Lo infinito a través del Ying Yang

Encuentra Lo infinito experimentando Conscientemente el Ying Yang.

 

Hasta que no hayas asumido completamente la Unidad o la verdad viviente en ti, o no te hayas liberado completamente de la mente egoica que prefiere sentirse atada al mundo de la mentira, si lo que vas a decir no es mejor que el Silencio o no surge de la raíz del Ser, no lo digas. El copiar y pegar o lo que me han dicho sin haberlo experimentado conscientenente está muy pasado de moda, ya ha caducado, es de  mentes inmaduras, infantiles y perversas, nadie te liberará de la mente ignorante si no dejas de buscar algo más maravilloso y más divino que la Vida que se vive a través de ti. 

 

Hay que conocer y experimentar conscientemente la manifestación del mal, para que el bien pueda triunfar y vencer, y, hay que conocer y experimentar conscientemente la manifestación del bien, para ver, con total lucidez, que el mal tan sólo es una bendita y divina ilusión. No hay mal sin el bien y no hay bien sin el mal. Además, no existe una cosa llamada maldad y otra cosa llamada bondad, sólo hay la maravilla eterna de lo que Es, la visión de ¡esto!, de lo que ves aparecer o suceder, y ¡esto! no es ni bueno ni malo, simplemente es lo que Es.

 

Somos seres duales, somos Luz y Amor, como todos los seres de la creación.  Rezar para que se nos aleje de la ilusión del mal, es de mentes profundamente ignorantes, ciegas y sordas ante tanta maravilla, es de gentes inmaduras, enfermas, manipuladoras, controladoras, perversas y recalcitrantes. No hay más. Así ha sido y así será. La rueda eterna de la inmadurez humana o el drama eterno de la ignorancia de la humanidad, es creer o imaginar que existe el mal separado del bien, o que existe el bien separado del mal. Incluso una linterna, para que pueda dar luz, precisa una batería con ambas polaridades, la negativa y la positiva. No hay Luz suficiente ni comprensión lúcida, si sólo idealizamos funcionar con una sola polaridad, deben fundirse ambas polaridades en Una a través de la experiencia íntima e intransferible, si queremos recuperar lo que más anhelamos encontrar, la visión de lo que Es, el paraíso aparentemente perdido.

 

Hay que asumirse tal como somos, con todo lo bueno y con todo lo malo, sino pasa lo de siempre, los malos de la película están allá afuera, buscamos los culpables y los responsables de que yo me sienta un pobre de mí o un resentido de la Vida a más no poder.  Así es el drama eterno de la mente humana que idealiza una vida rosada, prefiere rezar para que se le aleje del mal, antes que madurar, antes que rendirse al Ser para que uno pueda asumirse tal como Es, con la ayuda de la única verdad que hay, con la Vida vertical, infinita e inalcanzable que ya está Presente, siempre aquí. 

 

La mente egoica lo que quiere es sentirse atada a la horizontalidad del mundo de la perversión humana, a la imaginación del tiempo que no existe, a la falsa bondad, pero esa mente puede llegar al final del recorrido de cualquier organismo corporal y todavía seguirá controlando o pidiendo ayudas para que se le aleje del mal, viendo a los malos de la película allá afuera o creyendo que la Vida ha sido injusta, y, tal vez, pedirá un cura para confesarse o vomitar su película y rezar, vete tu a saber, sólo para pedir el perdón o para suplicar la extremaunción, pero no para madurar, así se queda tan ancha, porque antes que rendirse al Ser siempre presente para que se pueda ver más allá de la ignorancia humana y se pueda asumir en un solo instante todo, antes que madurar, antes que hacer el ejercicio de total humildad arrodillándose ante esa vasta inmensidad, delante de la mirada amorosa y eterna de la Presencia de Dios, para reconocer no soy nadie, ni sé nada de nada de esta vasta Consciencia de Unidad, preferirá morir creyendo ser algo o alguien importante, preferirá sufrir y hacer sufrir hasta el final. Un organismo corporal que esté a las puertas de la muerte, si el Ego no se ha rendido al Ser siempre presente, preferirá irse al otro barrio creyendo que está en posesión de la verdad, imaginando que lo ha hecho todo bien y nada mal, o que lo ha hecho todo mal y nada bien, creerá que hay separación entre el mundo exterior y el mundo interior. Así es la vida del inmaduro, así es la vida del ser humano que quiere rechazar la verdad viviente o que prefiere seguir hipnotizado y atado a la ilusión del mal hasta el final.

 

La mente humana si pudiese inventaría la fórmula para no morir jamás, porque sabe que tiene fecha de caducidad, pero como no puede y en el fondo lo sabe, prefiere que te tomes catorce o quince pastillas al día para vivir hipnotizado, prefiere hacerte creer un infeliz haciéndote imaginar que tiene mil razones de peso para que así te sientas,  prefiere hacerte sentir un enfermo crónico y una víctima de la vida, sólo para molestar y no pares de rezar, meditar o implorar algo mejor que lo que ya Es, prefiere que los demás cambien y el mundo mejore, antes que rendirse para que puedas asumir y ver tu totalidad. Así jamás reconocerá que es una inmadura, una desagradecida y una herramienta inútil y arrogante ante tanta maravilla eterna.  Madurar, a la mente humana no trascendida, no le interesa en absoluto, prefiere seguir jugando al juego infantil y necio de la separación, de ver fronteras entre “el mundo y yo”, entre el bien y el mal, entre tu y yo, entre el mundo exterior y el mundo interior. La mente jamás reconocerá que TODO es la Vida, o que todo es Dios, llámalo como lo prefieras.

 

El drama eterno de la humanidad es creer que la mente humana ha nacido enseñada, sin ver que es una simple herramienta de uso y disfrute de la Vida, una mente soñada por la Vida, una mente que imagina una historia absolutamente distinta a todas las demás. Si creemos tener la razón de los tontos, que no es otra que la de ver a los malos de la película allá afuera y verse a uno mismo como el bueno, “un pobre de mí” o un “sabe-lo-todo”, eso no cambia, se va heredando de generación en generación, hasta que con un poco de suerte, la Vida tome el control de algún personaje y lo explote en mil pedazos, porque se ha rendido al Ser o lo ha dado todo por amor a la Vida. 

 

Si sólo nos arrodillamos para implorar que se nos aleje del mal y para poder permanecer dormidos, ciegos y sordos ante tanta maravilla, no es de extrañar que no veamos el circo que tiene montado esa aparente sociedad necia e inmadura que imaginamos allá afuera, separada de la Consciencia, así es imposible que descubras el auto engaño al que te tiene sometido la mente humana. En cambio, si nos arrodillamos para implorar lucidez, para reconocer no sé nada de nada de esta vasta inmensidad,  jamás he sido nadie, entonces la Vida nos brinda la oportunidad de oro de poder madurar, nos libera de la falsedad humana y de la ilusión del mal, hasta ver y comprender, lucidamente, el misterio divino de la existencia humana, sólo así encontramos la paz profunda y la inmortalidad.  No debe morir el cuerpo para poder resucitar en Vida, simplemente debemos reconocer la inocencia humana, que lo único que nos crucifica es querer permanecer atados a la ignorancia y ceguera profunda de la mente humana que quiere ser algo o alguien más importante que la mente divina de la Vida.

 

Ni yo, ni nadie, absolutamente nadie, ni el aparente maestro más iluminado del mundo que tu puedas imaginar o idealizar, puede ayudarte a recuperar la visión, ya naciste con ella, pero la perdiste de vista porque el Ego quiere permanecer atado al mundo de la imaginación, al mundo aparente de la falsedad humana, quiere mantener una autoría que jamás nadie ha tenido ni jamás nadie tendrá. Sólo en tu rendición, cuando te arrodilles para implorar lucidez, la Vida que tu Eres, puede hacerte el inmenso favor de que puedas ver y comprender, más allá de la mente, mucho más allá del bien y del mal. Debes asumirte de manera íntima y plena, tal como eres, nada más, absolutamente así, tal como Eres. La Luz de la Presencia y el Amor absoluto viviente en ti, que siempre ha estado ahí, es lo único que puede fulminar la ilusión del mal.  No debes ni comprender intelectualmente, debes ser tal como Eres, asumirte absolutamente tal como eres, aceptar profundamente toda la experiencia tal como te la presenta la Vida.  Nadie puede trascender su propia ilusión, porque nunca ha habido nadie en el cuerpo, la mente imagina que sí, porque cree ser alguien o algo  importante que dirige a la Vida,  es lo que más desea hacerte creer, puesto que imagina ser mejor y más sabia que la mente divina de la Vida que está siempre ahí, siempre ahí. Desde siempre y para siempre Eres la Vida sempiterna, no tienes una vida por la que luchar o sufrir, no eres un puñado de pensamientos o un personaje soñado, de ficción, que sólo sufre por el pasado que no existe, por el futuro que nadie sabe si llegará, o por el que dirán los personajes que no existen ni existirán. Sólo hay existencia, vida siendo vida, vida sucediendo, nadie que viva o tenga una vida.

 

No vendas ni ofrezcas ayudas o recetas mágicas a nadie porque no las hay, aquí el único que necesita ayuda eres tu, y sólo puede ofrecértela la Vida que ya se vive en ti, cuando dejes de buscarla fuera, cuando dejes de rezar para presumir saber-de-todo, cuando asumas completamente la propia experiencia tal como te la presenta la Vida. ¿Dónde ves el mundo exterior ahora mismo, siempre ahora mismo? ¿Te das cuenta de que el mundo es un espectáculo brillante y magistral, ES, pero no ES? Todo lo que ves aparecer y desaparecer en la Consciencia, es la propia invitación para recuperar tu completud, la visión de lo que Es, sólo de ti depende aceptarla o rechazarla, de nadie más, puesto que el paraíso aparentemente perdido está al otro lado de la ignorancia, a un paso de ti.

 

Tal vez, te sientas infeliz porque la mente quiere hacerte un infeliz al idealizar mejores felicidades que la felicidad eterna de la vida que está siempre ahí, siempre ahí; en el momento que lo veas, te darás cuenta que la felicidad sin causa, siempre ha estado ahí, no puede estar ni más lejos ni más cerca de ti.

 

Hay que querer ser nada para poder recuperarlo todo. Fíjate u  observa si es inmadura e ilusoria la mente humana que ni ve que no puede liberarse de su propia ilusión o fantasías, si no fuese por la Vida que nos ama con amor absoluto, tal vez, habría más manicomios y más hospitales de los que hay. No podemos comprender al mundo aparente, pero sí podemos amarlo tal como Es, sólo en nuestra rendición vemos que todo ha sido un sueño de amor..

 

En realidad, todo es un auto recordatorio para ver y comprender nuestra totalidad o nuestra inmensidad. Aquello que imaginas que te estoy contando a ti, me lo estoy recordando a mi, y aquello que imaginas que, ahora mismo, siempre ahora mismo, me lo estás contando a mi o a quien sea, te lo estás recordando a ti. La Vida siempre nos habla a todos igual, en silencio y con amor. Lo que más insiste en decirnos es: estoy aquí, siempre aquí, deja de buscarme en otro lugar, en un personaje, en las historias o en el más allá, jamás te he abandonado, ¡jamás! siempre estoy donde tu estás.

 

La mejor oración de todos los tiempos, la mejor medicina, o lo que mejor funciona, es: VIDA, hazme nada, hasta que pueda fundirme en ti, sucede en mi como quieras, como mejor te convenga o te plazca, hasta donde quieras y como lo prefieras, porque sin ti no puedo ni Ser ni existir, sin ti no puedo recuperar lo que por derecho innato se puede recuperar, la visión y la felicidad plena.

 

En lugar de preguntar que quiero hoy de la Vida, más vale preguntar: -¿Qué quieres Vida, hoy, de mi? tal vez descubras que lo que quiere hoy de ti, es que veas que ya ES, ya sucede, ya se está manifestando todo como un regalo, sin prisas y sin pausa. Todo se agradece porque todo es un regalo en la Presencia. No se puede alimentar la mente del inmaduro, ni la de uno mismo ni la de nadie, es como regalar margaritas a los cerdos. La mente no trascendida siempre intentará pisotear la verdad como se ha hecho a lo largo de los aparentes siglos. Como dijo Buda, si no encuentras apoyo en el camino espiritual, camina solo, nadie sabe más que la Vida.

 

Estamos siempre asentados en el milagro constante, y, eso, se ve o no se ve. Si queremos terminar con los parásitos del mal, con los que prefieren mil pastillas para no madurar, o con los que prefieren rezar para seguir con el circo de la necedad humana, con la manipulación perversa y  personal de siempre, para alcanzar lo que nadie puede alcanzar, es mejor no alimentarlos, porque desde siempre y para siempre, todos, estamos en la gracia permanente, en el milagro eterno, donde no hay ni bien ni mal. No hay nadie que tenga una vida, sólo hay Presencia Consciente de sí misma, la única constante que hay, Vida inmortal que no viene ni va, vida en movimiento o sucediendo, sin más. Despertar es vivir sin miedo, es nacer y morir a cada instante,  sin nacer y sin morir en mi. Cada uno y cada cosa es Luz y Amor, y, para descubrirlo hay que olvidarse de uno mismo, de las necesidades personales, y, dejar que la Vida nos sorprenda en la aventura de permitir que todo sea tal como Es.

Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte o el Amor de la Vida, está aquí, siempre aquí, siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.

 

 Puedes estar absolutamente seguro de que la Verdad nadie la tiene, ni nadie la puede enseñar, poseer o retener. Se revela a sí misma, constantemente.