Para mentes soñadoras que les encanta hacer cábalas.

Para mentes soñadoras y recalcitrantes que, (como la “mía” en su momento)  fascinadas con el sueño hipnótico, están encantadas con el espectáculo exterior, haciendo cábalas.

 

Por más cabalistas que nos imaginemos ser, la Vida nos da mil vueltas a todos, así es, así ha sido y así será.  Es curioso, pero más es menos, cuando más aumenta el lastre del conocimiento intelectual-personal-espiritual, menos vemos con lucidez. Por más que uno insista en imaginar que la Vida tiene algún tipo de propósito o sentido, más lejos se está de la verdad inalcanzable viviente en el sí mismo. La falta de propósito es la eterna belleza de la existencia. Es la Vida la que juega al escondite, jamás ha sido al revés. El juego consiste en imaginar que hay separación con todo, que hay división entre lo que Es y lo que no Es, entre un tú y un yo, entre el mundo exterior y el mundo interior. Lo que Es está siempre presente, a la vista está, y lo que no Es, es la ilusión de la mente personal, que sueña con un mundo mejor, porque cree o imagina que ha nacido enseñada, sueña en poseer verdades, imaginando que son más importantes que las de los demás. Por eso la mente personal nos convierte en hombres y mujeres de negocios porque intenta negociar con la Vida al creerse la más importante.  Cuando lo ves, con total lucidez, no sabes si reír o llorar, puesto que la inversión o el esfuerzo inútil que gasta la mente humana soñadora, buscando siempre algo más maravilloso que lo que Es, para acabar reconociendo que lo que se busca jamás se ha perdido, jamás ha estado apartado de ahí, ni jamás lo encontraremos en un personaje, en un libro, en otro lugar o en otra meta o dirección y mucho menos en un más allá, lo único que se puede hacer es aplaudir a la Vida. No hay ningún personaje soñado que pueda superarla, jamás lo ha habido ni jamás lo habrá. No hay persona en este mundo que esté despierta, iluminada o sabia, precisamente hay que perder esa idea falsa de ser persona y fundirse con el Ser, para que la Vida se revele y florezca siendo puro Ser, felicidad pura.

 

El fundamento del Ser, es Ser, existir, fluir, maravillarse de la propia manifestación, de la existencia donde todo fluye sin prisas pero sin pausa. Todo lo que le hace sufrir a uno, está a años Luz de la Luz. Somos alegría encarnada, y cuando se sabe, porque se sabe sin confusión, más allá de la mente egoica-intelectual-personal, nada ni nadie puede impedir que la felicidad sin causa sea.  Como dijo Buda, no hay camino a la felicidad, la felicidad es el camino.

 

 Lo más hermoso que se puede sentir en el interior es: -no sé nada de nada de esta vasta inmensidad. A partir de ahí, se asume con auténtica humildad la unidad viviente en el sí mismo, hasta que se comprende que la última comprensión es que no hay nada que comprender, todo es Luz y Amor, todo ya Es, todo  sucede a la perfección cuando te has fundido en la unidad. Jamás, jamás, jamás, ha habido error. Ninguna palabra tiene poder sobre ti, si tú no se lo das, es más, ninguna palabra que no nazca del Silencio Puro o de la raíz del Ser, te aportará nada nuevo. La compresión lúcida sucede en el momento en que uno se ha rendido profundamente al Ser, y sólo es a través de la comprensión lúcida que podemos llegar al amor puro, cuando podemos sentir que todo, todo, todo, es un regalo maravilloso.

 

Cada uno es el Uno jugando con las palabras, todo es un auto-recordatorio. Aquí lo único que se puede decir es que todo es de nadie y para nadie. La Vida no es algo personal, es totalmente impersonal.

 

Hay que ser nada si queremos recuperar el todo. Se trata de vivir un día cada día, sólo con lo puesto, sin ayudas externas, ser lo que ya es, permitiendo que la verdad inalcanzable se vaya revelando, porque si cada uno pudiese ver la Luz Inmensa que habita en la profundidad del Ser, nadie se arrepentiría de esa aventura fascinante de la liberación de la mente, nadie se arrepentiría de ser vida tal como es. Ya nada es lo mismo cuando se nos revela la Luz en el sí mismo. Hay una extraordinaria lucidez que ninguna palabra puede superar.  La Paz del mundo se consigue cuando dejamos el mundo exterior en paz, cuando permitimos que la Vida sea tal como Es y se nos vaya revelando en el interior. Es más, aquel que encuentra el Silencio eterno y puro en el sí mismo, jamás podrá hacer daño ni a una mosca, porque todo, absolutamente todo, es lo mismo que uno Es.  Hace más bien al mundo aquel que se ha rendido al Ser ¡siempre presente! que aquel que insista en manipular el sueño hipnótico, mucho más que aquel que pretenda rechazarlo o controlarlo, y que aquel que reza para que se le aleje de la ilusión del mal. Todo se comparte sin intención de cambiar nada. Esta reflexión carece de compromiso.

 

Somos la Vida, no personajes soñados, y, cuando eso es visto con total lucidez, se pierde todo miedo, puesto que la Luz fulmina toda ilusión del mal.  ¿Dónde está el mal aquí mismo, siempre aquí mismo? ¿Dónde ves sufrimiento, muerte y enfermedad aquí mismo, siempre aquí mismo? Si lo ves, ese es tu regalo, la Luz que habita en ti, lo único que pretende es que seas eternamente feliz, una felicidad que no tiene límites y lo inunda todo. La felicidad es tu derecho innato, no lo pierdas de vista. Tu verdadero ser es único y Puro, jamás ha habido error o pecado en ti, ni en nadie. No hay múltiples inteligencias, sólo hay una, la que ya está sucediendo.

 

¡Gracias!

Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte o el Amor de la Vida, está aquí, siempre aquí, siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.

 

 Puedes estar absolutamente seguro de que la Verdad nadie la tiene, ni nadie la puede enseñar, poseer o retener. Se revela a sí misma, constantemente.