Cuando lo ves con total lucidez

Cuando lo ves con total lucidez, no sabes si reír o llorar.

 

Eres Conciencia pura, Vida, todo lo que es,

creas un personaje que sólo sueña con lo que no es.

 

Eres atemporal, siempre estás presente,

no hace falta que inventes más tiempo una y otra vez,

ni falta hace que cada mañana construyas un personaje,

ya Eres, ya existes, ya experimentas la existencia.

Con o sin lucidez, eres más allá del cuerpo y la mente.

 

Eres Luz y Amor.

Sin tu Luz no verías nada ni leerías lo que ahora lees.

Sin tu amor no sentirías nada de lo que ahora sientes.

Sin tu Luz y sin tu Amor no experimentarías nada en absoluto.

 

Eres único, divino e irrepetible.

Nadie más siente, ahora mismo, lo que tu sientes.

Nadie más puede ver ¡esto! como tú lo ves.

Nadie más sabe de ti lo que sólo tú debes y puedes saber.

 

Eres indefinible e indescriptible.

Ninguna palabra, imagen o concepto pueden definirte.

No eres un puñado de pensamientos que hablan de ti o de mí

Tampoco eres lo que sucede, ni lo que sucedió, ni lo que sucederá.

Simplemente Eres, Existes, experimentas y observas la manifestación.

 

Nada ni nadie puede hacerte daño.

Nada ni nadie tiene poder sobre ti, si tu no se lo das,

es más, la Vida no es cosa de poder, es cosa de lucidez,

 tú no eres un personaje, eres la Vida que se vive así.

 

Eres Nada y Eres todo.

Nada puede sacarte de la Presencia.

Todo lo que ves aparecer es tu propia manifestación,

que sólo tiene sentido y poder, si tú se lo das.

 

Todo lo que te cuento me lo estoy contando a mí,

Todo lo que me cuentas te lo estás contando a ti,

Pero tanto tú como yo, más allá del tiempo y la forma,

más allá de los conceptos, somos exactamente lo mismo,

el mismo Silencio, la misma Consciencia, la misma Vida,

somos Luz y Amor.

 

Eres el Paraíso eterno, felicidad sin causa.

No busques más fuera de ti, si quieres recuperarlo todo,

porque el paraíso eterno no está allá ni en un más allá,

está siempre ahí, Eres siempre tú, siempre, siempre.

 

Sólo puedes reír o llorar, cuando recuperas la lucidez,

 jamás ha habido error, ni en ti, ni en mi, ni en nada,

pero ningún llanto ni ninguna sonrisa, nada de nada

te moverá de ahí, de tu inmensidad e inmortalidad.