Olvídalo todo y empieza de nuevo.

No creas nada por el mero hecho de que los demás lo crean o presuman saber lo que es correcto o incorrecto. Trasladarlo todo al Ser, a la Consciencia Presente que está abrazando y contemplando lo que es, es lo más indicado, puesto que Esa Consciencia está ¡siempre aquí! mucho más allá de todo bien y de todo mal, muchísimo más allá de lo personal. La Vida jamás contempla lo que ha sido hecho, sólo contempla lo que ya sucede, lo que ya Es. La mente dirigida hacia afuera se convierte en pensamientos y cosas inútiles, y la mente dirigida hacia adentro se convierte en herramienta útil y práctica de la Vida, se convierte en lo que verdaderamente somos.

 

Debes saber que las palabras, por más lúcidas o sagradas que te parezcan, nunca alcanzarán definir lo que ya Es. Toda palabra es insuficiente cuando lo que hay que decir desborda el interior del Ser. Es preferible quedarse sin palabras hasta que puedan surgir las que broten o germinen de la raíz del Ser, hasta que uno pueda fundirse con la belleza del Silencio eterno, desde el cual fluye el amor incondicional en acción.  

 

Todos los escritos que encuentras aquí, no son ni míos ni tuyos, no son de nadie, simplemente se difunden o suceden como todo lo que se difunde o nos sucede en la vida, pues este saber íntimo y profundo, que está más allá de cualquier mente personal, no puede ser expresado a modo general para los demás. Estas palabras sin sentido, sólo indican que hay algo más, sólo evocan la fragancia del secreto que cada uno ya tiene escondido en su interior.  Así que estas palabras son el resultado de la revelación, de un saber que está mucho más allá de cualquier enseñanza, política o religión. A través de ellas uno puede descubrir los falsos dioses, las falsas verdades, los falsos maestros, y las falsas revelaciones, porque únicamente hay una verdad, un Dios y una revelación. La verdad es indefinible e inalcanzable, se revela a sí misma constantemente, siempre está presente, es lo que ya Es, sucede sin más, sin nadie que intervenga en hacerla suceder. La Presencia de la Vida es la única constante que hay. Todo lo que no esté sucediendo en la Presencia, todo lo que ya está hecho o todo lo que queda por hacer, es lo falso, es fruto de la imaginación. Entre este escrito y tu, o entre tu y yo, no hay separación.

 

Caminar buscando a un Dios en el más allá, es no ver que entre Dios y tú, no hay separación, no hay espacio en el tiempo, ni en los pasos, ni en el camino, ni tampoco lo hay entre tu y yo; debes fundirte con los propios pasos y con el propio camino, porque la experiencia siempre presente ya es la revelación. Todo ya Es, todo fluye, todo es Dios.  Todo es la Presencia Consciente de sí misma. Mientras haya el intento de mejorar la existencia siempre habrá sensación de separación y división, o mientras haya la idea de que hay que alcanzar algo más divino y más maravilloso que lo que ya nos sucede, que lo que ya Es, la misma idea ya nos separa de lo que en verdad somos. Sólo hay que creer que la Vida merece ser vivida tal como se nos presenta, pues esta simple creencia ya va mejorando las circunstancias, y te ayuda a ver más allá de lo falso, más allá de todo lo que nos han vendido y hemos comprado por amor, con los ojos cerrados. La Vida es con los ojos abiertos a lo que ya Es, no con los ojos puestos a lo que no es. Cuida cada instante, como un regalo y cuidarás de ti y de todos los demás, todo el tiempo. Todo está mucho más allá de los conceptos y las palabras. La aventura está en descubrirlo por uno mismo, yendo más allá de lo aprendido y conocido. Olvídalo todo hasta poder encontrar al Ser siempre presente.  Sólo la maravilla eterna de lo que Es puede acabar con lo falso, es lo único que puede fulminar todas las tinieblas y lo ilusorio. La Presencia del Ser se libera de la dualidad humana que siempre ve el fantasma del miedo y del mal donde no lo hay.  

 

A continuación queda escrita una metáfora que la Vida nos ha regalado a todos, para que veamos más allá de nuestras pobres palabras aprendidas, habidas y por haber. Hay que ir más allá del yo, más allâ de la mente soñadora o personal, hasta encontrar el secreto íntimo o la revelación.

 

Era un discípulo honesto. Moraba en su corazón el afán de perfeccionamiento. Un anochecer, cuando las chicharras quebraban el silencio de la tarde, acudió a la modesta casa de un yogui y llamó a la puerta.

-¿Quién es? -preguntó el yogui. -Soy yo, respetado maestro. He venido para que me proporciones instrucción espiritual.

-No estás lo suficientemente maduro -replicó el yogui sin abrir la puerta-. Retírate un año a una cueva y medita. Medita sin descanso. Luego, regresa y te daré instrucción.

Al principio, el discípulo se desanimó, pero era un verdadero buscador, de esos que no ceden en su empeño y rastrean la verdad aun a riesgo de su vida. Así que obedeció al yogui.

Buscó una cueva en la falda de la montaña y durante un año se sumió en meditación profunda. Aprendió a estar consigo mismo; se ejercitó en el Ser.

Sobrevinieron las lluvias del monzón. Por ellas supo el discípulo que había transcurrido un año desde que llegó a la cueva. Abandonó la misma y se puso en marcha hacia la casa del maestro. Llamó a la puerta.

-¿Quién es? -preguntó el yogui.

-Soy tú -repuso el discípulo.

-Si es así -dijo el yogui-, entra. No había lugar en esta casa para dos yoes.

 

 Más allá de la mente personal o del pensamiento individual, está el Ser. Y en el Ser hay todos los seres y todas las formas de vida que hay. No hay que temer al Ser, puesto que si se le teme uno vive temiéndose a sí mismo toda la vida. En La Presencia no hay otra maravilla que no sea el Ser siempre presente, nada por lo que temer, nada por lo que uno deba luchar o sufrir. La Vida ¡siempre presente! sucede sin más, mucho más allá de todo bien y de todo mal. Todo, tal como se manifiesta, es la revelación de ESO que cada uno ya Es, llámalo Dios, llámalo la Vida, Existencia o Presencia Consciente de sí misma.

 

Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte o el Amor de la Vida, está aquí, siempre ahí, siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.

 

Duda de todo y de todos, menos de ti, porque tu eres Eso que tanto has andado buscando.