Todo es un asunto de amor con la existencia.

Todo es un asunto de amor con la existencia.

 

Lo peor que te puede pasar en la Vida, es creer que la existencia se equivoca o que se trata de algo personal.

La idea de creerte una persona, es la que te hace suponer: - a mi no me puede suceder lo que me está sucediendo, o la culpa de mis males la tienen los demás- y eso es lo que nos reafirma en la necedad, día sí y día también, ese es el peor de los males de la humanidad. Hasta que uno no ve con lucidez o no acepta profundamente que la existencia es algo impersonal, se dará golpes con la cabeza contra la misma pared, la pared de la arrogancia, de la estupidez o de la necedad humana.  Somos necios porque hemos aprendido de un mundo necio, pero nadie es culpable de su necedad, simplemente nos sirve para ver más allá de ella. Hay personas que les sucede el despertar y la liberación de la mente, pero no hay ninguna regla fija para nadie, porque cada uno es el Uno que, de manera personal e intransferible, debe darse cuenta de la impersonalidad de la Vida. Hay gente que lo intenta, pero no permite que la Vida sea tal como Es, se instala en lo que llamaríamos “la caja de cristal”. Pueden ser personas impasibles y serenas, pero su serenidad se transforma en algo personal, siguen sin ver la unidad, siguen caminando atados a ese tal mundo ciego, sordo y dual, al que depositamos nuestra confianza, al que mantenemos vivo en esa caja de cristal llamada yo soy alguien, siguen sin ver que algún día, el Uno que son, como a todos, puede romperla en mil pedazos. Cuando la Vida pulveriza esa caja de cristal o la hace micas, solo queda el Amor absoluto, que no tiene nada que ver con nuestro pobre y ridículo concepto amor.

 

El reto es amar incondicionalmente esas manifestaciones que aparentemente sólo aportan dificultades en el sí mismo, pero no estás obligado a amar así, incondicionalmente, porque aquí, siempre aquí, no hay nadie que pueda aceptar nada por voluntad propia, no hay nadie que tenga el libre albedrío que cree tener para amar así. Sólo es algo que sucede, y lo único que podemos hacer es estar abiertos a que nos suceda el Amor Absoluto del Ser y la lucidez.

 

A la gran mayoría de artistas, por ejemplo, les sucede la lucidez cuando están absortos en sus creaciones, la Vida les sucede más allá del cuerpo y de la mente personal, se funden con el Ser, pero lo difícil para muchos de esos supuestos artistas es manejarse en el mundo cotidiano, manteniéndose con la lucidez impersonal de la Vida, que es el modo natural de ver o de observar la existencia. La manifestación de la naturaleza ya nos lo enseña, todo es impersonal, todo sucede sin historias personales o familiares. 

 

Lo más importante de todo para empezar a liberarse de la mente necia, si aparece la observación, es observar que lo que hay es resistencia a la Vida, miedo a vivir felizmente, miedo a la muerte del personaje ilusorio que uno mismo ha inventado para sentirse atado al mundo, o para moverse por la vida dual, caótica y sufridora, con la cotidiano. La resistencia es el Uno resistiéndose a regresar a la Presencia. No te opongas a nada, porque aquí, siempre en el aquí, siempre en el ahora, no hay nadie que pueda hacer nada al respecto, hasta que no nos sucede la lucidez. Simplemente puedes aceptar profundamente lo que ya Es.  Si hay resistencia, acepta profundamente la resistencia a la Vida, acepta que te resistes a vivir en paz y feliz.

 

Esa es la tragedia, venimos a gozar del paraíso, de lo que somos, y nos perdemos el paraíso con el olvido mismo de lo que somos, con resistencias inútiles que nos impiden ver que sólo hay Unidad. Ese es el juego inteligente al que jugamos todos, un juego magistral que ha sido creado por la Unidad, por el Uno que cada uno Es. Lo único que sucede es que la Unidad se resiste a su auto conocimiento y a su auto descubrimiento. En ti, no hay dos, ni tampoco hay un mundo exterior separado de un mundo interior. Hay una única conciencia, una única Presencia, una única inteligencia, una única  vida. Nadie tiene una vida por la que luchar o sufrir, la Vida, más allá de la mente, ya nos sucede felizmente, es lo que somos. Aquello a lo que nos dedicamos por fuera, es lo que debemos descubrir que nos sucede por dentro. Por ejemplo, si la Vida o el Uno que tú Eres te ha dado la profesión de policía, todo el orden, las disciplinas y las leyes que hace cumplir un policía a los demás, también debería ser aplicado en el sí mismo, ese policía creado por la mente, debe acabar poniendo orden y disciplina en el sí mismo, aplicando las leyes universales, que no son otras que las de amar incondicional todo lo que ya nos sucede en el interior, respetando a los demás. Lo mismo sucede con un barrendero que está limpiando las calles de un aparente mundo cotidiano, debería acabar barriendo toda la porquería que le haya podido quedar estancada por la información heredada sobre el bien y el mal que ha retenido en su mente personal. Así es el juego, todo aquello que hago para los demás, me lo estoy haciendo a mí.  Además, cada uno de nosotros somos la Unidad, somos tanto el barrendero que ha venido a limpiar la porquería interior, como el policía que ha venido a implantar disciplina y orden en el interior. Cada uno es la Nada que lo impulsa todo.  No hay nada personal, todo es la impersonalidad de la Vida, todo es un asunto de amor con la existencia.

 

No podemos recuperar la felicidad sin causa hasta que no recuperamos la lucidez, o hasta que no vemos con claridad que ya somos el Amor Absoluto del Ser.  Todo está mucho más allá de la mente personal.  Los niños estudiantes, estudian la manera de poder vivir felices en este mundo profundamente necio y enfermo, un mundo que inventa y reinventa personajes de ficción, todos los días, para seguir perpetuando el drama y la tragedia de la humanidad, esa es la rueda eterna, ese es el gran drama eterno. Mientras demos más prioridad a las cosas, a los valores materiales, a los sueños hipnóticos, a los personajes de ficción, mucho más que a los valores internos, mucho más que lo que ya nos sucede, jamás conseguiremos ser independientes, maduros y felices. Así es la Vida.  Lo cierto es que no hay ninguna regla fija o manera correcta de vivir la Vida, puesto que no tiene ningún sentido o propósito,tampoco se labra ningún destino, siempre está presente, esa es su extraordinaria belleza, ese es el Arte del movimiento constante e impersonal. Cada uno pinta su línea imaginaria del bien y del mal, a su manera, totalmente distinta a todas las demás,  y sólo la Vida puede borrarla, cuando une ambas energías, el bien y el mal, positiva-negativa, en una sola, ninguna persona, tampoco yo, está capacitada para trascender la ilusión personal de nadie, porque no hay nunca nadie, sólo hay Vida sucediendo. Sólo podemos arrodillarnos para implorar lucidez, nada más. El mal está en imaginar que la vida es un mal, puesto que todavía hoy, la inmensa mayoría de personajes ilusorios sólo se arrodillan para implorar más gilipollez, más ilusión, no lucidez. Todo lo que yo estoy contando a los demás, me lo estoy contando y recordando a mi misma, siempre ha sido así, siempre soy lo que ya Es. Aquí hay la nada hablando a la Nada que cada uno es.

 

El Amor Absoluto siempre está presente, no lo encontraremos en otro lugar, ni en nadie más, siempre le sucede a Uno, siempre está aquí, siempre está presente, y lo más extraordinario de todo, es que ese AMOR es inocente, es puro, incondicional y neutral, lo ama todo, absolutamente todo, sin excluir nada, sin rechazar a nadie. No somos culpables de nuestra necedad humana, somos inocentes, somos Luz y Amor. La existencia es sin tiempo, totalmente impersonal; el personaje que imaginamos ser crea el tiempo para mantenerse en su ilusión personal. Sólo podemos cruzar nuestras tinieblas ilusorias, reconociendo profundamente que hay tinieblas de iluso en nuestro interior. Todo es el Uno. Todo es la Vida moviéndose con un ritmo de extraordinaria belleza.

 

No somos simples olas, somos el océano entero que impulsa, acoge y ama todas sus olas. Somos Presencia, Luz que ya es Consciente de sí misma, no personajes de ficción.

 

El despertar es darse cuenta que ese sueño hipnótico del bien y del mal no nos sirve de nada, absolutamente de nada, es la desaparición del personaje de ficción, quedando únicamente la maravilla eterna de lo que Es. En la Presencia, lo que somos, se ha fundido con el Amor.

 

Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte o el Amor de la Vida, está aquí, siempre ahí, siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.

 

Duda de todo y de todos, menos de ti, porque tu eres Eso que tanto has andado buscando.