío, el anhelo de regresar a la plenitud del hogar, por eso se busca hasta encontrarse, o no, pero se busca en las cosas, en lo más complicado, en lo más superfluo o superficial, en lo más necio y material, en lo que nos dicen, en lo que nos han dicho o el que dirán, en los libros, en las políticas, en las religiones organizadas, en las novelas o novenas, en los telediarios o en los ídolos, y precisamente lo más puro, lo más divino y sagrado, lo más hermoso de la Vida se encuentra en la sencillez, en lo simple, en lo natural y en la inmediatez, cuando uno deja de buscar.

 

Todo es para el despertar de la Consciencia humana, todo es para liberarse de la propia falsedad o fantasía, hasta poder borrar, de manera permanente, la línea imaginaria del bien y del mal que nos separa de la Presencia. Los demás y el mundo aparente, es la película que llamamos “el mundo y yo”; en realidad, no existen los demás separados del yo, todo es la misma energía, todo es lo mismo que yo soy. Podrías decir: -no puedo hacer nada, y seguramente es así, pero a todos se nos da la misma invitación siempre presente para verlo; siempre estamos asentados en la propia invitación para descubrir que ya estamos en la gracia permanente, que ya somos el paraíso, todo es para evidenciar lo que no somos y para recordar lo que en verdad somos. Absolutamente todos, todos sin excepción, tenemos las mismas oportunidades, las de vernos y reconocernos a través de la experiencia, a través de los demás, a través de todo, porque cada uno es el Uno. Podemos ver como juzgamos, como prejuzgamos la Vida, como castigamos la conducta o la manera de ser de los demás, sin ver lo que nos contamos, sin evidenciar que todo nos lo contamos a nosotros mismos; podemos ver como no podemos soportar lo que sentimos cuando nos reflejamos en la violencia, en el caos, en la guerra o en la maldad, como seguimos sin ver la propia ignorancia y como hemos olvidado que nada está separado de nada,  como no soportamos ver lo que nos sucede a nosotros mismos en esa intimidad.  Si aceptas la invitación de dejar de buscar fuera de ti, estás a un paso de la rendición del falso yo, del falso personaje por el cual te has tomado, lo que te somete a la esclavitud, puesto que tienes la oportunidad de oro de que la Vida que tú Eres, siempre Presente, tome el control de esa mente y trascienda la falsedad, únicamente, estando conectado a la maravilla eterna de lo que Es. La realidad, lo obvio, es lo único que acaba con todo lo dual, caduco, patriarcal, arcaico, superficial, anticuado o ausente, sólo así te liberas de siglos y siglos de sufrimiento humano, pasas de la jungla salvaje o del infierno caótico de ese personaje que has inventado para mantenerse atado al mundo dual, al paraíso eterno de la Presencia Consciente de sí misma, a la Unidad del Ser viviente en ti. Tal como lo vemos en el Universo, la Vida se vive así, sin prisas y sin pausas, todo sucede sin esfuerzo y a la perfección.

 

Puedes recuperar la visión lúcida para evidenciar la auténtica naturaleza. Puedes ver lo fácil que es vivir sin sufrir, pues es tu derecho innato verlo. No debe morir el cuerpo para poder resucitar en vida, es posible resucitar, claro que sí, sobre todo cuando te rindes y te entregas al Ser absoluto siempre presente. Rendirse, precisamente, es madurar, es crecer en Consciencia, es recuperar la más pura inocencia, es respetar la vida de los demás ante todo, para que todo pueda descansar en la Paz absoluta del Ser siempre presente, es hacerse digno de La vida justa, pacífica, amorosa y alegre, lo que todos en verdad somos y buscamos, pero no lo encontraremos en el más allá, y mucho menos meditando, cantando o rezando para mantener vivo el ilusorio personaje, ni implorando a dioses inventados para que se nos aleje de la ilusión del mal. Si no dejamos de buscar algo más maravilloso que este instante vivo siempre presente, no podemos evidenciar que todo cuanto buscamos siempre lo hemos tenido, todo ha estado ahí, siempre ahí, desde siempre y para siempre todo está en la Presencia Consciente de sí misma.

 

La Vida se vive de un modo íntimo y pleno, es como mejor suceden las cosas, como mejor podemos permitir que la existencia sea, y como mejor se disfruta del paraíso, de lo que en verdad somos. Descansa en la Presencia, permite que la observación plena te suceda, ábrete a la lucidez y a la aventura del no saber; déjate abrazar por la Unidad o por el Ser Supremo silencioso y sabio, siempre presente, siempre ahí, siempre en ti.

 

Cuando lo veas con total lucidez, te darás cuenta que nuestra función no es tener ni retener cosas, más y más cosas, y mucho menos tener sin agradecer nada, ni tampoco es vivir apegados a un falso sentimiento de poder o de propiedad para poder seguir atados a ese tal mundo imaginado, profundamente necio, enfermo y dual, nuestra función es Ser, puro Ser, vivir plácidamente felices, sin absurdos miedos inmaduros, es vivir y morir sin morir, enamorados de la Vida como el primer día.

 

Somos una existencia que ha olvidado que es existencia, la sensación de yo soy una persona que controla, juzga y dirige al cuerpo, a los demás, a ese tal mundo, a la vida, la historia y el tiempo, es un sueño hipnótico, un sueño caótico de luz y amor, un auto engaño como una catedral, un sueño para poder regresar al hogar, al auténtico Ser siempre presente, a la viveza más pura de este instante siempre vivo. Yo Soy la Vida que ya fluye plácidamente, que ya sucede felizmente, que ya está despierta, que es divina, santa y sagrada allá donde yo esté y allá donde yo vaya, suceda lo que suceda. Jamás puedo dar un solo paso sin esa Presencia. Esa es la auténtica humildad, ver que todo sucede con un ritmo de extraordinaria belleza, puesto que todo, absolutamente todo, desde el más diminuto detalle material hasta el máximo cosmos Universal es lo mismo que yo soy. Lo Que Es es inalcanzable, indefinible, Eso la mente humana no lo puede comprender, no se puede enseñar ni aprender, ya Es. Aquí se está recordando algo que todos, en el fondo, ya sabemos, ya intuimos. En realidad, no nos sucede nunca nada, somos seres de luz atemporales, siempre estamos presentes contemplando la propia manifestación, jamás ha habido un personaje dentro del cuerpo, nadie que decida, nadie que controle, nadie que sea un iluminado, todo es aparente, menos la Presencia que ya es consiente de sí misma, Eso es lo que en verdad somos.

 

Resucitar en vida sucede cuando desaparece esa broma cósmica, de proporciones exageradas, que nos gastamos a nosotros mismos, por supuesto cuando vemos de que va esa película rosada de príncipes y princesas, de cielos e infiernos, de buenos y malos que nos contamos y que aparentemente nos separa o nos divide, llamada "mi vida o el mundo y yo" que únicamente nos sirve para poder acabar con la absurda dualidad humana, con la fantasía del propio drama, con ese sueño hipnótico de luz y amor que aparentemente nos separa del verdadero hogar.  Todo es perfecto, divino, sagrado y adecuado en la Presencia, no ha habido error, no lo hay, ni jamás lo habrá. Todo está profundamente aceptado, perdonado y redimido en ese lugar, en ese vasto espacio silencioso de la Consciencia de Unidad. Cuando muere un cuerpo no muere nadie, ¿que es lo que va a morir? ¿un nombre, un personaje soñado por la Vida, un relato caótico, una historia ilusoria y personal que sólo existe en la cabeza, unos conceptos para inventar tiempo e historia una y otra vez? La Luz de la Presencia es atemporal e impersonal, ni nace ni muere, ni viene ni va, ese silencio eterno, esa extraordinaria quietud, esa sabiduría infinita o esa alegría encarnada, es la única constante que hay. Eso que ya es, esa Vida inmortal siempre presente es lo que tú Eres. El personaje por el cual te has tomado es tu ilusión. Ábrete a la Vida, hasta que lo falso o lo dual se desvanezca, fluye, sé, porque al final lo aplaudes todo, absolutamente todo.

 

Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte o el Amor de la Vida, está aquí, siempre ahí, siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.

 

Duda de todo y de todos, menos de ti, porque tu eres Eso que tanto has andado buscando.