La liberación

La liberación.

 

Darse cuenta que siempre es hoy, que todo momento es ahora, que todo lugar es aquí, que siempre estamos presentes y que no hay ninguna parte a donde ir porque siempre estamos asentados en la gracia permanente, …..darse cuenta que no hay ningún propósito en nada y que la Vida no tiene ningún sentido, es el comienzo de la liberación. Esa evidencia, tan evidente, es el principio del fin de todo sufrimiento humano. No hay camino, ¡existimos ahora! ¡somos ahora! sin pasados y sin futuros.

La felicidad sin causa siempre está presente.

 

Nosotros, los seres humanos, cuando estamos presos de la dualidad, nos encerramos en la creencia de que nuestras vidas tienen mucha importancia, algún tipo de propósito o una misión muy especial, creemos ciegamente que tenemos que cumplir a rajatabla lo que nos cuenta la mente. Es un juego al que juega la Unidad hasta encontrarse.  Continuamente nos esforzamos con rigor, lucha y sudor, negociamos con la vida que ya somos, para dar cumplimiento a las ideas preconcebidas sobre lo que creemos que necesitamos hacer, para llegar a alguna meta, por supuesto, auto impuesta, a fin de ser más dignos o más merecedores de algo más grande, siempre algo más grande y más maravilloso que este instante vivo siempre presente. Por supuesto, no lo logramos nunca porque estamos tratando de satisfacer ideas imaginarias. Es la búsqueda eterna e incansable de un horizonte imaginario, así nos mantenemos alejados de un universo maravilloso siempre presente y constante. Siempre que buscamos algo más milagroso que este instante vivo, nos mantenemos en la separación, buscamos lo que ya está aquí. Cualquier indicación o evidencia de que esa actividad absurda de buscarse uno mismo fuera de aquí, viajando al pasado y anhelando un futuro mejor, no tiene ningún sentido ni ningún tipo de propósito, es una amenaza para la mente humana porque no acepta ser una simple herramienta útil y práctica para la existencia, siempre se mantiene alejada del milagro eterno, separada de donde nos sucede la gracia permanente, lo mejor de lo mejor. La mente refuerza la idea de que hay que luchar, sudar, sufrir, enfermar, trabajar duro, competir, no rendirse ni relajarse nunca, cree que hay que negociar con la vida y competir con los demás si no se alcanza lo que se idealiza. Cualquier aceptación del instante presente es una amenaza absoluta para la mente, no quiere rendirse ni que se descubra su actividad inútil, absurda, necia e inmadura, no puede reconocer que se está comportando de manera sorda y ciega ante la evidencia, de forma superficial y estéril ante tanta maravilla. Pero cuando hay una aceptación plena día sí y día también de lo que Es, cuando hay un reposo desde el cual nos damos cuenta del drama eterno, de cómo somos esclavos de la propia fantasía y nos escapamos de la gracia permanente por no tener que admitir la propia ceguera, nos relajamos y puede surgir una maravilla nueva.

 

La Consciencia Presente es todo lo que Es, y no hay nada que no emerja de la Consciencia. La creencia de que somos un cuerpo o personas luchadoras con sentimiento de propiedad en base a un diminuto y ridículo punto de vista en el sí mismo, separado de esa inmensidad, nos hace imaginar que ese falso yo que se mueve en el tiempo que no existe, es real, y es lo que más nos aleja del auténtico Yo Soy, de este instante vivo ya realizado. Esto es el juego divino del escondite al que juega la Vida. La sensación de identidad propia, separada de todas las demás formas de vida que hay, es ilusoria. Lo que Yo Soy, lo que tú Eres, lo que él Es, lo que cada ser Es, es Presencia. Así pues, no podemos ser responsables de nada que ocurra en el tiempo que no existe, ni podemos ser culpables de la propia ilusión. ¿Cómo puede un diminuto, infantil e ilusorio yo, un ilusorio sí mismo que se imagina separado de todo, sin ningún tipo de elección o libre albedrío, ser responsable o culpable de ese fluir espontáneo y constante de la vida siempre presente?

 

Lo infinito, el Silencio eterno, está en reposo y juega a parecer ser dos. Parte de este juego que YO CONSCIENCIA inventé, que inventa cada ser humano, antes de reconocer que se siente esclavo de su mente, es tener la experiencia de sentirse separado de este instante vivo siempre presente y de todo, buscándose sin cesar hasta poder regresar al hogar, a la Presencia. Esto acontece en todos, pero desgraciadamente para la gran mayoría acontece en el momento de la muerte del organismo corporal. Lo infinito goza y se divierte con la experiencia de la limitación dual y personal, disfruta con la posibilidad de liberarse del propio sueño caótico, ilusorio o infernal. ¡Siempre! estamos presente y a todos nos da la misma invitación para verlo o reconocerlo. Por más que preguntes ¿por qué? no encontrarás nunca la respuesta adecuada, hasta que dejes de buscar y de preguntar. Desde el punto de vista singular, separado y limitado, todo parece injusto, todo parece imposible de aceptar tal como lo vemos suceder en la Consciencia, pero desde el punto de vista lúcido del auténtico Yo Soy, todo lo que Es (CONSCIENCIA) es apropiado, no hay nada que deba cambiar, mejorar o empeorar. Es magistral, absolutamente inteligente y adecuado en la Presencia. No hay error, ni le sucede nada a nadie, porque en el cuerpo ¡nunca! ha habido un  personaje, nunca hay un yo soy persona, no hay nadie en el cuerpo. Nuestro verdadero hogar es la Presencia. El cuerpo es un instrumento, una herramienta o un elemento más como cualquier otra cosa que nazca, cambie, muera y repose en la Consciencia Presencia. A la muerte del cuerpo se retorna a la Paz eterna, a lo que jamás hemos dejado de Ser, Consciencia Presente, y recuperamos el reposo eterno, el Amor absoluto,  la alegría infinita, sin tener que pasar por ningún tipo de purificación. Cada uno es alegría encarnada que sólo sentimos cuando recuperamos la lucidez de la Presencia. Todo está absolutamente perdonado ¡siempre! Todo es perfecto y adecuado, ¡siempre!. A lo que en verdad somos no le sucede nunca nada.

 

Hay un equilibrio perfecto, único y constante para todos, así, la dualidad humana que oscila entre lo negativo y lo positivo, entre el bien y el mal que a cada uno le sucede, crea ese equilibrio exacto y perfecto en el Universo, e invita a cada buscador a dejar de buscarse, hasta encontrar la divina Presencia, la otra posibilidad de vivir en paz, más allá del sufrimiento humano, de lo que está aconteciendo ¡ahora! siempre ahora, en el aparente mundo.

 

Todo relato es conceptual, toda prédica, toda discusión o toda enseñanza, todo libro o todo discurso personal son únicamente sensaciones, impulsos energéticos que nos mueven y nos alejan de la Presencia. La única cosa real que podemos conocer es nuestra Presencia. Tú existes, Tú Eres,  tú sabes que ahora lees ¿no es así? Todo lo demás es de la naturaleza de un sueño. Así que para empezar con la liberación del sueño hipnótico es verte como NoDualidad. Aquí mismo sólo estás Tú, único, y aquí está ¡todo! porque ¡esto!  tal como lo ves aparecer en tu mundo singular, aparece sin ser bueno o malo, es lo único que ahora está apareciendo y desapareciendo en esta Unidad viviente en ti.  No veas dos, sólo estás tú ante esa inmensidad de formas que ves aparecer y desaparecer en ti a lo largo de la experiencia.  No eres tú el que aparece en el mundo, no eres lo que aparece o desaparece, es el mundo el que aparece y desaparece en ti, el que se mueve y cambia ante esa divina e inmutable Presencia o Luz que tú eres, que nunca viene y nunca se va.

 

El tiempo no existe, es un juego magistral y divino al que juega la Vida, es una ilusión como tantas y tantas de las que aparentemente ha inventado la sociedad. En la Presencia, sólo hay lo que es. Siempre eres ahora, siempre eres hoy, siempre eres este instante vivo, jamás eres antes, jamás eres después. El mañana y el ayer es una invención de la mente humana que está a años luz de la Luz siempre presente. La mente está ausente, por eso no puede comprender el misterio divino de la existencia, ni percibe ese ritmo sencillo, salvaje, natural y continuado de extraordinaria belleza, el fluir constante y espontáneo de la Vida. En el universo o en la naturaleza todo fluye armoniosamente sin prisas, sin pausas, sin tiempo, sin calendarios, sin agendas, sin noticias, sin novelas y telediarios, sin aniversarios o reyes magos, sin cardenales, sin misales, sin catedrales u hospitales, sin políticas, monarquías, sin banderas, sin sentimiento de propiedades. Nuestra mente se adjudica una autoría y un poder que jamás ha tenido ni jamás tendrá; así se lo explicó el mundo y así se lo creyó, al no ver que es una simple herramienta de uso y disfrute de la Vida. La mente humana aprendió a hacer personal lo impersonal, por eso está lejos de la Presencia, siempre debatiéndose entre el bien y el mal, entre lo que fue y lo que será. Ni el sol tiene sentimiento de propiedad. 

 

Todo es una única inteligencia sucediendo y moviéndose en el instante siempre vivo y presente, jamás se labra un destino ni jamás lo hará, y el único propósito que tiene es recuperar la lucidez para poder VIVIR en paz y felices en este paraíso. Es el derecho innato de cada ser humano. La invitación para verlo la tenemos todos, siempre está presente. Si lo ves, lo mejor que puedes hacer es reírte de ti mismo, porque toda esa broma cósmica, aparentemente de proporciones exageradas, no es responsabilidad de nadie, sucede en la consciencia humana. Es así desde siempre y para siempre, es el drama eterno de todo ser humano que crea e inventa un falso yo todos los días para mantenerse atado a un mundo ilusorio, profundamente enfermo, necio y dual, que hace un circo de la verdad. El falso yo, todos los días, construye una divina comedia que impide que veas que todo es la unidad, que la felicidad sin causa y el verdadero hogar siempre está presente, jamás lo encontraremos en otro lugar o en un más allá. Un mundo así, falso y dual, que no pasa de lo que le han dicho o del que dirán, prefiere sufrir y hacer sufrir antes que reconocer la propia ceguera o necedad, antes que iluminar de un modo íntimo y pleno el drama personal del auto engaño, pero ese tal mundo ilusorio, solo es  aparente y es totalmente esencial y adecuado para el despertar de la consciencia. En realidad, lo único que podemos redescubrir, cuando nos decepcionamos y aceptamos la propia invitación de rendirnos al Ser siempre presente,  es que somos una existencia que en algún momento olvidó que es existencia y, por fin, entre todos lo estamos recordando. Todo es un sueño divino, inteligente y magistral de luz y amor, un asunto de amor absoluto con la existencia, para el despertar de la consciencia humana.

 

Todo es aparente, menos la Presencia Consciente de sí misma, nuestra verdadera naturaleza. 

No somos lo que hemos creído ser, somos la Vida,  eternamente Presente. A un nivel muy profundo todo está aceptado, todos sabemos lo que verdaderamente somos. Está más cerca de la verdad o de la maravilla eterna de LoQueEs, un niño que vive y fluye espontáneamente, que el autodenominado papa de la humanidad o de cualquier persona que esté llena de ideas preconcebidas. Hay que regresar a la inocencia pura y ser nada, para poder recuperarlo todo.

 

Cuando la liberación de la mente dual concluye, la lucidez está siempre presente, y lo que se ve con rotunda claridad es que nunca ha habido error porque nunca ha habido nadie. Ninguna persona está despierta o iluminada, tampoco yo como persona, porque la creencia de ser persona es un sueño. Cada uno es la Vida experimentándose o buscándose a sí misma. Todo es adecuado, ni un solo punto ni una sola coma podemos mover ni cambiar de ese Plan Divino. Todo es la Vida.

 

anna