¿Infierno o paraíso? depende de ti, no depende de mi, ni de nadie.

Ese tal mundo aparente y dual en el que vivimos, que aparentemente no asume la unidad viviente en el sí mismo, que presume de saber-lo-todo, porque sólo se dedica a negociar con la Vida para la imagen, a inventar dioses, rezos, recetas y fórmulas mágicas para no madurar, tiene un circo montado que da risa cuando lo ves con los ojos de la Vida. Aquel que no quiere asumir la unidad viviente en el sí mismo, por desgracia, la inmensa mayoría, es parecido a un sepulcro blanqueado que por fuera se le ve reluciente, con las mejores sonrisas, con los mejores misales o inciensos, con las mejores recetas mágicas o con las mejores cirugías plásticas, pero por dentro están llenos de inmundicia, con las mayores penas o las mayores desgracias. Los que creen ser los primeros, los propulsores del circo infernal, desde siempre y para siempre, los falsos doctores de la Ley o los falsos maestros iluminados, esos serás los últimos en recuperar la lucidez o el paraíso eterno, y, los segundos o penúltimos serás sus seguidores, porque hacen maestros e iluminados a personajes soñados por la Vida que creen estar en posesión de la verdad.

 

Nadie posee la verdad, ni nadie puede enseñarla o retenerla, tampoco yo. Ninguna palabra puede acercarnos o separarnos de ella, estamos todos asentados en la gracia permanente. La verdad se revela a sí misma constantemente cuando uno deja de buscarla en otro lugar, en otro sitio, en otro personaje o en el más allá.  Los últimos en llegar, serás los primeros, desde siempre y para siempre ha sido y será así. Los últimos son esos hijos y esas hijas inocentes de la Vida, deseosos de amor, inocencia, pureza y sensibilidad, que si tienen la gran suerte de mantenerse al lado de la Vida, enamorados como el primer día, la Vida les dará una segunda oportunidad, les liberará de todo lo falso, de lo aparente bueno y de todo lo aparente malo, de toda hipocresía que necesita el ego para sentirse atado al drama eterno de la humanidad, les dará lo que por derecho innato se merecen recuperar, la visión de Eso que Es, la eterna paz para que puedan vivir en la eterna verdad, con felicidad plena y sin causa.

 

Aquellos que se creen sabedores o poseedores de verdades eternas que se quemen en el infierno de la falsedad humana, son imprescindibles para que las gentes de corazones nobles puedan abrir los ojos y puedan despertar a la Vida para aceptar la verdad viviente, porque sólo la verdad única, divina, íntima e intransferible, les hará libres para siempre, nada y nadie más.

 

No hay nada, ni una sola cosa que no sea la Vida, nadie es mejor o peor que otra cosa, para esa única Vida o única y vasta Consciencia que hay, todo es lo mismo, no existe el bien separado del mal, ni el mal separado del bien, pero mientras el hombre siga prefiriendo el rechazo del ilusorio mal o siga rezando para la imagen personal, lo efímero y mortal, LA VIDA será implacable con ellos, por más incondicional que sea con todas sus criaturas.  El infierno humano se llama Ego, miedo a la vida, sea un ego personal o sea un ego espiritual, el peor enemigo del hombre siempre se ha llamado "yo mismo". El egocentrismo necio e inmaduro es el propulsor de todo mal, de todo odio, de toda violencia y de todo drama o perversión. El paraíso eterno se recupera cuando uno reconoce profundamente no saber nada de nada de esta vasta inmensidad que llamamos La Vida, cuando uno se arrodilla de verdad, con la verdad, para implorar una segunda oportunidad, la lucidez, porque la Luz y el Amor de la Presencia nos da la comprensión lúcida y definitiva, es lo único que nos libera de todo desamor y de la falsa ilusión del mal.

 

Aparentemente, hay miles y miles de cuerpos con prótesis en las rodillas y seguimos sin saber para que suceden las aparentes enfermedades, en lugar de inventar prótesis para seguir adorando al ego, para seguir idolatrando a la imagen personal o para seguir arrodillándonos sólo para rezar e implorar que no muera el ego de la gilipollez, tal vez, sería preferible arrodillarse con auténtica humildad y de corazón, ante esa vasta inmensidad, e implorar una nueva oportunidad, hacernos nada para recuperar el don de la lucidez, así tal vez veríamos con más claridad lo que no somos y lo que jamás hemos dejado de ser. Porque jamás hemos sido una imagen y un cuerpo, ni un ego infernal, ni un puñado de pensamientos gilipollas que vienen y van, que son de todos y de nadie, somos muchísimo más que ilusorios personajes que se sienten propietarios de la Vida o contrariados ante cualquier cosa o situación, somos la Luz  sempiterna de la verdad. No soy yo que aparezco en el mundo, es el mundo el que aparece y desaparece en mi. No soy lo que aparece y desaparece, soy Eso que Es, Ese quien todo lo ve. Todo el mundo puede ver mi mirada menos yo. ¿Por qué será? Tu sabiduría innata ya lo sabe, pero es bueno que se le ayude a pensar a esa mente que se cree más o menos importante que las demás, tal vez la observación y la revelación debe suceder en el interior, el único lugar en el que nadie puede fisgar o mirar. Si sólo cuidamos la imagen exterior y personal, sin cuidar el espacio interior e impersonal, suele pasar lo que pasa, el drama eterno es el de siempre, se multiplica, creamos sepulcros blanqueados una y otra vez, para que vean los defectos de los demás allá afuera, sin mirar dónde uno realmente debería mirar, todo es un reflejo de lo que yo soy. Somos lo mismo, ya estamos completos, porque aunque tengamos puntos de vista distintos, somos el mismo instante vivo ya realizado que es de nadie, a todos se nos regala el mismo don de la visión, pero, por supuesto, hay que arrodillarse ante esa Divina Presencia y aceptar la invitación intransferible si es que  queremos recuperar  la visión para regresar al hogar, pero nadie lo puede hacer por ti, ni la persona que imaginas ser, el infierno o el paraíso sólo depende de la Vida que se vive a través de ti, no depende de mí, ni de él, ni de nadie más.

 

No hay error, el que quiera seguir viendo errores, justos o pecadores seguirá en el infierno, no hay más.

 

En fin, el que quiera verlo, sólo hay que quererlo, la Vida nos grita más fuerte que cualquier otra cosa de este mundo, con todo el amor incondicional: -ESTOY Aquí, YO SOY TODO a través de Ti, deja de buscarme en otro lugar, permite que todo suceda sin temor, no pretendo otra cosa que liberarte del falso ego para devolverte el paraíso eterno que es tu verdadero hogar; tu derecho innato es ser feliz.  La invitación está siempre presente, simplemente hay que aceptarla y rendirse al Ser sempiterno, el que no, el que prefiera rechazarla, la Vida jugará con él hasta el final, lo derribará una y otra vez. Lo utilizará como conejito de indias o como payaso para que esa aparente sociedad necia e indecente investigue, a ver si sigue prefiriendo el circo a la verdad, a ver si descubren la fórmula mágica para mantenerse más esclavos que nunca de un ego mortal e infernal, por más espiritual que se crea ese ego, si tiene miedo a la vida es más de lo mismo, o tal vez, se sentirán más atados que nunca al mundo virtual o mundo material, el de las obligaciones, las luchas, las guerras y enfermedades raras, el de la gilipollez de la imagen efímera, ciega, sorda y mortal.   Lo único que le interesa al ego es hacer años, ser elogiado o aplaudido, pretende que no veas que tiene fecha de caducidad cada noche, y la Vida es sin años, sin edades, eternamente liberada, plena y feliz, a la vista está de todos. Nuestro verdadero hogar no es el cuerpo, es la Presencia, que ya es consciente de sí misma en todo momento, lejos está de toda muerte, de todo drama y de toda enfermedad. Ni siquiera debemos analizarla o comprenderla intelectualmente, a la vista está, ya sucede plácidamente.

 

Precisamente, todo se merece un gran aplauso cuando lo ves, porque todo es la Vida, magistral y divina, como siempre. Cada uno es la Vida jugando al escondite, todo es un auto-recordatorio porque cada uno es el Uno.

 

En la Presencia del Ser, hay la auténtica sanación, todo sucede con belleza y armonía, no hay nadie que viva o tenga una vida, sólo hay Vida sucediendo.

 

Jamás me adjudicaré esas palabras sin sentido de la Vida, como mías, ni jamás me adjudicaré un falso poder o una falsa gloria imperecedera de nadie, la Vida es todo lo que es y todo lo que no es, todo lo conocido y todo lo desconocido, no necesita palabras, sabe perfectamente bien por qué y el para qué de todo. Con mucha suerte, con mucha fe ciega y absoluta confianza puesta en la Vida que se vive a través de mí, en lo que en realidad yo soy,  me he podido liberar del falso ego infernal, y sí, ya sé que todo, todo, todo,  es un auto recordatorio para el despertar de la consciencia humana, ya sé que todas las palabras son de nadie y para nadie y que ninguna tiene poder, porque solo son un entretenimiento para la mente, pero por desgracia hay una inmensa mayoría que juega con ellas para seguir viendo el mundo al revés, jamás lo ven tal como Es, prefieren ignorarlo y rechazarlo, siguen fascinados con el espectáculo necio del circo exterior, sin ver la metáfora, sufriendo inútilmente y haciendo sufrir inútilmente, porque en realidad no hay nadie que tenga o viva una vida. Solo hay Vida Presente contemplando lo que ya está sucediendo, para nada contempla o abraza lo que ya está realizado. Cada uno es el Uno, lo mismo que yo soy, que no imagine que el despertar es un privilegio de unos cuantos, o que debe descender una gracia especial, precisamente no es exclusividad de nadie y debe dejarse de lado el lastre del conocimiento espiritual y personal, todos los rezos, las gracias y los dones especiales que necesita el ego para que no puedas ver, escuchar, intuir o madurar con la Luz de la verdad viva y presente, simplemente hay que rendirse al Ser y aceptar la propia invitación, hay que dejar de rechazar la verdad inexpresable viviéndose a sí misma, nada más, porque cuando la liberación de la mente se ha consumado, ves que no cambia nada, únicamente ha cambiado la percepción de las cosas, hay una lucidez maravillosa y una inocencia pura y extraordinaria, con un amor sin fronteras. Hay que ser nada para recuperar la visión del todo.

 

No hay nada por lo que uno deba sufrir, porque, en realidad, a lo que en verdad somos, no le sucede nunca nada, siempre está ahí. La pureza de nuestro auténtico Ser es una maravilla que no se puede explicar ni definir.

 

Despertar es vivir sin miedo.

 

¡Gracias!

Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte o el Amor de la Vida, está aquí, siempre aquí, siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.

 

 Puedes estar absolutamente seguro de que la Verdad nadie la tiene, ni nadie la puede enseñar, poseer o retener. Se revela a sí misma, constantemente.