La Luz de la Presencia

Lo único que hay es lo absoluto manifestándose constantemente como todas las cosas y todas las formas de vida que hay. El personaje por el cual te has tomado no puede ver ni comprender que todo es Luz constante. Un proyector de cine emite luz. La película de "mi vida" o de anna serrat, de quien sea, llamada "el mundo y yo", va pasando por el proyector.  Al hacerlo va mostrando un guión, una trama que se convierte en una historia personal e intransferible, con todos los personajes que esa historia contiene, con todos los escenarios, sean exteriores o interiores, con todas las luces y todas las sombras…. pero al final, como toda película, se acaba y desaparece, ya no hay película, ya no hay historias, sólo queda la Luz del proyector, la Luz de la Presencia. La Presencia no tiene nada que ver con el tiempo, está muchísima más allá de él.

 

Tú, al igual que yo, eres la Luz, luz eterna. La Luz es el Silencio del que todo emerge, la Nada o la comprensión absoluta. Y una de las cosas que emerge es ser ese personaje por el cual te has tomado, el que está ahí leyendo esto. Tú Eres la Luz del Conocimiento absoluto, la Luz que permite que esa persona que está aquí mismo, piense, sienta, deduzca, imagine, experimente, idealice o sueñe. No hay evolución, ni hay tiempo, ni separación, ni creación o historias en la Presencia, sólo hay la apariencia de tiempo y la apariencia de una historia, sólo hay un sueño igual como lo es una película. La mente no lo comprende porque la historia que uno personaliza parece ser real, siempre emana de la Luz, pero esa Luz es absolutamente atemporal e impersonal, totalmente estática y presente, no viene ni va, es atómica, elemental, pura e indivisible, es permanentemente nuclear. Es Unidad con todo. Todo es la misma inteligencia o Luz.

 

Esto, lo que Es, está más allá de la comprensión humana, mucho más allá de los conceptos, las imágenes, las formas y los números. Esa Luz, esa Nada, lo consiente todo, y por supuesto lo ama todo, absolutamente todo, porque todo es la mismísima Luz experimentándose a sí misma, siempre en el instante vivo y presente, ya realizado.

 

Cuando desaparece el buscador, o cuando esa Luz toma el control de la mente dual e ilusoria, uno puede comprender profundamente como esa Luz se conoce a sí misma.  Hay un conocimiento íntimo y pleno y se sabe de manera innata que es el Todo y es la Nada, todo lo conocido y todo lo desconocido.  

 

No hay una mente que esté pensando el qué, el cómo o el cuándo, todo sucede espontáneamente; cuando la mente piensa todo ya está realizado. Tampoco hay una cosa que esté descansando para crear cosas. En la eterna manifestación está todo, el descanso, la quietud, el movimiento, el cambio, la plenitud y el vacío, ¡todo!  Y hasta que eso no es visto siempre habrá un anhelo de regresar al hogar, un sentimiento de pérdida, un sentimiento de propiedad o de separación con toda la manifestación.

 

Yo Contemplo la manifestación de la Luz, de la Consciencia.  Asumo la Unidad conscientemente, porque consciente o inconscientemente siempre la he asumido. Las palabras no consiguen alcanzar definir lo que Es, ni consiguen expresar ESO. Se usan muchas palabras para definir lo indefinible, se investiga a través de ellas, se juega con los conceptos para poder asumir la Unidad, para poder regresar a la fuente de todas las cosas, pero esa Luz es inalcanzable e indefinible porque es Presencia Consciente de sí misma, es Quietud, la Nada de la cual emerge todo. Todas esas palabras emergen de la Unidad, de Eso, pero son de nadie, siempre son de nadie. No hay manera que se pueda comprender LoQueEs, porque no hay ¡nunca! nadie que sea esa quietud, no hay persona que sea la fuente de todas las cosas o el amor incondicional. Todo es sólo aparente, un sueño de amor, un sueño hipnótico o una metáfora. Todo es un reflejo de otra posibilidad, la posibilidad de recuperar la visión. El despertar lo que hace es aportar lucidez, una percepción totalmente distinta de las cosas. Pero no soy yo que tengo la percepción, la tiene nadie, es la percepción de que no hay nunca nadie en el cuerpo, es la comprensión de que todos los personajes y las apariencias simplemente aparecen y desaparecen como cualquier otra cosa,  todo lo que aparece y desaparece es la manifestación de la Luz.

 

En realidad, somos dioses recorriendo la propia manifestación, observando todo lo que es y todo lo que no es, porque sólo hay lo Absoluto, manifestándose así. ¡Esto! tal como lo ves, es lo que hay, es lo que llamaríamos “el mundo y yo”. Todo es atemporal e impersonal, cada instante tal como es, es lo único que hay, todo lo que ves es lo absoluto, aparentemente en movimiento, inmerso en algo llamado tiempo y abarcando todas esas apariencias o cosas que se convierten en la historia personal e intransferible. Todo, absolutamente todo, incluida la ilusión de ser un personaje o alguien que dirige a la vida, incluido el que no lo comprendas, incluido el que no lo veas, es lo absoluto. No hay nada, absolutamente nada que no lo sea.  Todo es Luz y Amor. Una representación que no acaba nunca dentro de ese gran teatro de la Vida. Ese ver separación con todo, ese dividirlo todo en dos, esa dualidad, es el juego inteligente y magistral al que juega esa Consciencia. Más o menos funciona así: al convertirme en un personaje creo una película, me sentiré separado de la Luz que Yo Soy, me buscaré porque experimentaré el olvido, la división y la separación, el anhelo de volver al hogar, hasta poder descubrir, o no, lo que verdaderamente Yo Soy.

Despertar es algo muy sencillo; Tú eres la Presencia en la que ¡esto! se manifiesta, pero tú no eres ¡esto! que se manifiesta, tú eres la Luz siempre presente que lo acoge y lo permite todo.

 

Si la lucidez sucede mientras estamos transitando la propia manifestación, mientras estamos experimentando la Luz y el Amor absoluto a través del organismo corporal, tenemos la oportunidad de regresar al hogar, podríamos decir que es la realización máxima del Yo Soy. El nirvana es Silencio eterno, es la nada, sin historias o relatos en la cabeza. Si no ha sucedido el despertar antes de la muerte del organismo corporal, la Consciencia que ya es consciente de sí misma, sin necesidad de ningún tipo de purificación, regresa a su estado natural, porque no habrá muerto nadie, absolutamente nadie.  El cuerpo, las formas, el movimiento, los personajes, el tiempo y el cambio, es lo aparente, un sueño de amor, pero esa verticalidad que nunca viene y nunca se va, eso nunca nace y nunca muere, esa Luz ya es lo absoluto, y no necesita transformarse ni purificarse.

 En el fondo todos lo sabemos, todos lo intuimos que hay algo más, pero todo está más allá de la mente y las palabras, muchísimo más allá de lo que creemos saber y comprender. Precisamente la última comprensión es comprender que no hay nada que comprender. Cuando se está preparado para asumir la unidad, para verlo y escucharlo, todo tipo de búsqueda para encontrar algo mejor que lo que ya es, desaparece por completo.