La Felicidad sin causa

Unos corren para salvar al mundo exterior

y otros corren para salvar al mundo interior,

pero ni unos ni otros ven que no hay dos mundos,

ni múltiples vidas, ni múltiples inteligencias,

lo que hay ya está a salvo, constantemente.

Siempre es la maravilla eterna de Lo Que Es.

 

Vivir crucificado es hacer caso a nuestra mente dual y caótica,

es construir tiempo una y otra vez para convivir con el drama, con lo caduco.

Vivir resucitado es dejar que la Vida fluya libremente, feliz y renovada,

vivir cada instante vivo y presente, como un regalo, como una primera vez.

 

La última comprensión es comprender que no hay nada que comprender,

el mejor método o fórmula es ver que ningún método o fórmula funciona.

La mejor religión es creer ciegamente en uno mismo.

La mejor política es dejar el mundo en paz, en manos de su Creador.

La mejor oración es: -Vida, hazme nada, haz de mi lo que quieras- 

 

Cuando ya no personalizas la existencia o la Vida,

porque ya permites que todo sea tal como es,

porque ya asumes la unidad viviente en el sí mismo,

entonces aparece el Arte más puro y más sublime de la Vida,

todo sufrimiento humano y todo mal se esfuma y desaparece.

 

La máxima realización del Yo, después de salir de la fuente,

después de haber olvidado la auténtica naturaleza,

es regresar a la fuente, a la Presencia Consciente de sí misma,

donde la Vida fluye sin prisas, sin pausas y con auténtico amor.

 

Sólo hay un Dios, pero no es ninguno de los que ha inventado la humanidad.

Y ese Dios, como la Vida misma, no es enemigo ni adversario de nadie.

Sólo hay una única inteligencia que ya está despierta e iluminada,

pero Eso se ve o no se ve, se intuye o no se intuye, se sabe o no se sabe.

 

Antes de recobrar la visión o la lucidez para la realización del Yo,

uno debe reconocer, profundamente e íntimamente,

que ve borroso, que no ve, que no sabe, que no escucha,

o que casi siempre desenfoca y distorsiona la realidad.

Un simple punto de vista siempre está a años luz de la Verdad.

 

La Felicidad sin causa, lo que más se anhela encontrar,

jamás se ha movido de ahí, de donde nos sucede la Vida;

lo más probable es que la encuentres cuando dejes de buscar,

cuando descubres que lo único que la oculta es la mente.

 

Cuando uno deja el mundo en paz, en manos de su creador,

la paz permanece, suceda lo que suceda,

porque más allá del falso personaje,

somos amor, la máxima verdad, la paz y la felicidad.

 

Ninguna palabra puede acercarnos o alejarnos de lo que ya somos.

Precisamente la Vida juega con las palabras hasta que vemos,

hasta que escuchamos y descubrimos que no hay nada que hacer.

Todo está realizado, mucho antes de que la mente lo vea o lo comprenda.