No lo sé ni me importa

No lo sé ni me importa.

 

¿Qué sucederá mañana? No lo sé ni me importa.

¿Qué sucedió ayer en el aparente mundo exterior? No lo sé ni debe importarme.

¿Qué sucederá dentro de cinco minutos? No lo sé y mucho menos me importa.

 

¿Debe importarme lo que sucederá mañana y lo que sucedió ayer?

¿Por qué y para quién la importancia? ¿Para el falso yo que vive esclavo de su ilusión?

 ¿Soy yo la que va a cuidar, cambiar  o salvar a ese tal mundo, o es ese tal mundo que sucede en mi, el que despierta mi ceguera e ignorancia, todos los días?

¿Dónde está ese tal mundo exterior, dónde sucede y dónde lo veo?

Con que me salve de mí ilusión, el mundo que imagino allá afuera, se salva conmigo.

 

¿Soy yo la que está en el mundo, o es el mundo que sucede en mí?

La Vida no tiene prisa, no necesita mis elucubraciones mentales, puede prescindir en cualquier momento de mi ridículo y diminuto punto de vista sobre el bien y el mal, no necesita mi ceguera y arrogancia, ni el mundo necesita resolver sus necesidades con mis necesidades personales. 

 

La Vida es Vida en todas partes. Las decisiones que vayan a tomarse hoy, mañana o siempre se tomarán igual, conmigo o sin mí; el resultado siempre es el mejor, ¡siempre!

 Encontrar la solución a todos los problemas del mundo mundial le concierne a la Vida, no a mí. Aparentemente, sólo aparentemente, según los astrofísicos del aparente mundo en el que vivimos, sólo han transcurrido quince mil millones de años de la existencia del Universo. La Vida se ha movido y ha cambiado sin moverse de la Luz, de la Presencia. ¿De verdad, los seres humanos, limitados en comprensión, creemos o imaginamos que podemos mejorar este maravilloso espectáculo? Todo le concierne a la Vida, a nadie más. No hay prisa, todo sucede divinamente y a la perfección, sin lucha ni tensión, simplemente se ve o no se ve, se acepta o no se acepta que como personajes no mejoraremos ni empeoraremos nada. Todo es divino, sagrado y adecuado.

 

Tal vez, ese “no lo sé ni me importa” sea la auténtica humildad, sea lo que ese tal mundo exterior precisa para empezar andar con los propios pies, para empezar amar con el propio amor, para empezar a ver, con lucidez, que la Luz de la verdad siempre está presente.  ¿Hay otra verdad ahora mismo, aquí mismo, que no sea lo que Es? Ahora mismo, sólo hay ¡esto!, nada más.

 

Si en lugar de querer solucionar los problemas del mundo o de los demás, si en lugar de querer tenerlo todo bajo control, si en lugar de querer una vida mejor que la que ya se nos regala y nos está sucediendo,  si en lugar de mantenernos adeptos a los telediarios, a los futurólogos, a la enfermedad, a las novelas y enseñanzas, nos centrásemos en la auténtica humildad, en ver que nuestro punto de vista es limitado y necio, tal vez, veríamos, con total lucidez, que la Vida nos sucede sin ningún tipo de esfuerzo; tal vez, nos relajaríamos y nos dejaríamos vivir y abrazar por el amor Supremo que nos sostiene a todos a la vez. Tal vez, nos rendiríamos al Ser siempre presente, puesto que únicamente Él tiene solución para todos los problemas de la humanidad.

 

Después, tal vez, el mundo nos sorprendería con más amor y con más verdad.

 

Así que ese "no lo sé ni me importa" nos brinda la oportunidad de oro para deshacernos de la propia ilusión, del propio sueño hipnótico, de la propia arrogancia que nos mantiene esclavos de un mundo necio e irreal.

 

Sólo hay Vida siendo Vida en este mundo en el que vivimos, es lo único que sé, es lo único real, nadie que tenga una vida, nadie que viva una vida, nadie que tenga soluciones mágicas a todos los problemas. ¡Sólo hay Vida sucediendo plácidamente feliz! en oposición a tengo una vida por la que luchar, por la que sufrir, por la que morir.

 

Sólo hay unidad con todas las cosas y con todas las formas de vida que hay. Vida totalmente liberada, sucediendo espontáneamente y con muchísimo amor. 

A cada uno de nosotros, a los seres humanos, se nos regala una invitación única, milagrosa e intransferible, ¡siempre presente! para descubrir la eterna verdad, para regresar al auténtico hogar, para vivir felices y en paz.

 

anna serrat