Sé fiel a tu corazón.

Imagino que habrás escuchado alguna vez la siguiente frase: El corazón tiene razones que la razón no entiende ni entenderá jamás. No seas fiel a la razón para poder serle fiel al corazón del Ser, pues durante siglos y siglos, la razón ignorante ha querido gobernar, y, por desgracia, poco o mucho, todos podemos ver lo que ha conseguido, aumentar el drama enfermizo de la humanidad, a más no poder.  Quien se sienta adaptado a una sociedad profundamente necia y enferma, es que su razón está cómoda con su enfermiza necedad, se siente muy cómoda queriendo gobernar al corazón, seguramente lo tiene aniquilado, sólo para poder complacer a esta sociedad, para seguir esclavo del drama mundial de siempre, el de sentirse importante. El corazón no tiene necesidad de sentirse importante, le cede el trono a la razón inmadura, hasta que se encuentre con la tesitura, o no, de implorar, como un niño, el abrazo eterno y profundo del corazón del Ser siempre presente.

 

El corazón se ha encontrado siempre con la misma piedra, que la razón inmadura le quiere gobernar, así es imposible el matrimonio de ambas energías, la positiva y la negativa, tan imprescindibles ambas polaridades para poder caminar con facilidad, sin miedo, felizmente y lucidamente en la Presencia absoluta del Ser. El corazón es inocente, es puro, es amor por encima de todas las cosas, es silencioso, está permanentemente conectado a la fuente, lo llamaríamos nuestra auténtica naturaleza, nuestra auténtica sensibilidad y nuestra sabiduría innata, que no tiene nada que ver con el pobre concepto amor que hemos inventado, ni con la sensiblería o con dar pena. La razón, por su parte, lo analiza todo, es conceptualista y ruidosa, y si no ha madurado sigue con el copiar y pegar, con los pobres conceptos heredados y aprendidos. Si a esa razón no se la ha liberado de lo superfluo o artificial, de lo que le han dicho y se ha creído, si la experiencia no le ha servido para ir a la raíz del Ser y poder razonar con Luz propia, se convierte en víctima o en verdugo.  Cuanto más nos identificamos sólo con la razón inmadura, más víctimas de la Vida nos sentimos, más deprimidos o más enfermos, puesto que la ignorancia al poder tiene pavor al corazón del Ser, y por supuesto a la vida y a la muerte. La razón de esta sociedad profundamente enferma está divorciada y alejada completamente del corazón del Ser, desde hace siglos, y no hay manera que las personas lo podamos solucionar, puesto que no tiene solución mientras persista la idea o la creencia falsa de que somos personas, esa simple idea ya es fruto de una razón necia y profundamente ignorante. ¡Somos la Vida! Ya estamos completos. Precisamente, nuestra dualidad no asumida ni trascendida, es el divorcio de ambas energías, es fruto de todo trastorno mental y de toda enfermedad.

 

Pensamos que encontramos en la pareja ideal, el complemento perfecto para la fusión de ambas energías, pero si la creencia falsa de ser personas sigue vigente en ambos, es imposible que la relación fluya felizmente, sin miedo  y con total lucidez, siempre se le señalará al otro de aquello que no queremos ver en nosotros, porque siempre nos dejaremos guiar por la razón inmadura, por la creencia falsa de que no estamos completos, creamos la necesidad infantil o necia de que la pareja ideal debe procurar nuestra felicidad. El miedo a la vida que conlleva no sabernos en la unidad del Ser, hace que busquemos en el reflejo o en la pareja lo que, en el fondo, ya tenemos. Lo que sentimos, sea bueno o sea malo, no lo sentiríamos sin el Amor que habita en el Ser, pero le atribuimos el mérito o la culpa a la pareja, nada sentiríamos si no fuésemos Amor, y nada comprenderíamos si no fuésemos Luz.

 

Lamentablemente, cuando las cosas empeoran o se complican en una relación, al corazón lo solemos dejar apartado como se ha venido haciendo a lo largo de los siglos, puesto que es la razón inmadura la que te mantiene en el pánico o en el pavor a la Vida, constantemente quiere gobernar al corazón, tal como se ha venido heredando de generación en generación. La mayoría de veces, las relaciones, no nos sirven para vernos a través del otro.

 

Son las mismas mujeres gobernadas por la razón inmadura las que crían hijos víctimas de la Vida o verdugos al poder, son muchísimo más machistas las mujeres que no hayan trascendido la dualidad, mucho más que los hombres, de ahí que vean en el hombre su propio reflejo y no lo quieran asumir. Durante siglos y siglos, las mujeres o las energías femeninas le han cedido el trono a la razón inmadura, a las energías masculinas, para sentirse sometidas a más no poder. Al corazón se le calla, no fuese que no nos sintiésemos queridos ni aplaudidos dentro de esa sociedad profundamente enferma, necia, ciega y sorda, que hace prevalecer a la razón inmadura para tener dormido al corazón.  Las energías femeninas, son tan reprimidas y tan poco conocidas todavía hoy, que nos quedamos tan anchos llamándolas el mal, el diablo o lucifer.  Así estamos todos, creyendo que somos medias naranjas, imaginando que los demás son los responsables o los culpables del mi mal estar, sin reconocer nunca nuestras proyecciones. Todo lo que nos sucede dentro de esta intimidad o dentro de ese Universo sagrado que cada uno es, no es culpa de nadie, puesto que nadie es el responsable de lo que Uno sienta, todo es la misma LUZ y el mismo Amor, la misma Existencia sucediéndonos espontáneamente, a todos, a la vez. 

 

Hasta que ambas energías no sean asumidas por igual, siempre caminaremos cojos, enfermos y sin lucidez. El corazón del Ser seguirá gritando silenciosamente y más fuerte que cualquier otra cosa del mundo: -hazme caso, no me aniquiles más, permite que te demuestre que el Amor es la energía más maravillosa, la que puede acabar con todo el drama indecente que tenemos metido en la cabeza.  Cuando la razón inmadura suplica al corazón del Ser siempre presente, ¡atiéndeme!, entonces hay auténtica rendición, ahí pueden ser vistas y atendidas ambas energías por igual, es de la única manera que pueden fusionarse en una sola, es la única forma de poder borrar la línea imaginaria del bien y del mal.  Nadie puede hacer nada en la intimidad o en el Universo de nadie, nadie puede ver, fisgar, aconsejar o manipular nada dentro de este vasto espacio interior de nadie, cada uno es el Uno, de ahí que la invitación sea única, íntima, personal e intransferible. La razón debe rendirse al corazón del Ser que está permanentemente conectado a la fuente, si queremos recuperar la integridad perdida, por supuesto.  El corazón es silencioso y siempre está presente, la razón es ruidosa y siempre está ausente. De ahí que el Amor del Ser, no lo comprendamos, porque son las energías femeninas reprimidas las que deben emerger a la Luz de la Presencia, para que la razón vaya adquiriendo lucidez.  En el infierno están todos aquellos que no se asumen tal como son, que quieren controlar lo que sienten. El fuego eterno de la verdad viviente, de la energía femenina, debe purificar todo lo que no es, todo aquello que más nos aleja de la Presencia o del corazón del Ser. El paraíso se recupera en el momento que nos fundimos con la Luz propia y con el Amor Puro del Ser siempre presente, y esto sucede cuando la razón se ha liberado de estupideces aprendidas para someter o controlar al corazón.

 

El Amor siempre vencerá, es la fuerza más magistral de todas, jamás ha sido al revés, la razón no puede comprender lo que no se puede comprender, además, el Amor es lo que más nos ayuda a recuperar la lucidez, a ver que el mal tan solo es una dulce y bendita ilusión.  Si en mi corazón hay LA SENSACIÓN SILENCIOSA de impotencia o rabia, de lo que sea, lo peor que puedo hacer es personalizarlo o conceptualizarlo como bueno o como malo, y engañarme para verme siendo todo lo contrario. La honestidad con uno mismo es lo que más nos acerca a esa dulce libertad que todos buscamos, y el auto engaño es lo peor de lo peor para las enfermedades y la hipocresía.

 

Aceptar la propia invitación, significa ser todo lo que Es, aceptarlo todo, sin tener que manipular al corazón del Ser siempre presente. Asumirnos de manera íntima y plena, sin que nadie ni nada externo deba ayudarnos, es conocer al auténtico Yo. ¡La Vida es sabia y magistral! jamás nos decepciona cuando la permitimos Ser tal como Es.

 

Tal  como ya ha dicho la Vida lúcida, a través de un ser humano que asumió la experiencia conscientemente en la Unidad: la razón crea las tinieblas y el corazón las cruza. 

 

Sé fiel al corazón del Ser, para serle fiel a aquello que Es. Deja de mantener fidelidad al padre de la mentira, al auto engaño, a una razón inmadura e indecente que lo único que pretende es hacerte esclavo de un mundo irreal.  La Vida es Vida allá donde estés, no hay vida allá donde no estés, no pretendas ser otra cosa que Vida, porque lo que harás si quieres gobernar o personalizar a la Vida lúcida, es lo mismo de siempre, sufrir y hacer sufrir, enfermar inútilmente, sentirte un inútil o un pobre de mi. Déjalo todo en manos del poder que creó al Universo, incluso a esa razón que no tiene ni luz propia ni poder, y ocúpate nada más y nada menos de agradecer la Vida tal como se te regala, tal como se te presenta cada día, tal como la sientes y se te manifiesta en esta intimidad sagrada, en el siempre aquí, en el siempre ahora. ¡Permite que el Amor acabe con toda falsedad humana! El Amor absoluto siempre está presente, puedes sentir su abrazo ahora mismo si te abandonas a Él, jamás ha estado ausente, jamás te ha abandonado y jamás contempla o abraza lo que ya está realizado. La razón inmadura está siempre ausente, personalizando, maquinando, controlando o manipulando al Ser. Permítete sentir el abrazo constante del Amor Incondicional de la Vida, lo demás ni debes preocuparte, lo que deba suceder sucederá igual, con o sin razón, con o sin rezos inútiles e inmaduros.  Ni debes comprender lo que no se puede comprender, simplemente sé, fluye, no permitas que la razón inmadura te domine, ¡Sé fiel al corazón! y eso te llevará a recuperar el don de ver, intuir y comprender lucidamente, a recuperar el paraíso eterno, puesto que ESO que Es, el paraíso, es lo que Eres. Siempre estás presente. La Vida es la única constante que hay, todo lo demás es un sueño de amor para cruzarlo con el corazón, todo es para el despertar de la Consciencia, para la realización del auténtico Yo.

Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte o el Amor de la Vida, está aquí, siempre aquí, siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.

 

 Puedes estar absolutamente seguro de que la Verdad nadie la tiene, ni nadie la puede enseñar, poseer o retener. Se revela a sí misma, constantemente.