¡Sálvese! ...más que quien pueda, quien se atreva o tenga valor.

 ¿Cómo acabar con el aparente drama eterno de la humanidad?

Primero de todo, hay que admitir que los conflictos del mundo exterior deben dejarse en manos del Poder Superior, y, después, decepcionarse de ese tal mundo caótico que nos vende de todo, menos respeto, integridad y verdad, porque ver eso ya es el auténtico regalo. Ya se ha visto, a lo largo de los aparentes siglos, que a ese tal mundo en el que vivimos no lo salva ni Dios, nadie de los que les ha sucedido la iluminación o han recuperado la lucidez, lo ha podido salvar, ese es el primer ejercicio de humildad, hay que reconocer que el único mundo del que uno debe salvarse es del que le sucede en el sí mismo. Debemos liberarnos de las propias fantasías, de las propias pájaras mentales o imaginaciones, de todo aquello que el mundo nos vende y que nosotros compramos con los ojos cerrados para seguir atados a la falsedad, no hay otra base tan fuerte como experimentar la Vida consciente, con la maravilla de lo que ya Es, nada ni nadie más nos puede salvar de esa sociedad caótica, profundamente enferma y tan indecente en la que vivimos. ¿Cómo hacerlo? Dejar de buscar algo mejor que lo que ya Es, dejar de rezar para que se nos dé una vida mejor a la que ya nos sucede. Punto y final. No hay más.

 

Perdimos nuestra integridad al cederle todo el poder al género, sobre todo al masculino que está ansioso de poder, éxito y fama, sin ver que la vida no es cosa de poder, sino de intuición y lucidez. Las mujeres ansiosas de poder y fama, son exactamente igual que los hombres, necesitan camuflar el auto-engaño, esa manera infantil de vivir y de ver la Vida.

 

Todavía hoy en día el aparente mundo en el que vivimos predomina el poder, las ansias de fama, el narcisismo, el machismo, lo arcaico, lo caduco, lo artificial y lo antinatural, pero por suerte ya son muchas las personas que lo han visto y se rinden al Ser siempre presente, cuando lo ven.   Da risa cuando lo ves, la inmensa mayoría creyéndose que ese tal mundo en el que vivimos le necesita. Evidentemente porque no se han dado cuenta que el día que muere ese organismo corporal o ese personaje de papel por el que nos hemos tomado, que puede ser dentro de cinco minutos o mañana mismo, muere un nadie, el mundo seguirá igual como siempre. Sin mí, el mundo sigue igual, nadie es imprescindible en este mundo, y, es una suerte verlo, pero la mejor suerte de todas es darse cuenta que no es el mundo el que me necesita, más bien soy yo quien le necesito para madurar o despertar. Tampoco soy yo que sucedo en este mundo, es el mundo el que sucede en la Consciencia que yo soy. Si esto es visto, simplemente cambia la percepción de las cosas, recuperamos la lucidez y dejamos el poder para quienes quieran seguir estrellándose con el sufrir y hacer sufrir, con el pobre de mí, con la estúpida idea del -yo puedo y yo sé lo que mejor le conviene al mundo. Sólo hay una única inteligencia que nos mueve a todos, a la vez, un único Dios o una única Vida, no hay múltiples. Todo es lo mismo.

 

Un mundo exterior, gobernado por un infantil sistema machista (sean hombre o mujeres que estén al poder) no nos puede ayudar ¡nunca! en la dualidad humana, todo lo contrario, nos ayuda a tropezar una y otra vez con la misma piedra, con la piedra de la arrogancia, con la misma ignorancia de siempre, y sobre todo con el auto-engaño: ver a los malos de la película allá afuera, creyendo que yo siempre he sido el bueno o el salvador del mundo, eso es seguir sin ver lo necesitados que estamos los unos y los otros de que la Vida nos salve o nos libere del drama. Curioso ¿verdad? Siempre tenemos mil razones para justificarnos o para salvaguardarnos de la propia ceguera e ignorancia, de la falsedad humana. La ignorancia es muy atrevida, jamás ha querido reconocer que la única mente que podemos observar, como la más falsa de todas, es la de uno mismo, jamás podremos entrar a curiosear en la mente de nadie más. Sobre todo, los hombres que sólo quieren fama, éxito y poder, tienen pavor cuando la feminidad piensa, porque saben que si se les ve el plumero se les acaba el drama o el chollo de negociar con la vida, se les acaba la mentira machista que se ofrecen ellos mismos. Todo este juego de la dualidad humana, al que juega la vida, sigue llamándose desde siempre y para siempre auto engaño. Ahí está el quid de la cuestión.

 

Las mujeres, por naturaleza, tienen un sexto sentido que jamás han podido tener tan desarrollado los hombres dentro de la dualidad humana, puesto que la experiencia de engendrar a un ser humano durante nueve meses, y el dolor del parto, los hombres sólo lo pueden imaginar. De ahí el conflicto externo entre hombre y mujeres, de ahí la envidia, la guerra de sexos, ese caos interno de las energías femeninas y masculinas, porque nadie quiere ocupar su lugar, el que realmente le corresponde.  El hombre, por más buen padre que sea, jamás tendrá esa conexión tan directa que puede tener, de manera natural, una mujer con su hijo, sin necesidad de hablar, ya que por más mala madre que aparezca ante la mirada imaginativa de ese supuesto padre, el sexto sentido o la intuición de una madre con su hijo, un padre por más bondadoso que sea, no lo puede tener jamás, y menos si se mueve con la dualidad  humana, si no asume la unidad en el sí mismo. Ahí empezó la imbecilidad humana, el caos eterno, la víctima o el verdugo que todos llevamos dentro, y por supuesto el miedo, la violencia y la envidia.

 

Aparentemente, sólo aparentemente, cuando el mundo dejó el matriarcado para convertirse en un patriarcado, el hombre se convirtió en el aparente salvador de la humanidad, en el protector de la mujer, por así decirlo, trató a la mujer y a la energía femenina, como un género, no como un ser humano o una igual, o como algo natural, además la calificó de sexo débil, de demonio o de maldad, pero sobre todo la necesitó como madre dependiente y consentidora.  El hombre siempre ha tenido pavor a reconocer su energía femenina en el sí mismo, prefiere rezar que llorar, prefiere someter o prostituir a la energía femenina, más que respetarla y amarla profundamente, convirtiendo este fenómeno de reconocer ambas energías en el sí mismo, que es lo más natural del mundo, en miedo, pavor, violencia, odio, resentimiento y machismo mundial, así está este aparente sistema, podrido de conflictos, rechazos, guerras de poder, y sin lucidez, inventando dioses, infiernos y demonios para no amar ni admitir a la energía femenina en el sí mismo. Nada de esas chorradas de un más allá,  demonios o infiernos, existe en la Presencia. El hombre para demostrar que es más poderoso, más fuerte o mejor ser humano que la mujer, al no poder reconocer que la mujer está preparada de forma natural para experimentar el milagro divino de la existencia humana en el sí mismo, algo muy hermoso de la vida, le arrebató a la mujer, a la energía femenina,  sus derechos de igualdad, para que la misma energía femenina le cediera el trono al poder racional o machista, hambriento de  lujuria y fama que todos llevamos dentro,  sin ver que ese falso poder no lo ha tenido nunca y nunca lo tendrá, ese es el truco infantil y necio de la mente humana. La dualidad nos sirve para evidenciar ese resentimiento acumulado en el sí mismo, todo el odio que uno siente ante la Vida, que por cierto es de nadie, es por no poder experimentar tanta belleza ni tanta alegría como ya intuimos que existe en el sí mismo, por eso la buscamos, pero tropezamos en las formas, con la misma piedra, buscamos al exterior lo que ya está en el sí mismo. De esa forma los hombres adoptan actitudes infantiles, prefieren jugar al fútbol o apostar en juegos de azar, antes que inclinarse ante la Vida, prefieren negociar con los cuerpos, con actitudes narcisistas,  radicales e inútiles ante tanta maravilla, inventan dioses y fabulan con metáforas, pero necesitan a las mujeres consentidoras para que el aparente poder, los aplausos, la conquista y el triunfo se pueda mantener, sobre todo necesitan madres adeptas al sufrimiento humano que engendren hombres dependientes del ese pobre poder infantil que para lo único que sirve es para ser el peor enemigo de uno mismo, para que se pueda seguir con el drama eterno de siempre, sintiéndose más valioso, más teatrales, o más grande que la energía femenina. Las mujeres que experimentan el milagro eterno de la vida, en silencio y mucho más allá de las palabras, también se apuntan al teatro de la Vida porque ven que nadie les entiende. Todavía hoy en día, hay mujeres que se somete a ese dictado estúpido, convirtiéndose en  ignorantes de la vida igual que los hombres, prefieren sufrir y hacer sufrir, sintiéndose poderosas si se hacen las víctimas o verdugos ante la mirada de sus hijos, con el rol de consentidoras o criadas eternas del machismo que llevan dentro, incluso ante los hijos ya creciditos, para que así se sientan unos pobres inútiles o indefensos, unos pobre de mí, por dentro y sin reconocerlo, todo por miedo a madurar, al que dirán. Los hombres necesitan a sus cómplices madres o mujeres dolorosas para que se les ayude a satisfacer sus ansias personales, camufladas de sensiblería, de falso amor y de falsa bondad. Cada uno, hombres y mujeres, adopta papeles de víctimas y de verdugos, de buenos y malos, se convierten en: -ay, pobre de mí, sin ti, hombre o padre poderoso y fuerte, o sin ti, mujer o madre dependiente, víctima y consentidora, no puedo existir- podría hacerse una extensa explicación. Nos creemos medias naranjas y buscamos la completud en el sexo opuesto, sin ver que ya somos completos.  Hay hombres que han nacido de mujeres que se han sentido tremendas víctimas de la vida, a más no poder, por eso buscan en sus parejas a esa madre perfecta idealizada que no encontraron en esa casa interior, a la que veneran en la cabeza como consentidora o sufridora, pero la siguen idealizando y, normalmente, lo que suelen encontrar es más de lo mismo, otro rostro con otro aspecto, tal vez más joven y más bello, pero por dentro será igual de consentidora, dependiente, resentida o agresiva pasiva ante la vida, para compensar a esa víctima de madre o padre que todos llevamos puestos en la consciencia, a esa feminidad o a esa masculinidad enfermiza y resentida que encontraron al nacer, a la que hay que rescatar en el sí mismo, sólo en el sí mismo, sin ayuda exterior. La mujer es generosa, por naturaleza, le cuesta muy poco dar y ofrecer, y el hombre es muy generoso en tomar y en recibir. La aparente dualidad exterior, es exactamente la misma que llevamos puesta en el interior, pero, obviamente, se invierten los papeles, los hombres que no se saben completos, no saben ni lo que buscan, y muy a la ligera ofrecen teorías baratas, desde una base tradicional, lógica o racional, por supuesta aprendida en casa, en  la universidad, en enseñanzas o tradiciones, un auténtico copiar y pegar,  y las mujeres que no se saben completas, tampoco saben lo que realmente buscan, la toman como cierto, pero, desde su experiencia, son más intuitivas y más lúcidas que los hombres hambrientos de poder y fama, pero callan, por el que dirán, por miedo a lo que puedan descubrir si se rinden,  por el pánico que les produce esa represalia del hombre machista y ansioso de poder que llevan dentro, ansioso del tener, tener y retener cosas, únicamente cosas, para el falso personaje de papel soñado por la Vida, por el cual todos nos hemos tomado. No busques inconscientemente a un maestro que te enseñe, a un padre que te ignore o a una pareja en un hombre, ni busques una madre que te guíe o te proteja, una amante que te consienta, o una pareja o amiga que te consuele en la mujer, encuentra la totalidad de la Vida que hay en él o en ella. 

 

Así es el drama eterno. En este mundo que imaginamos allá afuera, parece ser que sólo tienen cabida las víctimas de la vida, los pobres de mí, los verdugos, los gilipollas hambrientos de cosas, los papanatas disfrazados de cultos o salvadores de la humanidad, o los hambrientos de fama y poder, de ahí tanto circo, tanto hospital, tanto psicólogo y tanta investigación para intentar solucionar ese panorama caótico internacional que no tiene fin, que jamás nadie lo ha podido resolver. Por más descubrimientos que el hombre haga, todo ya está descubierto, la Vida nos da mil vueltas a todos.  Todo lo que nos sucede a cada uno es para ver más allá de la mente o del personaje soñado, y en lugar de decir sálvese quien pueda de esa profunda idiotez humana que consiste en:  hombres al poder y mujeres a fregar, a ser dependientes de los hombres, consentidoras, secretarias, prostitutas, servidoras y eternas hijas dolorosas de la gilipollez del pobre poder machista, ya es hora de decir:  sálvese quien se atreva o quien tenga valor para rendirse al Ser y madurar. Así es el drama eterno, vamos construyendo víctimas y verdugos de la vida, una y otra vez, hasta que con un poco de suerte alguien lo ve y se rinde al Ser, se atreve a ir más allá de la mente, se atreve a pensar por sí mismo, hasta recuperar la intuición y la lucidez que es a lo máximo que podemos aspirar como seres humanos. Ya no sirve de nada decir: -es que todo el mundo lo hace. ¿Dónde ves el mundo ahora mismo, siempre ahora mismo? En la cabeza o en la Consciencia. ¡Vaya fiasco de hombres y mujeres estamos construyendo todavía hoy, mujeres salvaos de los pobres hombres niños e infantiles que idealizan una vida rosada o que prefieren jugar a sentirse importantes, salvaos de falsos iluminados o de falsos salvadores de la humanidad, con ansias de aplausos, poder, éxito y fama!  y, hombres, salvaos de las mujeres dependientes, consentidoras, víctimas y verdugos de sí mismas, de esa feminidad imbécil que se siente cómoda sufriendo, comprando, muy generosamente, a un mundo profundamente necio, enfermo y dual, trabajando duro, eso sí, como las que más, para un patriarcado podrido, caduco, necio, inútil e infantil! A partir de ahí, uno piensa: -debe de haber algo más, por supuesto que sí, casar o unir ambas energías que le sucede a cada uno en el sí mismo. No hay ni que entablar relación con nadie para ver que esa integridad que buscamos al exterior, se produce en nuestro interior, sobre todo cuando nos rendimos al Ser para madurar, cuando dejamos de buscar la aprobación de papá y de mamá fuera de uno mismo, cuando dejamos de pedir ayudas y regresamos a la fuente de todas las cosas, a la humildad más profunda de la Presencia, para amarnos íntimamente tal como somos, y aceptar profundamente, tanto la energía positiva como la energía negativa que ya nos sucede, por igual. Todo lo que nos sucede en el sí mismo es el resultado de lo que idealizamos y soñamos para ese tal mundo caótico que vemos suceder dentro de la consciencia, un mundo dual, que es el resultado de nuestros pensamientos, de lo que cada ser humano construye en la cabeza.

 

El mundo exterior tan solo es una metáfora de lo que hay que acabar haciendo en el interior. No hay separación, ni división, no hay dos. Si no hay integridad en el ser humano, nadie le hará realmente feliz, sea hombre o sea mujer, ni todo el oro del mundo nos puede proporcionar lo que realmente anhelamos encontrar. La felicidad la encontramos con la realización del Yo, por supuesto que sí, pero sólo se consigue de un modo íntimo y pleno, dejando el mundo en paz, tal como está, en manos del Poder Superior que lo creó, no hay ni que rezar, tampoco hay que ayudar a nadie, tantas ayudas inútiles es desmerecer a la vida, es creer que no somos completos, es imaginar que somos más listos y más sabios que esa única inteligencia que hay, la ayuda es una imbecilidad como todas las demás de la mente dual humana, sean padres, madres, parejas, amigos, maestros o alumnos a los que imaginamos que hemos venido a ayudar,  o lo que sea, nadie que esté ya crecido necesita ayudas, ni nadie debería ayudar a nadie, la Vida ya sabe, ya sucede, ya Es, totalmente magistral e  impersonal. Realmente la lección es: sálvese quien se atreva o quien tenga valor para madurar y rendirse al Ser, el único Ser, el de todos,  ese es el que puede enfrentarse a ese panorama mundial que le sucede a cada uno en la consciencia, puesto que cada uno debe tener el valor que hay que tener, arrodillarse e implorar con auténtica humildad, la lucidez, no para seguir con la gilipollez del poder, lo que buscamos es poder vivir en paz y felices. Hay que ver con claridad  esa  especie de guerra de géneros, esa locura infantil en el sí mismo, esa inocentada que nos gastamos todos para tener y mantener un falso poder que jamás nadie tendrá. Esa gilipollez entre hombre y mujeres que a cada uno le sucede en el sí mismo,  es la Vida impulsándonos a todos a regresar al hogar, a la Presencia. Todo lo Es.

 

La Vida no es cosa de -pobre de mí- ni es cosa de penas, ni es cosa de víctimas o de verdugos, como tampoco es cosa de géneros, de mujeres y hombres hambrientos de éxito, aplausos, fama y admiración, y mucho menos es cosa de feminismo o machismo, lujuria o gilipollez,  a ver si nos enteramos de una vez por todas que es cosa de respeto, lucidez, integridad, igualdad y unidad. El Amor no excluye ¡nunca!, lo incluye todo. Desde el principio de los tiempos, sólo hay Unidad, la visión de la unidad.  Todo, absolutamente todo, es Eso que el hombre ha llamado Dios, que ya está en cada uno, que ya le sucede a cada uno, que ya es a cada instante. Quien insista en la dualidad humana que se entretenga en sufrir y en hacer sufrir, que se estrelle contra el muro de la propia ignorancia humana o en la pared de las  lamentaciones para seguir con la gilipollez, ¿qué le vamos hacer?! esa es la rueda eterna de la idiotez humana, preferimos rezar a llorar, preferimos enfermar y llenar los hospitales para no tener que mostrar integridad, preferimos no hablar con claridad cuando hay que hablar y preferimos prostituirnos a reconocer la propia ignorancia, preferimos el circo de ese fascinante espectáculo exterior al que llamamos mundo, a la verdad interior, nadie quiere ocupar su lugar, pero ya son tiempos de madurar o de despertar a la Vida; ¡ya son tiempos de no necesitar ni mamas ni papás toda la Vida, para que nos solucionen los problemas!  También son tiempos de construir hijos íntegros de la Vida, no hijos de papá o de mamá que idealizan una vida rosada, es momento de encontrar parejas íntegras, que piensen por ellas mismas, sin echar balones fuera, sin que tengan necesidades personales para atraer el sustituto de papá o la sustituta de mamá. No podemos servir a dos padres a la vez, al padre de la mentira humana y al padre de la única verdad, al Ser o Poder Superior que nos creó, la Vida. Tener fe ciega en la Vida que ya le sucede a uno, es lo único que nos puede salvar, ningún hombre y ninguna mujer nos puede ayudar, ya que por más sagradas que nos parezcan sus palabras o sus actos, si no se asume la unidad viviente,  jamás encontraremos lo que buscamos, únicamente nos puede salvar y ayudar la Vida, siempre presente, lo que en verdad somos. Los personajes de papel, los penosos personajes de libros y de papel, con lo que nos hemos convertido, deben explotar por los aires. Si no vamos  más allá de las narices y del falso poder que nunca hemos tenido, no podemos recuperar la lucidez, para fundirse absolutamente con la alegría infinita del Ser.

 

Con la ayuda de la Vida, une en ti ambas energías, y, el drama, todo el drama de ese circo caótico y eterno de la humanidad, todos los falsos personajes de papel, se acaba de una vez por todas. Así es, así ha sido y así será. Que los hombres tengan pavor a reconocerse unos ignorantes, unos niños desvalidos, envidiosos y arrogantes, que rechazan la energía femenina que ya les sucede, ya no es cosa de mujeres, y que las mujeres tengan miedo a intuir y a pensar por ellas mismas, a sentir lo que ya sienten, sin cederle la intuición y la lucidez a los hombres, o sin tener que rechazar la energía masculina que ya les sucede, ya no es cosa de hombres, ¿qué  le vamos hacer?, nada es cosa de nadie, que cada uno espabile en esta vida, porque sino ya te espabila ese tal mundo que vemos al exterior, profundamente necio, enfermo, infantil, caótico, narcisista y podrido, con un tufo que ya no se aguanta, porque todo sucede en la consciencia;  un mundo sordo y ciego ante esta inmensidad, que lo único que pretende es que continúes como él, ciego y sordo ante tanta maravilla  para que no puedas ver con claridad, ni puedas pensar con lucidez, ni puedas sentir con nitidez, o no  puedas fluir con la alegría infinita del Ser. Deja el mundo en paz, en manos del Poder Superior,  y la paz de la Vida siempre presente, ya restablecerá lo que parece que no se puede restablecer.

 

El Universo brilla y se mueve con un ritmo de extraordinaria belleza, sin necesitar a papa ni a mama, sin poderes estúpidos, sin políticas y religiones, sin famas absurdas, sin aplausos o sin necesidades personales para poder ser alguien importante sobre un papel que sólo puede tener, tener y retener humo, el Universo es sin personajes estúpidos que no pueden admirar el milagro constante de la Vida, sin yoes ilusorios que no agradecen nada. La belleza de la Vida ya está a la vista de todos, ya la tenemos siempre todos, presente, jamás ausente, es lo que somos.

 

¿Cuál es la solución? Comprender que no hay solución perfecta alguna, nadie la tiene, nadie la tuvo, ni nadie la tendrá, que cada uno espabile o se arme de valor para descubrir, por sí mismo, con la ayuda de la Vida, esa aventura fascinante, la de unir ambas energías en el sí mismo, hasta recuperar la integridad humana. Sólo la Vida puede ayudarnos, ningún pobre hombre de la dualidad humana, por más sabio, despierto e iluminado que imagine o predique estar,  ni ninguna pobre mujer por más lista o  lúcida que diga estar, si hay dualidad no nos puede salvar nadie, nadie que no haya visto su totalidad o no asuma la unidad viviente en el sí mismo debería enseñar nada a nadie, nadie que no se asuma completamente está capacitado para salvarse, ¡y mucho menos está capacitado para salvar o ayudar a los demás! Y, ¿Quién tiene la culpa de esa broma cósmica que nos gastamos, de proporciones descomunales? Nadie. Nunca hay nadie en el cuerpo. Todo es un asundo de amor con la existencia. Creemos ser el personaje soñado por la Vida, porque confundimos esa sensación de existencia, de yo existo, por yo soy un personaje que decido y controlo, pero, en realidad, somos Presencia  Consciente de sí misma, eso que nunca vino y nunca se va. 

 

Ese tal  mundo que uno imagina allá afuera y que se halla en constante guerra de energías femeninas y masculinas, llamó sensibilidad a la sensiblería y a la falsa bondad. La auténtica sensibilidad va mucho más allá de la mente humana, muchísimo más allá de la falsa bondad, es nuestro sexto sentido o nuestra sabiduría innata, que lo tiene todo hombre y toda mujer, y se recupera si uno se atreve a ir más allá de todos nuestros pobres conceptos y de todas nuestras pobres y caducas palabras o enseñanzas heredadas y aprendidas, hay que ir más allá de la universidad, de la política y de la religión, e incluso más allá de la profesión, (en realidad, lo que estamos ejerciendo al exterior, es lo que más deberíamos contemplar en el sí mismo, es nuestro regalo para descubrir lo que me estoy diciendo por dentro) debemos ir mucho más allá de los conceptos o de un puñado de pensamientos inútiles para verlo. También se utilizó el pobre concepto amor a la ligera, el auténtico Amor no excluye nada, absolutamente nada, siempre incluye. No hay ni que rezar, meditar o implorar para recuperar lo que ya somos, lo que ya está ahí.  Eso, la alegría encarnada, lo que verdaderamente buscamos, ya lo tenemos todos, ya somos completos. Todo lo que aparentemente cuento a los demás, por supuestísimo que también me lo estoy recordando a mi, todo es un auto-recordatorio. No hay separación entre tu y yo. La separación que vemos en la mente es aparente o imaginativa. Todo es la Unidad. Lo único que cambia con la visión, es la percepción de las cosas, no debe cambiar nada más, todo ya es.

 

¡Hay que recordar constantemente! que la mejor ayuda para los hombres y para las mujeres que piden ayudas para mantenerse en el papel de personaje, que pretende defender  un género o un falso poder que jamás hemos tenido ni jamás tendremos,  es dejar de ayudar. Jamás hay nadie en el cuerpo, únicamente hay Vida sucediendo felizmente, que ya se nos regala a todos y a la vez, es lo que somos. Y, eso, se ve o no se ve, se sabe o no se sabe. Rendirse al SER es madurar, es salir del circo infantil para poder vivir con la madurez de la verdad. No hay más. Sólo la verdad, la maravilla eterna de lo que Es,  nos hace libres.

 

A todos, absolutamente a todos, se nos ofrece la misma invitación para atrevernos, más allá del genero y de la mente, a ser seres humanos íntegros y útiles,  invitación siempre presente que se acepta o se rechaza, así de simple, que nadie venga con tonterías, puesto que la Vida es muy, pero que muy simple, muy bella, muy  sabia y muy justa. A cada uno ya se le da su lugar y todo lo que le pertenece, sólo tenemos que aceptarlo y agradecerlo profundamente, nada más. La Presencia, vivir con integridad, es el fin de la película que llamamos "el mundo y yo" que nos sirve únicamente para despertar a la Vida, para recuperar la lucidez, la integridad y la felicidad sin causa, ¡eternamente presente!

 

Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte o el Amor de la Vida, está aquí, siempre ahí, siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.

 

Duda de todo y de todos, menos de ti, porque tu eres Eso que tanto has andado buscando.