Despertar a la Vida

 

Despertar a la Vida es ver, con total lucidez, que ¡todo! absolutamente todo, es la Vida.

 

No soy yo quien hará cambiar, mejorar o despertar al mundo en el que vivimos o a los demás, es la apariencia del mundo, todo cuanto aparece y se manifiesta en mi, lo que me está salvando del drama eterno, de mi ilusión personal ¡siempre!. Es el aparente mundo que imagino alejado de mi, lo que me está evidenciado, una y otra vez, más allá de la mente, lo que verdaderamente soy.

 

El drama eterno de la humanidad, del ser humano. es creer o imaginar que todo es un problema, es suponer que ha nacido para evolucionar, para triunfar, para ayudar a los demás o para salvar al mundo, y lo hace creyendo e imaginando que hay cosas que Sí son la Vida y que hay cosas que No lo son. Normalmente, el humano, cuando las cosas le salen bien se atribuye el mérito y cuando le salen mal echa la culpa a la Vida o a los demás, imagina que hay error. Por esa simple razón, la mente humana, se empeña en buscar una fórmula que le obligue a confeccionar una lista mágica para que la Vida sea mejor de lo que ya es, o para que vivir sea sin problemas y sin experiencias dolorosas. Pero en lugar de conseguirlo, al no ver que todo es la Vida, hace justo lo contrario, se debate constantemente entre lo mejor y lo peor, entre buenos y malos, entre maestros y discípulos, entre lo que está bien y lo que está mal, entre éxitos y fracasos, entre cielos e infiernos, y el mismo debate le aleja a uno, constantemente, de la lucidez o de la felicidad sin causa, siempre presente, del fluir constante de la Vida.

 

La mente del ser humano, si no se ha rendido al Ser ¡siempre presente! para liberarse de la propia fantasía, del propio sueño hipnótico, si no se ha reconocido la propia ceguera o ignorancia, jamás verá que es una simple herramienta de uso y disfrute de la vida, ni jamás reconocerá que está a años Luz de la Presencia eterna, del paraíso eterno.

 

La Vida, no está allá, ni allí, ni acá, ni en el más allá, la Vida es sin tiempo, nuestro verdadero hogar siempre está ahí, en el lugar donde siempre se está, en el ahora, porque todo sucede o acontece espontáneamente sin que nadie ni nada evite o controle lo que ya es. No es el personaje que impulsa las olas de la Vida, es la Vida que impulsa todas sus olas.  La Vida fluye, constantemente, y lo hace sin que nadie pueda retener, mover o cambiar este instante vivo, todo está mucho más allá del tiempo, mucho más allá de todos nuestros relatos mentales. Todo en la existencia ¡ES! sin que nadie lo puede poseer o definir. Todo está pensado mucho antes de que la mente lo pueda pensar y expresar. Todo se define a sí mismo; lejos está la Vida de toda especulación mental, de toda manipulación, de todo control y relato personal; lo consiente todo porque es amor incondicional, pero se revela a sí misma constantemente y se le hace evidente a aquel o aquella que deja de buscar algo mejor que lo que ya es, a aquel o a aquella que deja de controlar lo que no se puede controlar. No somos un puñado de pensamientos, ni somos un cuerpo efímero y mortal, somos la Vida, somos ESO ¡siempre presente! eso que jamás se ha movido de ahí, eso que jamás ha nacido ni morirá.

 

Despertar a la Vida no es exclusividad de nadie, más allá de la falsa creencia de ser algo o alguien que dirige o controla este instante vivo, ya realizado, más allá de la falsa creencia de ser un individuo con capacidades y libertades personales, más allá del propio relato en el tiempo, cada ser humano es loQueEs, Vida, Presencia Consciente de sí misma, completamente despierta y liberada.

 

Una ola, jamás deja de ser Océano. Un ser humano jamás deja de ser lo absoluto. La mente crea culpas y culpables, la Vida, que es todo lo que es y todo lo que no es, le exime a uno, constantemente, de toda culpa y de toda irresponsabilidad. Aunque la culpa sea inherente a todos,  también es inherente el perdón, porque cada uno es, la vida buscándose a sí misma. ¿Cómo puede ser culpable la Vida, si es la Nada absoluta, el Silencio eterno, el amor absoluto? ¿Cómo puede ser irresponsable la Vida, si es TODO?

 

Al habernos identificado con la mente dual que vive una película mental en el tiempo que no existe, al haberle dado todo el protagonismo al personaje o al haber confundido esa sensación de existencia con la falsa idea de ser una ola que mueve el Océano, un personaje que mueve a la Vida, inventamos las mismas fantasías de siempre, una y otra vez, nos movemos entre ayeres y mañanas, creyendo que la Vida, la mayoría de veces, es un error. De ahí la invención de Dioses o deidades, de ahí los rezos, las meditaciones y las súplicas, de ahí el miedo a la muerte y a la enfermedad, de ahí el sufrimiento humano, la invención del karma, ángeles, demonios, un más allá o la  reencarnación, porque en lugar de reconocer la propia ceguera o ignorancia, en lugar de ver que todo está despierto e iluminado, ahora mismo, ¡siempre ahora mismo! preferimos construir personajes, un falso yo, todas las mañanas.  Todo es un milagro constante, siempre estamos asentados en la gracia permanente. En lugar de ver que todo es sagrado, divino y adecuado en la Presencia, generamos sufrimiento, una y otra vez, lo infundimos a nuestros aparentes hijos, y esos hijos a sus hijos, y así, de generación en generación, experimentamos un sueño, una fantasía, damos todo el protagonismo al personaje que vive un sueño hipnótico, un relato en la cabeza.

 

La misma experiencia, sin relatos en la cabeza, sin buenos o malos, sin mejores y peores, sin ayeres o mañanas, es una maravilla que no se puede definir ni describir, es el paraíso. En el momento que interviene la mente, juzgando, prejuzgando, controlando o manipulando LoQueEs, dividiendo esa maravilla en dos, viéndose separada de todo, sin lucidez, nos identificamos con esa mente dual y caótica. Ahí, sumergidos en el sueño, es cuando empieza el circo, el aparente infierno interior, el caos, la falta de paz, la falta de madurez o la falta de armonía.

 

El drama eterno es no ver lo que en verdad somos. Es darle cancha a la imaginación, a la mente que no quiere que la  liberación suceda. Lo que menos quiere la mente humana es perder su trono, evita constantemente el despertar a la Vida, prefiere que no suceda, se le acabaría el reinado de su drama eterno.  El ser humano que no ha visto lo que es, sufre y hacer sufrir, lo prefiere antes que ser libre y feliz. Es un juego inteligente de Luz y Amor. Si no vemos que ya somos divinos y adecuados tal como somos, que a cada instante lo tenemos todo, generamos drama, sufrimiento, y así, aparentemente, sólo aparentemente, nos movemos dentro de la misma rueda de siempre, la de generar drama para la humanidad. Sin visión lúcida no salimos de esa linea imaginaria del bien y del mal que cada uno construye a su manera, el mismo drama de siempre, porque cuando muere un personaje, aparece otro, así forjamos el sufrimiento, creamos fantasías, sumamos estupidez o esclavitud virtual. Con tal de que la liberación de la mente pueda ser un hecho, uno debe rendirse al Ser, ver que ese organismo corporal tan solo es un herramienta, y si se acepta que uno no es nada, que suele suceder cuando nos decepcionamos, tanto de lo que nos contamos a nosotros mismos, como de lo que nos cuenta ese tal mundo al que le hemos regalado el poder,  vemos la realidad, que no sabemos nada de esa totalidad, de de esa maravilla eterna. La arrogancia de nuestra mente dual es lo que priva ver lo que ya somos. Desde un nivel muy profundo, todo está aceptado, ¡siempre!  simplemente se ve o no se ve, se sabe o no se sabe que todo es la Vida, se acepta o no se acepta la propia invitación ¡siempre presente!. Así de simple. Nadie quiere reconocer ni aceptar su ignorante dualidad, su sueño hipnótico, todo el mundo cree poseer la verdad, pero la verdad no se puede poseer, es de todos y es de nadie, es más, no existe una cosa llamada verdad y otra cosa llamada mentira, la verdad siempre es LoQueEs.

 

Aceptando profundamente la experiencia, se nos da otra oportunidad, la de poder vivir libremente, sin fantasías y sin pesos inútiles en la cabeza, sin esclavitud mental o virtual.  Con el despertar no cambia nada, simplemente cambia la percepción de las cosas, la mente se convierte en una herramienta útil y práctica de la Vida, hay lucidez, hay unidad con todo lo que es, hay amor absoluto. Se trata de ser UNO con lo que Es, hasta fundirse con la Vida siempre presente.

 

Uno debe reconocer ser nada para recuperar el todo. Simplemente, es estar abierto a la posibilidad de que la Vida tome el control de esa mente dual que cree tener identidad propia, rendirse hasta permitir que todo sea tal como Es. El despertar a la vida cotidiana y ordinaria no garantiza nada, lo que deba suceder, sucederá igual, se evite o no se evite. No se va por ahí como flipados, con misales, velas, túnicas e inciensos para impresionar, moviéndonos con aires de grandeza, de santos o iluminados. No hay nada que deba empeorar o mejorar, simplemente se ha visto que en el cuerpo no hay nadie. Sólo hay Vida, nadie que tenga o viva una vida. Cuando muere un cuerpo, muere también el aparente personaje que la vida ha creado, pero el personaje no va ¡nunca! en un más allá, todo está ahí, todo surge de la Nada y regresa a Ella. La Vida, lo que en verdad somos, no se ha movido de la Presencia.

 

El mundo exterior, tal y como lo imaginamos, no existe, es una proyección de nuestra mente personal. El mundo real es ¡esto!, únicamente es ¡esto!, o aquello, siempre es la maravilla eterna de lo que Es.

 

anna