La felicidad no depende de nadie

La felicidad no depende de nadie, ni de lo que crees ser, ni de lo que crees saber, ni de lo que tienes, ni de lo que tuviste, ni de lo que tendrás. La felicidad empieza cuando uno deja de pensar en contra de la Vida que le sucede a uno, en contra de la Vida que ya Es.

 

Si realmente te amaras a ti mismo, tal como eres, siempre tal como eres, nunca podrías desear infelicidad a los demás y nunca podrías hacer daño a nadie, ni a la más diminuta criatura del Universo, porque todo sucede en tu intimidad, para verte a ti, para amarte a cada instante, para aceptarte plenamente y profundamente así, tal como eres, tal como te sucede la Vida.

 

Más que mil pensamientos inútiles, más que mil imágenes o mil palabras inútiles, más vale empezar por las palabras más justas y sagradas, las que más necesitas: amor propio. Pero sobre todo no confundas amor propio con egoísmo. Un egoísta nunca verá su totalidad, siempre excluirá la verdad, siempre separará o dividirá la existencia, siempre querrá sentirse atado al mundo. Uno que se ama tal como es, siempre tal como es, termina viendo su totalidad, entonces se reconoce en todas las cosas y en todas las formas de vida que hay.

 

Es la propia mente del hombre su peor enemiga, no hay personas que puedan hacerte daño cuando se ha tomado consciencia de esta realidad. La Vida que se vive en ti, que te hace ser tal como eres, no depende de nadie, ni nadie debería depender de la Vida que se vive en ti. Es la mente lo que atrae todo mal, todo sufrimiento y toda perdición. La Vida no ve nunca lo que ha sido hecho, sólo ve lo que está presente, sólo contempla lo que ya está sucediendo.

 

Debes saber que para deshacerte de la propia oscuridad debes permitir la propia oscuridad, y para deshacerte de la propia necedad debes admitir que eres necio, como todo el mundo, ante esa inmensidad. Sólo los necios que se creen inteligentes no lo conseguirán jamás, porque para cruzar las propias tinieblas y la propia necedad, uno debe admitir sus tinieblas y su necedad.  La idea de que tú puedes conseguir recuperar la unidad y la felicidad sin causa, ya te aleja de ella. Debes admitir que tú como personaje soñado por la Vida, no puedes hacer nada, únicamente dejar de buscar y rendirte al Ser siempre presente. Rendirse es madurar, es dejar el ideal de vida rosada o de príncipes y princesas.

 

Así como un gusano se transforma en mariposa, así nos transformamos cuando nos rendimos y dejamos de buscar fuera de nosotros mismos lo que ya está en nosotros mismos, cuando admitimos no saber nada a pesar de todo lo aprendido y comprendido. Hay que admitir, primero, que somos como gusanos que se arrastran a ras de suelo, por miedo a perder, por miedo al qué dirán, por la misma inseguridad que le supone a la mente no controlar lo que no se puede controlar. La mente tiene el vicio de hacerte imaginar que tiene poder y que no tiene fecha de caducidad, por eso la mente dirigida hacia afuera se convierte en gilipollez y en el peor enemigo, y la mente dirigida hacia adentro se convierte en lucidez, en la herramienta útil y práctica de la Vida, se convierte en lo que verdaderamente somos.

 

No puedes andar feliz en tu camino, hasta que no te hayas convertido en los pasos y en el mismo camino. No puedes transformarte en mariposa si no reconoces ni aceptas al gusano que se arrastra a ras de suelo para sentirse atado al mundo de su imaginación. La metamorfosis sucede cuando uno se rinde al Ser. Aquí mismo, siempre aquí mismo, no hay camino, lo que hay es felicidad sin causa. En el siempre aquí no hay un allí, un allá, o un más allá, no hay un pasado o un futuro inexistente, siempre hay ¡sólo! la maravilla eterna de lo que ya Es. La visión de ¡esto! es lo único que hay. ¡Siempre! hay ¡sólo! la visión de lo que ya sucede, la Vida jamás contempla lo que ya está hecho.

 

Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte o el Amor de la Vida, está aquí, siempre ahí, siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.

 

Duda de todo y de todos, menos de ti, porque tu eres Eso que tanto has andado buscando.