El Arte de la Vida

 

El Arte de la Vida

 Todo, absolutamente todo, es el arte de la Vida.

 

En la lluvia, en la brisa, en la niebla, en los vientos y en las tormentas, hay Arte.

En los terremotos, en los huracanes, en las inundaciones, en los volcanes, hay Arte.

En las montañas, en los valles, en los campos y en las praderas, hay Arte.

En los ríos, en los mares, en las playas, en los acantilados, en las rocas, hay Arte.

En las nubes, en las estrellas, en el Sol, en la Luna, en el día y en la noche, hay Arte.

En las ciudades, en los pueblos, en los territorios, en todos los paisajes, hay Arte.

En los países, en las naciones, en las razas, las tradiciones y las culturas, hay Arte.

En las calles, en los balcones, en las aceras, en los parques y en las plazas, hay Arte.

En las miradas, en los gestos, en el vestuario, en las poses de las gentes, hay Arte.

En las casas, en los hogares, en los locales públicos, sagrados o comerciales, hay Arte.

En los bares, en los restaurantes, en los chiringuitos, en los cines, hay Arte.

En las bodas, en los bautizos, en los funerales, en las celebraciones, hay Arte.

En las políticas y en las religiones, en las monarquías y en  sus seguidores, hay Arte.

En las familias estructuradas, desestructuradas y reestructuradas, hay Arte.

En la niñez, en la juventud, en la madurez y en la ancianidad, hay Arte.

En el nacimiento y en la muerte, hay Arte.

En el ruido, en el movimiento constante, en el Silencio y en la quietud, hay Arte.

En los hospitales, en las residencias de ancianos, en las guarderías, hay Arte.

En las redes sociales, en las relaciones en vivo, hay Arte.

En la alegría, en el enfado, en la tristeza, en el dolor, en el odio, en el amor, hay Arte.

En la linea imaginaria que separa el bien del mal, distinta en cada ser humano, hay Arte

En los museos, en las músicas, en las poesías, en la filosofía, en el arte urbano, hay Arte.

En la cultura y en la incultura, hay Arte.

En la necedad, en la soberbia, en la falsedad, en la ficción, en la arrogancia, hay Arte.

En la bondad y en la maldad, en la falsa bondad y en la falsa maldad, hay Arte.

En las iglesias y en los prostíbulos, hay Arte.

En los sacerdotes que necesitan rezar y en los hombres que necesitan prostitutas, hay arte.

En los payasos del circo que arrancan sonrisas, en los que se visten con túnicas detrás de un altar para someter e impresionar, hay el mismo Arte.

En las pastillas para dormir y en las pesadillas, hay Arte.

En los juzgados, en los malvados, en la justicia y en la injusticia, hay Arte.

En los matrimonios, en las parejas, en las separaciones o en los divorcios, hay Arte.

En las cárceles, en las escuelas, en las universidades, en las catedrales, hay Arte.

En la inhalación y en la exhalación, hay Arte.

En la salud y en la enfermedad, hay Arte.

En lo abstracto, en lo artificial y en lo anti.natural, hay Arte.

En la homosexualidad, transexualidad, heterosexualidad y en todos los sexos, hay Arte.

En la infidelidad y en la fidelidad, hay Arte

En los colores, en el rojo pasión, en el azul celeste, en el blanco y en el negro, hay Arte.

En todas las personas o personajes habidos y por haber, hay Arte.

En las películas de terror, de ficción, de amor, en el teatro y en las telenovelas, hay Arte.

En los telediarios, en los periódicos, en los mensajes de whatsApp, hay Arte.

En las emociones, en los sentimientos, en los pensamientos, hay Arte.

En las fábulas o aparentes historias que uno imagina, en los sueños, hay Arte.

En los asesinatos, en los robos, en las exclusiones sociales, hay Arte.

En el nacionalismo y en el independentismo, hay Arte.

En la libertad y en la esclavitud, hay Arte.

En las guerras, en los conflictos y en la paz, hay Arte.

En las víctimas y en los verdugos, hay Arte.

En la pobreza y en la riqueza, hay Arte.

En los vagos y en los trabajadores, hay Arte.

En los mendigos y los poderosos, hay Arte.

En la pereza y en la actividad, hay Arte.

En la creación y en la destrucción, hay Arte,

En los fumadores  y en los anti tabaco, hay Arte.

En los imaginan que han nacido para enseñar y en los que presuponen que han nacido para aprender, hay el mismo Arte.

En el New Age, en los natúropatas, en los papanatas y en los suicidas, hay Arte.

En los cielos, en los infiernos, en lo positivo y en lo negativo, hay Arte.

En las motos, los coches, los trenes, en todos los sistemas de ir por la Vida, hay Arte.

En todos los cementerios de este mundo en el que vivimos, hay Arte.

En los creyentes en un Dios inventado, en los ateos que no creen en nada, hay Arte.

En las semanas santas y en los carnavales, hay exactamente el mismo Arte.

En los que necesitan libros y en los que ya prescinden de ellos, hay Arte.

En los que se creen intelectuales y en los que reconocen no saber nada, hay Arte. 

En los vendedores y en los compradores de humo, hay Arte.

En la biblia, en las túnicas, en el misal, en los inciensos, en las velas, en las imágenes de santos, y todos los artilugios que se usan para no despertar, hay Arte.

En los confesionarios y en las sillas de psicólogos que hacen la misma función, hay Arte.

En los actores de teatro y en los actores de la vida, hay Arte

En los futurólogos, en los arqueólogos, en los persisten en el tiempo, hay Arte. 

En los historiadores o en las historias de la cabeza, hay Arte.

En la Ciencia, en la inconsciencia y en la Consciencia, hay Arte.

En el cáncer, en el sida, en las drogas y en las investigaciones, hay Arte.

En la gordura, en la delgadez, en la altura y en no dar la talla, hay Arte.

En el fraude, en la corrupción, en la moralidad y en la inmoralidad, hay Arte.

En los animales, salvajes, domésticos o racionales, sobre todo racionales, hay Arte.

En los que siempre piden y no dan nada y en los que nunca piden y siempre dan, hay Arte.

En los amigos, en los enemigos, en los amantes, en el amor y en el desamor, hay Arte.

En la soledad y en la multitud, hay Arte.

En lo mejor y en lo peor, hay Arte.

En los autodenominados padres, madres, hijos, abuelos o lo que sea, hay Arte.

En el trabajo, en la jubilación, en los viajes, en las vacaciones y en el ocio, hay Arte.

En el miedo, en el pavor, en el pánico, en la inseguridad, en la dualidad, hay Arte.

En los autodenominados ayudantes o salvadores del mundo, hay Arte.

En el mundo exterior reflejo del mundo interior,  hay Arte.

En no ver que todo es una única inteligencia, hay Arte.

En el Universo, en todo lo conocido y en todo lo desconocido, hay Arte. 

Al final, el Arte de la Vida se resume en todo y en nada.

 

En la Nada,  en el Silencio eterno, reside el creador absoluto de esa gran obra de Arte llamada La Vida que nadie ha podido ni podrá controlar, apareciendo en cada consciencia humana, como todas las cosas y como todas las formas de vida que hay, tanto lo conocido y como todo lo desconocido. Nos viene a decir que tanto arte hay en nuestras necesidades, manías, limitaciones y supuestos males o pecados, como lo hay aplaudiendo lo que más nos gusta sentir, ver y escuchar del espectáculo fascinante, brillante y magistral de la Vida, llamado el mundo y yo. 

 

En realidad, en lo obvio, en la maravilla eterna de lo que Es, está lo más sublime y divino del Arte.

 

Todo se merece un gran aplauso en esta Vida cuando se ve con total lucidez. Nada podría ser mejor pensado ni mejor realizado. Ni un solo punto ni una sola coma vamos a poder mover ni a cambiar de esa maravillosa obra de arte, llamada Existencia, Consciencia o Vida. No podemos hacer nada a ningún nivel, no podemos empeorar ni mejorar nada, únicamente, si queremos gozar eternamente de este paraíso, podemos aceptar la propia invitación para aplaudir el espectáculo, puesto que es, pero no es.  Vale la pena hacerlo para no perderse en vivo y en directo la observación íntima y plena del escenario llamado "el mundo y yo" porque sólo sucede en la propia intimidad. Al final, es para estar eternamente agradecidos por todo y por tanto. Es muchísimo más maravilloso y vital VIVIR sin más, que soñar, idealizar, analizar, cavilar, controlar, buscando culpas y culpables para seguir con el mismo drama de siempre, sin agradecer nada y sin aplaudir el Arte magistral de la Vida que a cada uno le sucede.

 

El Arte de la Vida, es absolutamente TODO, sucede espontáneamente sin que tengamos que hacer nada, está vivo y presente en todas partes, ni un solo instante podríamos existir sin el Arte o el milagro constante de la Vida. Cambia la percepción de las cosas y lo verás. Incluso la muerte es una ilusión, lo único que debe morir es el personaje que se ha tomado demasiado en serio la obra. 

 

El don de la Presencia hace que no tengas que buscar nada, ni analizar, ni rezar, ni implorar o cavilar para encontrar la belleza permanente, el arte la Vida. Todo sucede con un ritmo de extraordinaria belleza, todo es un milagro constante, exactamente igual como lo vemos en la naturaleza, existimos, somos y estamos asentados en la gracia eterna.

 

La mejor oración para poder gozar del Arte de la Vida o de este paraíso, es: - Vida, hazme nada, haz de mi lo que quieras, como quieras y hasta donde quieras. 

 

El Arte de la Vida cuanto más se busca, cundo más queremos mejorarlo o comprenderlo, y cuanto más se personaliza, más se pierde, precisamente es cuando dejas de buscar y permites que todo sea como es,  cuando lo encuentras y lo ves lucidamente en todas partes, es cuando más te fascina y más te enamora.

 

En el fondo, todos sabemos que todo es Arte,  sabemos que hay algo que se ha olvidado, y todos sabemos, más allá de la mente, que sólo hay Unidad. Una única inteligencia que jamás se labra un destino porque siempre está presente, a la que llamamos Existencia, tal como lo intuimos y lo vemos en la naturaleza. Pero todavía son muchos que les encanta el papel de actor, disimular y aparentar que saben más que la Vida, ya sea de Arte o de cualquier otra cosa. Todavía es una gran mayoría que imagina tener un falso poder y un libre albedrío que jamás se ha tenido ni jamás nadie tendrá. Sólo la Vida está completamente liberada, y lo único que pretende es que dejemos de buscarla fuera, que seamos íntegros, libres y felices tal como fuimos en la niñez. 

 

Madre mía, ante esta inmensidad, ante tanta maravilla, ante tanto arte y brillante espectáculo, imaginar que uno sabe más que la Vida, ya empieza a hacer olor a podrido, hay tanto dramatismo y tanta falsedad, hay tufo de fanatismo todavía, peste a inmadurez, olor a rancio y a caducado, pero incluso en el tufo del miedo, en la peste del pánico, en la idiotez de los personajes hay Arte, porque el artista creador hará cualquier cosa para que se deje de hacer tanto circo con la verdad, y se acepte, de una vez por todas, la invitación personal e intransferible, ¡siempre presente! para no rechazar nada, hasta ver que hay otra posibilidad de vivir felices y en paz en este paraíso, puesto que jamás ha habido error ni omisión.

 

No somos lo que creemos ser,  somos Consciencia, jamás nos movemos de la Presencia, ni jamás vamos a ir a ninguna parte, siempre estamos presentes,  moviéndonos y sucediendo en el aparente tiempo, sin movernos de ahí, del mismo instante vivo y eterno, ya realizado para todos. Si eso no es el Arte de la Vida, que venga Eso que la humanidad ha llamado Dios y nos lo demuestre, porque lo tenemos todo delante de las narices todos los días y no sabemos agradecer nada. Ya no hace falta luchar, sufrir y hacer sufrir, lo más saludable es dejar el mundo exterior en paz, en manos de su creador, porque el mundo interior respiraría y sucedería más saludablemente, con más placidez, con más sabiduría y con el Arte más sublime que se nos da, que se nos regala con muchísimo Amor.  Lejos estamos del Amor absoluto y de la sabiduría innata si no nos sacamos los caretos de buenos actores de esa tragicomedia llamada el mundo y yo. Ya son tiempos de dejar los pañales y empezar a caminar por los propios pies, sabiendo como sabemos que todo es la Vida; que poco vemos si nos quedamos con el pobre concepto amor que excluye lo que no interesa amar, agradecer ni aplaudir. De hecho, el arte está en amar y salvar al mundo interior, porque el mundo real ya está a salvo, absolutamente a salvo, sucediendo perfectamente bien, sin mí, sin ti y sin él.

 

Cada día es una celebración, no hace falta que inventemos días especiales ni que hagamos tanto circo o tanto drama con tal de no madurar, con tal de no despertar ni reconocer la propia ceguera o necedad humana. Ante tanta maravilla, uno debería arrodillarse y rendirse todos los días, porque si no la Vida nos hará arrodillar, hasta que se pueda fluir espontáneamente como siempre ha sido con los demás seres de la creación.

 

No soy yo que cambio o salvo al mundo, es el mundo ya salvado el que cambia en mi. Es más, ¿soy yo que estoy en el mundo, o es el mundo el que aparece y desaparece en la Consciencia que Yo Soy, igual como aparece y desaparece cualquier otra cosa? Ahí lo dejo, la aventura para descubrirlo es fascinante, todos tenemos la misma oportunidad, una invitación personal e intransferible, ese es el Arte que más se aplaude, lo demás son tonterías para entretener a esa mente dual llena de gilipolleces que sólo busca artilugios mágicos, recetas y sucedáneos para no despertar del sueño hipnótico, sueño que no va jamás a ninguna parte, todo es un viaje a ninguna meta, porque todo sucede estando presentes, sin tiempo, sin ningún sentido o propósito.  Ni los rezos nos sirven de nada, siguen perpetuando caos y sufrimiento inútilmente, fanatismo, dualidad y dramatismo, al no ver qur nunca nos sucede nada, nunca nos movemos de ahí, todo es aparente menos la Presencia. No hace falta que muera el cuerpo para recuperar la lucidez y dejar de sufrir. Con que muera el falso ego que se siente atado al tiempo y al mundo, con que desaparezca el ilusorio personaje que no existe, es suficiente. 

 

La Vida es una auténtica y maravillosa obra de Arte, es magistral.

Vivo y muero sin morir en mí, absolutamente enamorada del Arte de la Vida.

 

Jamás he tenido una vida por la que luchar, Yo Soy La Vida.