La Vida es de nadie y para nadie.

Es curioso y, a la vez, divertido ver el juego al que juega la Vida. Cuando uno no asume la unidad tiende a pensar, a imaginar o a decir: -alguien está pensando mal de mí; -me están criticando, me están acusando injustamente porque  lo estoy haciendo todo bien; -los demás son malos, los veo venir; -es por culpa de aquel, de aquello, del trabajo o de las circunstancias que yo no puedo vivir completamente feliz; -las palabras que me han dicho no las diría yo; -esto o aquello que me han hecho, no lo haría yo; -vaya tontería hace aquel o aquella, no lo haría yo; -la vida es sufrimiento, es lucha, es esfuerzo y sudor, hay que trabajar duro para ganarse la vida o para salvarse del caos mundial, -qué difícil es todo, qué complicado,  etc. etc. Así es como suele pensar la mente humana no trascendida que esté constantemente personalizando la existencia. Es gracioso verlo, por supuesto lo es cuando se nos da otra oportunidad, cuando ya se asume completamente la unidad viviente y la mente se ha liberado, no antes de la rendición porque todo sueño hipnótico parece muy real para el personaje soñado. Sin embargo, para el personaje que no puede verse a sí mismo porque es soñado por la Vida, por lo ilusorio de aquel que no se ha rendido al Ser, todo lo que se cuenta es para interpretar el papel de víctima o verdugo dentro de la película que llamamos "el mundo y yo". El personaje suele echar balones fuera, jamás permitirá que vayas a la raíz del Ser, prefiere que no te rindas, con tal de no madurar y con tal de que no admitas, con total humildad y honestidad: -no sé nada de nada, no entiendo nada de esta vasta inmensidad que llamamos la Vida. Un diminuto punto de vista no puede comprender que la Vida es una maravilla, cuando la mente humana se ha liberado de estúpidas apariencias sobre el bien y el mal. La Vida es totalmente incondicional con todas sus criaturas, absolutamente neutral y completamente liberada, no necesita perseguir glorias porque no necesita satisfacer necesidades personales.

 

El misterio de la Vida no es tan misterioso como la mente que personaliza la existencia cree, al contrario, para redescubrir nuestra auténtica naturaleza, uno debe aceptar profundamente el misterio de la vida sucediendo tal como Es, tal como se manifiesta y se experimenta a sí misma a través del organismo corporal, hasta llegar a la raíz del Ser; sólo así es posible que veas que la vida no tiene tantos misterios como la mente cree. El único misterio que hay es que la mente está a años luz de la Luz, no puede ver ni comprender que la Vida es impersonal, no puede comprender que no tiene ningún tipo de propósito, ningún camino y ningún sentido, no tiene necesidad de resolver historias personales, no debe labrarse ningún camino para llegar a alguna meta, puesto que la meta siempre ha estado ahí, siempre está presente, siempre, ¡siempre! La Presencia está completamente realizada y liberada. En la imperfección de la Vida, en nuestra diminuta pequeñez, aceptando profundamente y humildemente todas nuestras supuestas miserias, manías y fallos, hallamos la perfección de la Vida, la grandeza divina e infinita del Ser.   Esa ausencia de significado, de propósito, de camino y de destino, esa ausencia de tiempo, historias o relatos personales, es su auténtica belleza, una asombrosa obra de arte que únicamente se puede aplaudir cuando la mente se ha liberado, cuando ya permites que todo sea como Es.

 

Si pudieses ver la Luz resplandeciente y maravillosa que habita en ti, te aseguro que no harías otra cosa que rendirte para agradecerlo todo, puesto que todo es un regalo divino en la Presencia del Ser. En realidad, sólo hay Luz, toda tiniebla y toda ilusión del mal es ausencia de Luz, es profunda ignorancia que las palabras no logran esclarecer. El despertar está más allá de la comprensión intelectual, incluso más allá de la comprensión lúcida, porque sólo hay Silencio eterno del cual Fluye el amor incondicional. ¡Esto! tal como lo ves, es lo que es, no tiene nada que ver a como se reinterpreta o uno lo imagina. ¡Esto! es exactamente como debe ser y como debe aparecer, pero aquí, aquí mismo, está sucediendo algo más, en ti resuena algo que no se puede expresar, las palabras están a años luz de Eso que Es.  El Arte total es de la Vida, ninguna mente humana debería considerarse artista o adjudicarse la autoría de tan maravillosa obra de arte sucediendo espontáneamente en el siempre aquí, porque todo es un regalo fascinante en la Presencia cuando se percibe la Vida más allá de la mente.

 

La herramienta no debería personalizar la existencia para recuperar la felicidad sin causa. Para madurar, uno no debería consentir el inmaduro sentimiento de propiedad para sentirse importante, más importante que la Vida. Ahí está el drama, la mente humana del inmaduro no ve que los cementerios están repletos de herramientas que han retado a la Vida, que se han sentido muy importantes, que sólo han pasado por la Vida sufriendo inútilmente, sin ser felices realmente.

 

No soy yo que estoy en el mundo, es el mundo el que aparece y desaparece en mí, en la Consciencia que yo Soy. No soy lo que aparece y desaparece en mí, soy Eso que Es, Ese a quien todo, ¡todo! se le manifiesta. Aquel o aquella que personalice las apariencias, las formas y las palabras, los personajes y las historias, lo más probable es que siga identificándose con la herramienta, vivirá sin vivir, sin poderse fundir con el auténtico Yo Soy, vivirá sufriendo y haciendo sufrir, completamente alejado del paraíso eterno, de la eterna Presencia, de lo que en verdad somos.

 

Para poder perder el falso sentimiento de propiedad, se requiere una gran dosis de humildad y una profunda honestidad con uno mismo. Sólo la verdad viviente nos puede liberar de todo lo ilusorio. La naturaleza de la liberación de la mente sólo le puede suceder a aquel que esté abierto y dispuesto a qué le suceda. Aquel que rechaza la propia invitación no puede ver más allá de la mente, no puede dejar de identificarse con el personaje soñado o ilusorio,  no puede evidenciar que la Vida, lo que en verdad somos, está completamente liberada y es absolutamente neutral e incondicional con todas sus criaturas.

 

En la niñez, mirabas el amor incondicional en acción sucediendo en ti, no había juicios o prejuicios en tu mente, no había mundo exterior separado de la consciencia, no había separación, ni división o exclusión, pero no eras consciente de ello. El despertar se trata de hacerte consciente del olvido de tu auténtica naturaleza, de recuperar la inocencia pura, la visión, la forma natural de ver la Vida, verla y escucharla como Es, no como la imaginamos o la deducimos. Es hacerse consciente de que nuestro verdadero hogar no es el cuerpo ni la imagen, es la Presencia que ya es consciente de sí misma, en todo momento ha estado ahí, eternamente y plácidamente feliz. 

 

Como siempre digo, todo es un auto recordatorio, no personalices estas palabras que surgen de la Nada y se dirigen a la Nada que tú eres, van mucho más allá de lo personal. Es más, cuanto antes veas que estas palabras no tienen ningún sentido, que carecen por completo de compromiso y no tienen nada que ver contigo ni con nadie, más cerca estás de la posibilidad de que te suceda la visión. Hay que perderse, perder todo hasta ser nada, por supuesto si se quiere recuperar el derecho innato, todo, absolutamente todo. La felicidad sin causa, ¡sí! sin causa, está siempre presente, es totalmente impersonal y nos pertenece a todos. La Vida, desde siempre y para siempre, es de nadie y para nadie, no hay que hacer ni esfuerzos para recuperar nuestro derecho innato. La visión de Eso que Es, la forma natural de ver y escuchar la vida, ha estado siempre ahí, simplemente hay que rendirse al Ser, aceptar lo que ya Es, hasta podernos fundir con lo que en verdad somos.

 

 

 

Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte, la Luz y el Amor de la Vida, están siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.