El don más maravilloso, la lucidez.

El don más maravilloso que nos regala la Vida es la lucidez, la visión, porque la Vida no es cosa de tener poderes mágicos o especiales, ni es cosa de alabanzas, rezos,  aplausos u ovaciones, tampoco es cosa de géneros, hombres o mujeres, buenos o malos, ni de un tu o de un yo, es cosa de lucidez, de comprensión lúcida, es humildad por encima de todas las cosas, porque la Vida es TODO lo que es y todo lo que no es.

 

En la naturaleza, ningún Ser de la creación necesita conocer sus orígenes, tampoco necesita saberse querido o suplicar que se le ame, no necesita recuerdos, ni desea tener poderes especiales, ni fama, aplausos u ovaciones, y mucho menos necesita políticas, tradiciones, religiones, o falsos maestros iluminados, tampoco necesitan rezar, meditar o vomitar sus frustraciones en los confesionrios ni en las consultas de psicólogos, nada se frustra porque nada de nada necesitan los seres vivos para poder vivir felizmente o plácidamente en este paraíso, nada necesita la naturaleza para poder gozar de la existencia, la Vida ya nos abastece de regalos divinos, a todos. Nosotros los seres humanos, aparentemente, sólo aparentemente, necesitamos defender una historia personal que aparece en la cabeza, necesitamos emocionarnos, pero ¡únicamente! para ir más allá de todo lo personal, para trascender la mente humana, para fulminar las tinieblas, cruzando la propia experiencia con la Luz de la Presencia. Hay que ir más allá de la comprensión intelectual y de todo lo conocido o personal, si realmente queremos recuperar ese don, pues sólo a través de la visión lúcida que nos regala la Vida, podemos hallar la auténtica naturaleza y la maravilla eterna del Ser, la eterna verdad viviente en cada Ser humano, la felicidad plena, que no tiene nada que ver con la felicidad efímera o idealizada.

 

Todos sentimos un anhelo, es el deseo irrefrenable de recuperar ese don, porque sólo así podemos gozar de este paraíso eterno. De alguna manera todos buscamos algo más, al imaginar que tenermos que conseguir algo mejor y más divino que la Vida, porque anhelamos recuperar Eso, el misterio de la Vida, por eso nos buscamos a través de la experiencia, hasta encontrar, o no, lo que realmente buscamos, la chispa divina, la visión de lo que Es. Sólo lo hallamos, si nos dejamos vivir sin miedo, si nos abrimos de par en par a la Vida, a la posibilidad de recuperar ese don, puesto que ya nacemos con él, no es exclusividad de nadie. Despertar a la Vida es vivir sin  miedos absurdos la experiencia personal que anhelamos trascender.

 

El ser humano es el más completo, es el único ser de la creación al que se le ha regalado ese don, la Luz divina de la Presencia, porque a través de esa Luz podemos liberarnos de todas las tinieblas, de todo lo ilusorio y, así, aparentemente, sólo aparentemente, se va creando una  evolución de la consciencia humana a través de la cual sucede la naturaleza de la liberación de la mente.

 

Para recuperar ese don no puede enseñarse ni aprenderse, ninguna persona está capacitada para enseñarle nada a nadie, porque eso ya se tiene,  insisto en decir que no es exclusividad de nadie, precisamente la creencia falsa de ser una persona que aprende de personas y enseña a personas, es lo que más nos aleja de ese don, sólo la Vida que ya está presente, que ya es consciente de sí misma, que se vive a sí misma, puede devolvernos Eso que todos buscamos, lo que tanto anhelamos encontrar, ya que por derecho innato es lo que todos nos merecemos recuperar. La visión es la forma natural de percibir las cosas, la manera natural de vivir la vida para gozar de la existencia.

 

Lo que más queremos encontrar es la visión de Eso que la humanidad ha llamado Dios, porque como ya he dicho, el Ser humano, es el único ser de toda la manifestación al que se le regala ese don; a través de él, podemos ver y comprender, más allá de la mente humana, todo lo que se nos manifiesta, tanto lo conocido como  lo desconocido. Nada más y nada menos, somos exploradores de la Luz, somos dioses recorriendo la propia manifestación, por eso nos maravillamos tanto cuando lo recuperamos, porque regresamos a nuestro verdadero hogar, a nuestra naturaleza original, al paraíso aparentemente perdido. Sólo podemos ver y comprender con lucidez cuando recuperamos la visión, no antes, y es a través de la lucidez que podemos redescubrir el misterio divino de la existencia, porque la Vida, ¡todo y nada!, está mucho más allá de la mente y el corazón humano.

 

Lo único que nos impide recuperar la visión, es la creencia falsa de que somos personas con poderes especiales, con libertades especiales, precisamente hay que perder todo lo que creemos ser, perderse uno mismo hasta encontrarnos de nuevo, hay que ir mucho más allá de todo lo personal, hay que ir a la raíz del Ser. Por supuesto, hay que ir más allá de la falsa creencia de ser alguien o algo importante, porque la Vida es muy humilde, es de todos y es de nadie. Si queremos recuperar lo que más anhelamos encontrar hay que ir más allá de lo conocido y lo personal,  porque jamás hemos sido una historia que nos relatamos en la cabeza, ni jamás hemos sido un puñado de pensamientos inútiles que vienen y van, que suceden en un cuerpo, tampoco somos un nombre y unos apellidos inscritos en la lápida de un cementerio o en un recordatorio de defunción, no somos unas enseñanzas, unas tradiciones, una cultura, unas razas o unas palabras escritas en un  libro, tampoco somos un sin fin de recuerdos en los móviles o en unos álbumes de fotografías, ni somos una profesión o un título universitario, no, no somos cosas, ni palabras, conceptos, imágenes o títulos nobiliarios, somos indefinibles, no somos historias, novelas o escrituras de propiedades, ni tampoco somos las etiquetas de madre, padre, hija, hijo, hermana, hermano, esposo o esposa, maestro o alumno, somos muchísimo más que una triste historia de un  ilusorio personaje que nos relatamos en la cabeza, muchísimo más que simples seres humanos o cuerpos que caminan medio muertos de miedo, angustiados o ansiosos para obtener algo más maravilloso que lo que ya Es, porque imaginan ser algo más inteligentes que la Vida, somos seres de Luz, somos todo y somos nada, Consciencia Pura, la Luz de la verdad viviente en el sí mismo, la Luz sempiterna y el Amor absoluto que lo acoge y lo abraza todo, somos una maravilla que no se puede explicar ni definir. Unos se abren a la aventura del vivir conscientemente y otros no, pero todos, absolutamente todos, somos la misma Luz y el mismo Amor. No hay diferencias, somos el mismo instante vivo, sempiterno y realizado. Cada uno es la totalidad de la Vida. Todos somos Uno, y cada uno es el UNO, todo y nada. Todo es un autorecordatorio que  está mucho más allá de estas palabras y de todas las palabras que la mente humana utiliza para reinterpretar lo que no se puede definir ni explicar. 

 

Confundimos la sensación de existencia en el cuerpo, ese Yo Existo o Yo Soy, por la falsa idea de ser algo o alguien que puede mover la Existencia, la LUZ, que puede retar a Dios, por eso cuando recuperamos ese don, uno se relaja profundamente, ya no hay nada que buscar, nada que comprender ni hay preguntas que formular, todo ya Es, la Vida es la única constante que hay,  es lo que somos, no lo que imaginamos ser. La Vida Es, sucede espontáneamente y fluye sin más, sin prisas, sin pausa, como un regalo maravilloso que nos abastece de todo a todos, un milagro eterno y hermoso que nunca nadie ha podido, puede o podrá expresar.

 

Sólo hay UNA VIDA, no hay múltiples vidas. Sólo hay UNA única inteligencia, no hay múltiples inteligencias. Cuando te sientas preparado para verlo y escucharlo, ríndete al Ser siempre presente, encuentra la Vida que habita en ti, y serás libre para siempre. Lo que se ve cuando hay lucidez es que no hay pecados ni pecadores, la Vida jamás comete errores. En nuestras supuestas imperfecciones se encuentra la perfección de la VIDA, en nuestro regalo para poder redescubrir la Luz de la verdad viviente en el sí mismo. Lo que sucede es lo que Es, pero la mente humana siempre está a años luz de la Luz. Cada uno es todo y es nada, cada uno tiene la propia invitación, siempre presente, para redecubrirse. No hay distancia entre el mundo exterior y el mundo interior, la distancia tan solo es aparente. Todo lo que veo manifestarse allá afuera sucede en este vasto espacio de la Consciencia que Yo Soy. El mundo exterior tan solo es un reflejo de lo que Yo Soy. Mientres ayudes a personas soñadas por la Vida, a ser mejores de lo que ya son, o las prefieras más buenas y más especiales personas de lo que ya son, más lejos estás de la verdad o de la Luz siempre presente, precisamente la mejor ayuda es dejar de ayudar a ilusorios personajes que imaginan ser lo que no son,  porque sólo hay Vida siendo Vida, Silencio que lo impulsa todo, nadie que tenga una vida, nadie que viva una vida. La Vida ya Es. No hay real compasión si uno no se incluye a si mismo en la compasión del Ser. Encuentra la verdad y la verdad te hará libre.

 

De lo único que estoy absolutamente segura es de no saber nada, ya no tengo una vida con ganas de saber, soy la Vida, todo se va revelando ante mi con un ritmo y una armonía de extraordinaria belleza, todo se acepta y se ve tal como es. Aquí mismo, detrás de estas palabras sin sentido, más allá de la mente, y mucho más allá del bien y del mal, hay un vasto lugar espacioso, silencioso y sagrado que es de todos y es de nadie, aquí está todo lo que buscas, aquí te esperaré.

 

Námaste. Me inclino ante el Ser siempre presente que habita en ti, a través de Él, Yo Soy. No hay distancia entre tu y yo, la distancia, el tiempo y las formas sólo es aparente.

Gracias,  desde siempre y para siempre, simplemente, ¡gracias!

Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte o el Amor de la Vida, está aquí, siempre aquí, siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.

 

 Puedes estar absolutamente seguro de que la Verdad nadie la tiene, ni nadie la puede enseñar, poseer o retener. Se revela a sí misma, constantemente.