El Océano de la Vida

Lo que más me enamora es la armonía total de la Vida, todo se mueve y cambia con un ritmo de extraordinaria belleza.

 

La Vida es semejante al Océano. Para el Océano ninguna ola es mejor o peor que otra, todas son impulsadas por el mismísimo océano, todas aparecen espontáneamente, fluyen  y regresan a Él; existen, son sin categorías, sin etiquetas de buenas o malas, altas, bajas, gruesas, flacas, grandes, pequeñas o insignificantes, sin auto denominarse maestros o alumnos, iluminados o despiertos, no hay relato del bien o del mal, no hay categorías de enormes, famosas o exitosas, enfermas o sanas. No, el Océano no es algo que deba personalizarse, no divide, no separa, no rechaza ni excluye, es TODO, no necesita enseñanzas, políticas o religiones para moverse y cambiar con un ritmo extraordinario... ninguna ola jamás deja de ser océano.

 

Con absoluta humildad algunas olas chocan contra las rocas, otras se deslizan en la orilla de  playas aparentemente sucias, otras no llegaran jamás a deslizarse en la arena fina de una cálida playa, y la inmensa mayoría existen de noche sin notar la calidez del Sol, pero todas, absolutamente todas son lo mismo, se mueven y cambian, aparecen y desaparecen sin juzgarse, no compiten entre ellas, ni tienen necesidad de hacerlo porque no persiguen logros personales, no se odian las unas a las otras. Hay un respeto constante y absoluto, una paz profunda con una armonía sin igual. Es absolutamente espectacular ver como el Océano forma mares y olas, sin moverse de la Presencia. Todo en el océano sucede con un ritmo maravilloso y con un movimiento perfecto, es un baile de formas, luces, sonido y colores, todo se mueve y cambia al son de la naturaleza, al compás de esa Nada que es sabiduría infinita, de la cual fluye el amor incondicional de la Vida en acción.

 

Así es la danza de la Nada que llamamos la Vida,  pero nuestra mente no lo ve, porque aprendimos a personalizar la existencia, creemos ser  personajes, olas más o menos importantes que el Océano, ya que en algún momento olvidamos nuestra auténtica naturaleza, ignoramos que jamás hemos dejado de ser Vida, Presencia Consciente de sí misma, Luz infinita y Amor absoluto que impulsa y ama todas sus olas (emociones, pensamientos, apariencias y sensaciones de la experiencia íntima e intransferible, de la propia manifestación).

 

No somos simples personajes tal como ese tal mundo aparente nos ha dicho y nosotros hemos tomado, somos Vida, Presencia Consciente, la única inteligencia y constante que hay, de la cual fluye el amor absoluto, la maravilla de lo que Es, vida en acción. Somos seres de Luz que nos movemos dentro de Eso que nunca viene y nunca se va, que siempre está ahí, siempre presente. Nos buscamos fuera de nosotros, sin ser conscientes de que Eso que ES, no se ha movido de ahí, es nuestra naturaleza original. Esta maravilla que no tiene principio ni fin, es lo que en verdad buscamos, porque cada uno siente el impulso irrefrenable de recuperar la visión de la unidad viviente, de esa Luz y de ese Amor. Somos la Nada impulsando todo lo que sentimos, todo lo que es y todo lo que no es, multitud de olas aparentes y espontáneas, todas sin ser propiedad de nadie. Verlo me enamora, es fascinante ver como la inmensa mayoría se busca a sí mismo, fuera de si mismo, como se siguen inventando Dioses, cielos e infiernos, santos y patrones, políticas y religiones, territorios y banderas, farmacias, psicólogos, confesionarios y hospitales, fábulas, novelas o películas de ficción con tal de seguir hipnotizados personalizando ESO que Es, con tal de no romper prejuicios para no tener que ver lo que ya somos. Todo es la Vida. Toda mente dual no trascendida que siga personalizando la Existencia, prefiere buscar recetas y sucedáneos fuera con tal de seguir soñando con una vida rosada, mejor de la que ya somos, con tal de especular y dramatizar sin querer admitir que todo relato personal es de la naturaleza de un sueño. Hasta que uno no se arma de valor para bucear en su interior, somos nuestros peores enemigos y lo ignoramos, es triste pero a la vez es un juego inteligente y magistral de la Vida, cada uno es el uno buscándose a sí mismo para el despertar de la consciencia humana.

 

Ninguna mente humana que personalice la existencia puede ver y escuchar lucidamente lo que en verdad somos, el lastre del conocimiento intelectual o espiritual impide que se vea, impide que se pueda comprender con absoluta claridad lo que realmente buscamos. Nos buscamos ignorando en todo momento que ESO que buscamos es lo que ya somos, lo que Es, la verdad inalcanzable;  lo hacemos creando un sueño hipnótico que por supuesto hay que trascender si queremos ir más allá del sufrimiento humano, sufrimiento que conlleva creer o imaginar que el sueño es real, pero ningún personaje puede trascenderlo porque es ilusorio. Precisamente, la mente es la que más impide que veámos lo que Es, prefiere seguir en lo personal, idealizando o soñando con una vida mejor, porque presupone que su diminuto relato o su insignificante punto de vista es real, y, todo relato o todo sueño personal, es lo que más hace sufrir al ser humano. La mente que personaliza la existencia imagina que su relato es muy importante, el más importante del mundo mundial, en cierto modo tiene razón, por eso imagina que dramatizar es lo más natural del mundo porque es lo que ha visto y se ha creído, y, así, con dualidad, división y exclusión, personalizando la existencia, se pasa la vida sin ver la maravilla eterna de este paraíso que ya somos, sin ver que todo está delante de las narices. Con una mente dual que personaliza la existencia uno se vuelve ciego y sordo, se hace imposible ver lucidamente que todo se mueve a la perfección. Sin lucidez no se puede asumir la plena libertad del SER, lo que en verdad somos. Sólo se puede vivir de un modo íntimo y pleno y con la profunda paz del Ser, cuando la mente se ha rendido completamente, cuando nos abrimos a la posibilidad de conocer nuestra totalidad,  que suele ser cuando nos sucede la visión. Yo no tengo una vida, soy la Vida, todo y nada, una auténtica obra de arte, un misterio divino, maravilloso y milagroso que jamás nadie podrá retener, superar, enseñar o explicar. ¡Jamás! se podrá superar tan divino milagro. Ninguna palabra puede acercarnos o alejarnos más de lo que ya somos, hay que ir más allá de las palabras aprendidas o heredadas si queremos recuperar nuestro derecho innato, la visión de Esa maravilla eterna que se nos regala a todos, para poder vivir eternamente felices dentro de este paraíso. 

 

Es algo así: -yo consciencia, me olvido de lo que soy, sueño un personaje por el cual me tomo y me imagino ser una ola separada del océano, me divido en dos porque  es lo que percibo, creo que las demás olas estan separadas de mi y necesitan de mi, presupongo que yo no puedo Ser ni existir felizmente sin la opinión confusa de las demás olas, me siento más o menos importante que todas las demás. Es bastante ridículo, pero lamentablemente es así. Creemos que somos olas, personajes o medias naranjas, porque perdemos de vista el paraíso, la plena libertad de la existencia, nos olvidamos de que somos el océano al haber imitado a un aparente mundo ciego, sordo y dual que nosotros mismos inventamos, porque es tal como lo imaginamos en la Consciencia. Pero jamás hemos dejado de ser la realidad máxima, la Vida, la única constante que hay. Vivimos creyendo que ¡esto! o aquello no es realmente ESO que Es.

 

En realidad, somos dioses recorriendo la propia manifestación, impulsando olas constantemente, simples olas o apariencias (sensaciones y apariencias que personalizamos y conceptualizamos como buenas o malas) olas que se mueven y cambian en la consciencia, olas que aparecen de la nada y regresan a ella, olas que son de nadie y para nadie, olas que suceden espontáneamente en el siempre aquí, pero lo hacemos con la ridícula idea de ser personajes que deben luchar y competir entre ellos, que deben sufrir inútilmente para cambiar lo que no se puede cambiar, que deben esforzarse para ganarse lo que ya somos, lo que ya tenemos, lo que jamás hemos perdido. . 

 

Esa es la rueda eterna tan enfermiza, es el drama eterno de la humanidad, una especie de locura necia e infantil, personalizar la existencia. Perdemos el paraíso cuando perdemos de  vista nuestra naturaleza original, al identificarnos con los personajes soñados por la vida que en realidad somos, y, por supuesto, nos buscamos porque es lo que más anhelamos recuperar. Nos perdemos, nos buscamos en las cosas, en lo aparente, en la imagen, en el personaje soñado por nosotros mismos, creamos un sueño hipnótico dramático que personalizamos, pero jamás nos encontraremos mientras permanezcamos divididos e hipnotizados dentro de él, personalizando el sueño.  Hasta que no dejamos de buscar fuera de nosotros mismos, hasta que nos nos arrodillamos para implorar lucidez, para poder bucear en el interior y conocer nuestra totalidad, no hay nada que hacer, porque lo que buscamos está en uno mismo, siempre presente, es lo que ya somos, lo que ya tenemos, lo que jamás se ha movido de ahí. En nuestra diminuta pequeñez, aceptándonos profundamente tal como somos, encontramos la grandeza absoluta del Ser. Una auténtica y maravllosa obra de arte. ¡Vida en movimiento!

 

La aventura para descubrirlo es idéntica para todos, a todos se nos regala la misma invitación que se acepta o se rechaza. No hay más. El despertar no es exclusividad de nadie, eso es lo que quieren imaginar algunos autodenominados maestros iluminados que no han trascendido el sueño personal, quieren retener adeptos que excluyen la verdad inalcanzable como ellos; creen que hay que ser de una determinada manera. Ninguna ola se muestra igual, cada una tiene su propio sueño o relato, pero no hay exclusividad para el Océano,  todas son amadas por igual, son lo mismo, exactamente lo mismo, jamás hemos dejado de ser lo que ya somos, Eso que Es, la Vida. En realidad, no nos sucede ¡nunca! nada, porque todo es aparente menos la VIDA, la única constante e inteligencia que hay. 

 

 

 

 

Si estás aquí es por algo, simplemente relájate y observa sin expectativas, porque el Arte, la Luz y el Amor de la Vida, están siempre donde tu estás. Ábrete a la lucidez.