Sólo cuando reconoces la auténtica naturaleza, te reconoces a ti mismo a través de todo y de todos. El amor incondicional, que no tiene nada que ver con el pobre concepto amor, romántico, idílico o soñador que, todos, heredamos en la niñez, florece cuando estás vivo en el Ser, no cuando estás en la mente.

 

Un discípulo pregunta a un maestro:

Maestro: ¿Cómo debería comportarme con los demás?

Y el maestro le responde: Los demás no existen.

 

Todo es  la Unidad, y, no es suficiente decir que todos somos la Uno, es que cada uno es el Ser Uno.

 

Un auténtico maestro nunca dará lecciones de vida, como máximo y, por amor a la Vida, expandirá la luz inherente a todos. Tal vez, dirá: piérdelo todo, para recuperarlo todo, porque vivir sólo informados, con una mente llena de juicios y prejuicios, con una mente que divide la existencia en dos, no es conocimiento, y, sin conocimiento lúcido, no puede florecer la auténtica sensibilidad ni el auténtico amor.