El paisaje que veas, sea en la naturaleza, sea a tu alrededor, en la ciudad, sea a través de un  visor de una cámara, sea en redes sociales, cualquier forma de vida o imagen que aparezca en ti, no existiría sin tu luz.

 

La luz se nos regala para encenderla, agradecerla y gozarla, no para apagarla, sufrirla, ensuciarla, retarla y negarla.

 

Si utilizas tu ser para pedir cosas o para seguir apoyando el drama eterno de la separación, no verás nunca el milagro sin fin de la Luz, en el que ya estás, instante a instante, a menos que la Vida que en verdad ya Eres, se apiade de ti.  Sea como sea, todo es la Unidad, que no comete ni un solo fallo, ni un solo error. Hay una sacralidad y una divinidad en todo, incluso en el caos hay un orden y una perfección insuperable, aunque la mente humana no alcance verlo. Todo es un regalo si vives con la luz de la Presencia. Todo resuena perfectamente bien en el Ser, cuando se enciende la luz.

 

Un diminuto punto de vista dual no puede ver la perfección de la Unidad en todo.