Rendición absoluta

Rendición absoluta.

 

La Vida nos habla a través del organismo corporal, nos manda señales para sentir el impulso irrefrenable de hacernos caso, sanos y felices. El mero hecho de ir al médico en busca de prescripciones facultativas, no hace que la enfermedad remita o desaparezca, ni tampoco lo hace el tomarse las pastillas todos los días, ni lo hace el médico. Toda enfermedad aparece de la Nada y regresa a Ella cuando procede, nada ni nadie tiene ese poder que cree tener de hacer aparecer enfermedades y de hacerlas desaparecer, todo es vida siendo vida. Nadie tiene una vida ni dones especiales, capacidades o inteligencias especiales como cree tener el personaje soñado por la vida, por el cual nos tomamos. Hay personas que por el mero hecho de tener una receta en las manos ya se curan, las hay que no se curan nunca, hagan lo que hagan, vayan a los médicos que vayan, seguirán arrastrando dolores y enfermedades en el cuerpo si no van más allá de él, tal vez hasta que se rindan y puedan ver que nadie es propietario, culpable o responsable de lo que le sucede a un organismo corporal.

 

Todo organismo corporal es una simple herramienta de uso y disfrute de la vida, jamás ha habido algo o alguien en el cuerpo, insisto sólo hay Vida siendo Vida, sólo hay la verdad inexpresable revelándose a sí misma, nadie que tenga una vida por la que  enfermar, luchar o sufrir. ¿La receta, el médico o el medicamento pueden curar a un organismo corporal?  Ningún medicamento ni ningún médico tiene esos poderes que les hemos otorgado, nada ni nadie tiene esas capacidades que cree tener para curar o salvar a nadie, la curación sucede espontáneamente, milagrosamente, con o sin médico, con o sin pastillas, por supuesto, si debe suceder.  Es más, cuando hay rendición profunda, cuando nos sentimos totalmente decepcionados del relato personal y del mundo aparente, hay muchísima más posibilidad de que conscientemente nos suceda la auténtica sanación, puesto que todo es energía, una única y vasta conciencia o inteligencia sucediendo milagrosamente y espontáneamente en la Presencia, todo es Vida siendo Vida, todo sucede instantáneamente. No hay nadie que tenga una vida o disponga de una vida, no hay un tu separado de un yo, no hay múltiples inteligencias o sabidurías, nadie debería luchar contra si mismo, contra su creador, sólo hay Vida sucediendo que ya nos abastece a todos de regalos, sabiduría infinita o inteligencia innata, más allá del cuerpo y la mente ilusoria, por supuesto.  En la verticalidad de la Vida, en el siempre aquí, con la acepación profunda de lo que es, es donde podemos ver como sucede sin prisa y sin pausa la auténtica sanación y regeneración del cuerpo, si es que debe suceder, puesto que somos algo más que un simple cuerpo efímero y mortal, que una simple herramienta. Existimos, Somos, todo es conducido por el mismo instante eterno de Luz y Amor que sostiene el Sol y a las estrellas.

 

Estamos todos asentados en el milagro constante de la Vida. Ningún ser de la creación, excepto el ser humano, se ve defectuoso, dividido o separado de la existencia, ninguno tiene sentimiento de propiedad, ni reza para que se le aleje de la muerte o de la ilusión del mal. Ese golpe de genialidad de la Vida sucediendo en la mente humana, crea un personaje soñado que no hace otra cosa que imaginar que hay tal cosa llamada muerte o tal cosa llamada el mal, creyendo tener dones especiales para combatirlo o hacerlo desaparecer. La mente nos hace suponer que estamos divididos, incompletos o defectuosos, es un juego magistral, inteligente y divino al que juega la Vida para trascender lo ilusorio, eso hace que busquemos fuera de nosotros lo que ya está sucediendo magistralmente y milagrosanente dentro de nosotros. Cada uno es el Uno.

 

La arrogancia de la mente humana, puede ser vista cuando se está abierto a verla, más allá de la mente ilusoria por supuesto; por ejemplo, cuando observamos todo el producto que venden las aparentes farmacias, ¿qué vemos? en cualquier farmacia puedes ver estanterías repletas de un sinfín de medicamentos, para todos los gustos, para todas las edades y para todos los cuerpos. Por supuesto son regalos, ¿cómo no? todo es un regalo de la Vida, pero ¿vamos más allá de esos regalos químicos e hipnóticos para no mantener la herramienta de pensar dormida? Lo mismo ocurre con la medicina alternativa ¿Qué es lo que pretendemos curar, con tantos y tantos regalos de la Vida que son de nadie, para nadie? Si no hay nadie en el cuerpo, el personaje no existe, no es real. ¿Queremos curar al personaje soñado por el cual nos tomamos, lo no existente, lo ilusorio, la imagen? ¿Queremos sanar un cuerpo efímero y mortal sin ver que es una simple herramienta de uso y disfrute de lo que somos? Si vemos más allá de la mente personal que la Vida jamás incurre en error, que jamás ha estado enferma, tal vez, descubriríamos algo más, el por qué y el para que suceden tantas y tantas enfermedades, algunas muy raras, sobre todo cuando son mentales, la mayoría lo son porque la que está profundmente enferma es la mente ilusoria.  Si la mente imagina o cree que sabe más que la vida que ya somos, por supuesto la vida utilizará a esa mente para la investigación, la deprimirá para que se rinda o la utilizará para peregrinar de médico en médico para que se le recete química, pócimas mágicas o sucedáneos hipnóticos para permanecer dormida hasta que se rinda, o no. La herramienta, la mente arrogante, surrealista, soñadora e idealista que no le interese en absoluto madurar, personaliza la existencia, va presumiendo de tener poderes mágicos y no quiere rendirse ante su creador, la Vida, no quiere morir o desaparecer para encontrarse con su irrealidad, por supuesto quiere mantener el trono de la ignorancia, pero tarde o temprano deberá morir o enfermar si no se rinde, por eso digo que más vale que el ego ilusorio soñado por la Vida que cada uno Es, que personaliza la existencia, muera de una vez por todas, antes que convertirnos en parásitos para una sociedad indecente y necia que sólo vive para enfermar a la mente y comercializar con la vida, con tal de mantener más parásitos mentales, una aparente sociedad profundamente necia, ciega, sorda y enferma que prefiere muertos vivientes para perpetuar el mismo drama de siempre, el de seguir con la misma arrogancia, con el mismo sueño hipnótico infantil y dramático, el de imaginar que la mente humana sabe más que la Vida.

 

El panorama mundial parece desolador, triste, pero no lo es, sólo es aparente, alégrate si lo ves porque todo es, pero no es. Triste es imaginar que sabemos más que la Vida, triste es creer que somos propietarios de lo que nos sucede, que tenemos una vida por la que hay que luchar, sufrir, competir o esforzarse inútilmente, triste es comercializar con la vida para no trascender lo ilusorio, para no madurar. Triste es imaginar que esa maravillosa Luz o esta vasta inteligencia que ha creado galaxias, universos, planetas y naturaleza viva, nos ha soñado con error o que se equivoca e incurre en el mal. Triste es querer mantener vivo los recuerdos, la memoria del pasado, que es la inteligencia de los necios, y triste es suponer que el sueño de amor es real.

 

Cuando lo ves, ya sabes que nada puede ser distinto, ya comprendes que nada puedes hacer, cada uno es nada y es todo y tiene su propia invitación, única e intransferible, siempre presente, que la utilizará para rendirse a esa inteligencia única, o la rechazará para seguir en el mismo drama. Quien acepte la invitación está a un paso de descubrir ESO que Es, a un solo paso de que se le dé otra oportunidad. La visión de Eso que Es nos da lucidez, comprensión lúcida hasta poder recuperar la integridad para poder vivir la vida sana, amorosa y feliz, viviendo y muriendo sin morir por supuesto, sin implorar al creador el qué, el como y el cuando. Quien no la acepte, que se quede como está, a años luz de la verdad o de la Luz inalcanzable revelándose a sí misma, igualmente ayuda a investigar para nadie, igualmente ayudar a ir más allá de la mente. Lo cierto es que ignoro lo que la Vida sueña para cada uno, ya no me interesa en absoluto, quien escoja sufrir que sufra inutilmente, tal vez, no lo sé, es esencial para ese aparente mundo hipnótico, caótico ciego o sordo ante tanta maravilla, para aquellos que se creen imprescindibles tanto para imaginar que hacen el bien como para perpetuar el mal, o para aquellos que tienen pavor a ser felices, para los que prefieren hacerse víctimas de la mente y verdugos a la vez, para los que les da pavor trascender lo ilusorio. Todo es la perfección de la Vida para que esas herramientas del pensar, algún día, pierdan el pavor a morir y a vivir, y puedan ser útiles y prácticas para una existencia plena, sana y feliz. Quien quiera mantener un falso poder que jamás ha tenido y jamás tendrá, un falso sentimiento de propiedad, tal vez, no lo sé, no pueda abrir los ojos para evidenciar que en la Presencia del Ser, en la Luz,  no hay nada por lo que temer ni nada por lo que sufrir o luchar.

 

Se me ha dado la oportunidad de conocer residencias de ancianos, donde he observado con los ojos de la vida al personal, aparentemente, sólo aparentemente, se les ve capacitados para seguir entreteniendo y asistiendo a mentes ilusorias, para mantenerles la memoria que no es otra cosa que la inteligencia de los tontos, se les entretiene para que sigan sintiéndose víctimas o verdugos, más importantes que la Vida, para que sigan con el relato estúpido e infernal, sin ver que para lo único que les sirve es para sufrir y hacer sufrir, asisten a cuerpos humildes, muy humildes, eso sí, con la misma ignorancia y arrogancia de siempre, ciegos y sordos, para que esas mentes con pavor a rendirse que creen conducir a esos cuerpos humildes, mantengan el miedo a la muerte o se sientan hasta el último aliento propietarias de una vida que jamás han vivido, más importantes que la Vida que nos sucede felizmente a todos, sin jamás nacer, sin jamás morir. Si esto es visto con los ojos de la vida, sólo debe dejarse ese tal mundo tal como está, en manos de su creador, esos cuerpos humildes ya están ayudando a despertar al personal, tal vez, algún día, descubran que la Vida ¡jamás se equivoca! Hay que ver más allá de la mente, lo que la Vida, de manera muy inteligente, magistralmente y sabiamente nos cuenta a todos. No somos un cuerpo con miedo a morir, no, no somos la herramienta mente que memoriza un relato muy importante para hacerlo personal, somos la Vida totalmente inmortal, neutral e impersonal, totalmente liberada e incondicional, a la que ningún concepto o imagen puede dañar, matar o definir.

 

Más vale que la rendición sea absoluta, sincera, consciente y voluntaria, abrirse a la Vida de par en par, que permanecer dormidos con una memoria absurda y estúpida sin tracender por miedo a despertar, hasta el último aliento. Más vale hacerlo de manera íntima, plena y voluntaria, que no esperar que la vida tome el control de esa mente hipnótica e ilusoria para hacerla desaparecer o hacerla explotar por los aires, en cualquier momento. Todo es aparente para el despertar.

 

Cuanto antes vemos que somos nada, antes podemos recuperar la visión de Eso que Es, del todo, para poder disfrutar sin sufrir dentro de este paraíso, puesto que nuestro derecho innato es ser felices, pero jamás puede suceder la felicidad sin causa con una mente hipnótica e ilusoria que controla o manipula porque se cree propietaria de la Vida. Si no nos importa ser simples herramientas, podemos encontrar a su creador, lo que en verdad somos, hasta fundirnos con El.  No tenemos una vida, somos la Vida, la única constante que hay, la única inteligencia que hay, a la que ya no debo llamar padre, maestro, alumno, médico, hermano, iluminado, tu, yo, él, mejor o peor,  bien, mal, o lo que sea. Si nos rendimos profundamente al Ser, sin miedo a morir como personajes soñados, se nos da otra oportunidad, de lo contrario, somos esclavos de la oscuridad de una memoria ilusoria, de la herramienta de pensar con miedo a morir, perpetuando la ilusión del mal, hasta su final. Todo es un asunto de amor con la existencia, un autorecordatorio, porque todo es aparente menos la Presencia, en realidad, no nos sucede ¡nunca! nada.  ¡Sólo hay Vida siendo Vida!

 

Ninguna palabra puede definirnos, todo está más allá de las palabras. Eso que Es, juega con las palabras hasta que vemos que la verdad es inexpresable e inalcanzable, se revela a sí misma. Las dos únicas palabras que nos definen son: Yo Soy. Esas palabras son de nadie para nadie, hay que ir más allá de ellas. Cuando se está preparado para verlo y escucharlo, desaparece la necesidad infantil de conseguir elogios, aplausos, éxitos o logros personales, entonces se nos regala la posibilidad de encontrar al auténtico Yo Soy. 

 

¡¡¡¡Todo se merece un grandioso aplauso, porque todo es la Vida!!!

 

¡Magistral!

 

¡¡¡ Gracias !!!

 

 

 

Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte, la Luz y el Amor de la Vida, están siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.