No aceptes consejos de nadie

Consejos sin consejos.

 

El mejor consejo es no aceptar ningún consejo, y eliminar todos los consejos que hayas tomado como válidos.

 

Cuando comenzamos a admitir la posibilidad de que nuestra naturaleza original emerja realmente, llegamos a ver que la existencia es totalmente constante, tranquila y apacible.

¿Ves a un árbol que necesite libro de instrucciones para producir frutos?

¿Ves algún pájaro que necesite consejos para desplazarse libremente?

¿Ves a algún perro que implore tener la talla o las medidas perfectas?

¿Ves algún animal con los diez mandamientos en la cabeza para existir?

¿Ves al océano rezar o implorar cada día, por miedo a la oscuridad?

¿Ves a algún río que esté pidiendo ayuda, rece o implore para que se le aleje de la maleza o del mal que se encuentra con la corriente?

¿Ves algún rayo que implore no caer donde va a caer?

¿Ves al Sol con sentimiento de propiedad o que necesite ayudas, que le salven para poder iluminar a todo un mundo?

¿Ves a alguna linterna que pueda dar luz sin los dos polos, negativo-positivo?

¿Para qué sirve esa gilipollez del ser humano, cuando reza o implora:  -líbranos del mal, amén-?

 

Somos personajes soñados por lo infinito, lo que realmente somos ni necesita ayudas y mucho menos que se le salve. Lo que somos ya está liberado y salvado.

 

¿Por qué crees que tu necesitas ayudas, consejos o que te salven? ¿Por el sentimiento de propiedad que te hace mantener un ideal de ser un personaje que puede controlar la existencia, impedir la lucidez o el fluir constante de la Vida?Aquí ahora, siempre aquí y ahora, constantemente la Vida fluye sin prisas, sin pausas y plácidamente. El peor enemigo del hombre es la mente humana porque siempre está a años luz de la Luz. Es tan simple vivir, tanto, que la mente prefiere seguir creyendo que todo es un problema y que todo es complicado. El mal es una ilusión, como lo es el tiempo, los relatos en la cabeza y la falsa creencia de ser un personaje con poder de elección.

 

Nadie te enseñó a caminar, sucede espontáneamente. Nadie te enseña a respirar, sucede espontáneamente. Nadie te enseñó a mirar o a escuchar, sucede espontáneamente. Nadie te enseñó a masticar, ni a echar dientes, sucede espontáneamente. Nadie te enseña a dormir, sucede espontáneamente. Nadie te enseña a pensar o a sentir, sucede espontáneamente. Nadie te enseña nada ni debes aprender nada, todo sucede espontáneamente. Todo en la creación es una obra de arte inmejorable. Un milagro sin misterio cuando se ve. Cuando la mente humana piensa en base a la información que ha absorbido como una esponja, creyendo a un mundo dual y enfermo, lo almacena en estantes imaginarios del bien y del mal, crea la idea de que vivir es cuestión de esfuerzos, de aprender y enseñar, sin ver que cuando piensa para enseñar o para aprender ya está pensado y realizado. Todo sucede espontáneamente en la creación; cada instante presente ya está realizado. Ahora mismo, siempre ahora mismo, ¿dónde está el mal?

 

Simplemente en la naturaleza no hay ninguna agenda, ni tampoco hay ninguna regla fija de conducta, ni ninguna línea imaginaria en la cabeza del bien o del mal, distinta a todas las demás, tampoco hay linea que separe el día de la noche,  no hay consideración pasada ni futura. Todo cambio y movimiento es constante, emerge de la Nada y regresa a la Nada. Todo sucede espontáneamente, antes que la mente pueda reinterpretar. La existencia ES, sin más. Y eso es lo que el ser humano no ve, con lo cual no pasa de la violencia o de la guerra interior porque quiere controlar e impedir lo que jamás nadie ha podido, puede, ni podrá.

 

La mente humana ve los efectos del aparente tiempo, así que lo Inventa una y otra vez, pide consejos y ayudas para mantenerse en el sueño hipnótico del tiempo, pero todo lugar es aquí, todo momento es ahora, y todo día es hoy. Vayas donde vayas, hagas lo que hagas, piense lo que pienses, todo momento es ahora, todo lugar es aquí y todo día es hoy, todo sucede felizmente en la Presencia. Todo es energía experimentándose a sí misma. Lo que está aconteciendo aquí es atómico, indivisible y elemental. Tú no estás separado de esto. Tú no estás leyendo esto porque sí, simplemente sucede en ti. Cuando no se personaliza la existencia y se permite la Presencia o se asume la unidad, vivir es fluir con este instante siempre vivo, ya realizado, y no sólo salimos de un modelo de conducta aprendido de sufrimiento colectivo humano, sino que sacamos o fulminamos también todo mal, toda fábula, toda historia y toda película personal que crea la mente humana, salimos de esa prisión particular llamada yo soy una persona o yo soy un individuo o un personaje que puede mover el aparente tiempo y la aparente historia, sin ver que todo en la  existencia sucede en la Presencia.  

 

Nosotros vemos sufrir a la gente y queremos ayudar o aliviarlos de lo que nosotros deducimos que es su sufrimiento. Se puede comprender la acción práctica de esforzarnos a ayudar, aconsejar o salvar, y en cierto nivel esto es totalmente apropiado, eso es hacer aparentes milagros, pero no es a nosotros a quienes debemos adjudicar el mérito, la Vida se vive así, en todas las formas de vida que hay. Sin embargo, lo que estamos haciendo también dando nuestras ayudas, consejos. limosnas, o creyéndonos salvadores o maestros, es reforzar la idea de que somos personajes que pueden controlar e impedir la existencia, que deben esforzarse para ser mejores o peores de lo que ya somos, les aumentamos la sensación que ya poseen, de que son inválidos, de que hay en ellos error o pecado original, les estamos diciendo que su sufrimiento o sus enfermedades pueden ser suprimidos con prácticas, rezos y pastillas, les estamos diciendo que son imprescindibles para poder vivir; les estamos reforzando la idea de que hay que ganarse la salud, la vida o la felicidad, y la salud o la felicidad sin causa siempre han estado presentes, toda sanación sucede espontáneamente en la creación, y muchísimo más cuando dejamos de buscarla fuera de nosotros y permitimos que la sabiduría infinita fluya o nos suceda. De ahí la famosa frase de Jesús en la aparente fábula cuando le dijo a su madre, -no me pidas que haga más milagros madre, fue cuando se dio cuenta que no hay que ayudar o salvar a nadie, porque lo que en verdad somos ya está salvado, sólo hay existencia, nadie que tenga una vida, nadie que viva una vida. El personaje es creación de la mente, no existe.  El auténtico Yo Soy aparece cuando nos rendimos al Ser.

 

Jamás hallaremos algo mejor que este instante vivo ya realizado, ni jamás hallaremos la felicidad sin causa  en un más allá.  Esto es la consciencia manifestándose en cada acontecer o en cada sueño particular. Pero cuando alguien sale fuera de esa perspectiva soñada totalmente particular y ve con lucidez otra posibilidad, entonces hay un alivio de todo sufrimiento aparente. Puede haber dolor, por supuesto que sí, como cualquier animal o como cualquier ser de la creación cuando le sucede algo inesperado, pero el sufrimiento es opcional. Sólo sufre el personaje ilusorio, fruto de la propia imaginación, porque está siempre a años luz de donde acontece la sanación, de donde sucede la sabiduría infinita, la Vida, la felicidad y la Presencia. Adjudicamos el mérito al doctor, a los curas, a los políticos, a los personajes, pero no hay personajes, sólo hay vida sucediendo apaciblemente. SI no debe suceder la curación, no sucederá, por más que implores o busques los mejores especialistas, y si debe suceder, sucederá, sin que nadie deba adjudicarse ningún mérito.  Todo es una única inteligencia o energía, jugando al escondite, a la división o a la separación. 

 

Cuando uno comprende que por más fórmulas que inventemos o busquemos, por más análisis que nos formulemos, por más filosofías que salgan a la Luz, por más religiones, enseñanzas y dioses inventados, o por más rezos o meditaciones que hagamos para impedir ese fluir constante de la vida o para controlar y rechazar la existencia tal como es, nada funcionará, comprende también que no hay nada que buscar ni nada que hacer. Porque no hay nada que se pueda hacer mejor, excepto ser tomado y acogido todo tal como Es.  Sólo así se nos da otra posibilidad, la oportunidad de oro para poder recuperar el paraíso aparentemente perdido.

 

Cabe decir que en el comienzo de la lucidez, cuando se asume la unidad o cuando aceptamos vivir con la maravilla de lo que Es, es el comienzo de una nueva luz, de una nueva perspectiva de lo que está aconteciendo, pero a la mente le molesta o le incomoda enormemente, con lo cual, al principio pueden emerger en la Consciencia los miedos más profundos que esa mente ha necesitado guardar para transitar por el mundo del sufrimiento colectivo humano. La mente humana apoya al ego ilusorio a fin de mantener su existencia, a fin de permanecer en lo ilusorio, con el falso sentimiento de propiedad, de la creación de un personaje soñado. Por ejemplo, la mente no le interesa en absoluto reconocer lo que estás leyendo aquí, imagina que para vivir las cosas deben ser diferentes, que hay que esforzarse enormemente o que hay que trabajar duro para ganarse la vida, cree que el sufrimiento humano es imprescindible y natural, e imagina ser un personaje más listo que la Vida,  así que hará lo imposible para que no lo veas, puede hacer emerger tus miedos más profundos a la superficie con tal de que no sigas adelante en la Presencia. La mente no tiene poder en nada en la Presencia, no somos un puñado de pensamientos, pero  siempre se revela ante la Luz de la Presencia, no quiere perder su trono ni soporta que la Luz fulmine su falsedad o oscuridad. Este tipo de lectura son una amenaza directa y clara para la mente dual porque está aferrada a la existencia de un personaje aparente, al tiempo que no existe y a todo lo que no es, a las historias personales absolutamente distintas a todas las demás, a los antepasados, al sufrimiento y a todo lo inexistente. Nada en la naturaleza necesita lo aparente para poder vivir plácidamente o felizmente. Sólo la mente humana que no ve ni lo concibe, ni lo reconocerá jamás hasta que no se rinda. Ese es el drama eterno de la humanidad, no reconocer que estamos a años luz de la Luz siempre presente.

 

Nadie quiere morir, sin embargo, la mente humana es muerte, es nuestra máxima enfermedad, es nuestro caos, nuestra violencia o guerra interior. Sólo hay que ver los grandes mensajes de todos los medios sociales, todos te dirán que debes asegurarte la vida, seguro de accidentes, seguro de muerte, seguros sanitarios, seguro del hogar,  seguros para  ayudarte a vivir, seguros para mantenerte en el miedo a vivir feliz. El mundo te dice que van hacer lo que sea con tal de que "tu vida"  funcione a la perfección y tú te lo crees, sobre todo comprando el seguro de muerte para los que vengan después; todos esos mensajes son humo para el buscador, simplemente están ahí  para que esa mente continúe comprando falsedad, continúa en la dualidad humana, en el caos, en el falso sentimiento de propiedad. El mundo te vende y tu compras el ilusorio mal. La dualidad humana imagina que hemos nacido para ganarnos la vida, la gracia ya existente. La mente te hace soñar con que debes mejorar si quieres alcanzar metas, cosas o logros importantes. ¿Ves que debas alcanzar algún logro ahora mismo, siempre aquí mismo? ¿Ves que necesites ayudas para leer lo que ya estás leyendo? ¿Ves algo o alguien que esté sufriendo ahora mismo, siempre ahora mismo? ¿Ves algún Cristo o algún Dios inventado que te castigue ahora mismo, siempre ahora mismo? ¿Ves algún cielo o algún infierno ahora mismo, siempre ahora mismo? ¿Dónde están todas esas chorradas que inventa nuestra mente humana? A años luz de aquí. Observa la naturaleza, todo cambia y se mueve con un ritmo de extraordinaria belleza. nada podría existir mejor sin Eso que la humanidad ha llamado Dios, que imagina fuera de ahí, pero siempre está delante de las narices, no se ha movido ni un segundo de aquí, ni de ti, ni de mi, ni de nadie. 

 

¿No será que nuestra mente humana, es tan humana, tan y tan humana, tan y tan infantil e inmadura, que prefiere sufrir? ¿No será que esa mente no permite que veas que tu divinidad siempre está presente, siempre ahí, sucediendo sin más? Éste es el gran drama o el gran juego al que juega la Unidad. Lo infinito siempre presente se manifiesta a través de ti como un personaje soñado, es una gran función que sólo sucede en tu imaginación, llámala “mi vida”. Un personaje totalmente hipnotizado con la creencia de que esa persona por la que te has tomado debe mejorar, cambiar, rezar o implorar para tener algo mejor que este instante vivo, ya realizado, siempre presente, siempre vivo y divino. Por eso creemos que debemos negociar con la existencia y nos convertimos en hombres de negocios aburridos, serios, inmaduros y perversos, porque perdemos de vista lo que ya somos, lo que ya fuimos en la niñez, vida y alegría infinita encarnada. Tú, yo, él, ellos, simplemente estamos siendo vividos por lo infinito, y cuando se acepta, vemos con lucidez lo que no somos, reconocemos que además de no ser nada, somos pura Consciencia Presente. Nada y Todo. Somos personajes creados por lo infinito a fin de descubrir que estamos ya en lo infinito. Ninguna ola del océano debe imaginarse separa del Océano. 

 

Cuando sucede el despertar se ve con total lucidez que "el más allá" no existe,  la predestinación del karma, del sufrimiento o de la experiencia para encontrar el camino en el tiempo tampoco existe, tan sólo ha sido un juego magistral y divino para lo ilusorio, para el personaje o entidad soñada que se cree superior a la Vida o que se imagina separada de todo. Todo momento es ahora, todo lugar es aquí, siempre es hoy. Nada ni nadie impedirá que la Vida se viva a sí misma, nadie lo ha podido impedir hasta hoy, ni nadie lo hará en un futuro porque el futuro no existe, jamás ha habido un personaje en el cuerpo, nadie que pueda cambiar o mejorar a la Vida, jamás nos movemos de la Presencia. Somos Presencia.

 

Los conceptos alma, espíritu, un más allá, camino, pasado o futuro, reencarnación, cielos o infiernos, ángeles o demonios, tan solo son conceptos que suceden en la imaginación, todo es para perpetuar el drama del tiempo. Ningún ser de la creación necesita conceptos para existir, simplemente el ser humano que juega a querer ser algo mejor que lo que ya es, que imagina que es más sabio que este instante vivo ya realizado. Ese juego de la dualidad nos sirve para recuperar la lucidez y la integridad. Precisamente los conceptos o las palabras influyen para bien o para mal, pero ninguno de ellos tiene poder para sacarnos de la presencia absoluta. Cuando lo vemos se acaba la ilusión del mal.  Todo momento es ahora, todo lugar es aquí, todo día es hoy. No hay meta que alcanzar, todo en la existencia es sin tiempo. En la Presencia hallamos el auténtico paraíso, porque, aunque muera el organismo corporal no muere nadie, jamás ha habido un personaje dentro del cuerpo. Cuando se ha visto incluso hace risa. Siempre hemos estado en casa, pero la mente no lo ve. Olvidamos que estamos en casa ¡siempre! Nuestra mente es ilusoria y le da vergüenza reconocer que está a años Luz de aquí, de la Presencia.

 

Ríndete al Ser siempre presente si quieres ser feliz, y sobre todo no aceptes consejos de nadie, ningún consejo, sólo déjate llevar por la maravilla eterna de lo que Es, porque la Presencia es lo que en verdad eres,  es lo único que puede acabar con ese sueño dramático de película de ficción, tan teatral, tan inmaduro o  caótico. Es tu sueño de amor. Es el sueño hipnótico lo único que impide que veas que siempre has estado en casa. Lo absurdo, lo que a los ojos del mundo dual le pueda parecer absurdo, inocente e infantil, es lo que más te está ayudando a salir de esa cárcel personal. Sólo tú sabes. Sólo tu intuyes, sólo tú escuchas, sólo tú sientes, sólo tú puedes, ábrete a la lucidez y deja de buscar fuera de ti, porque cuando te sabes en casa, nada puede dañarte, ya eres Uno con la felicidad sin causa siempre presente..

 

No aceptes consejos de nadie, olvida incluso estas palabras y todas las que hayas podido imaginar que son más sagradas que tu, encuentra la sabiduría innata o la quietud, y no busques más, porque en la Presencia todo sucede a la perfección, sin error ni omisión.