Cuando esta consciencia era buscadora, lo percibía todo al revés, vivía de manera automática, con una mente profundamente vieja y caducada, que le impedía ver el auto engaño o el auto recordatorio. 

 

No sólo de comida vive la consciencia del hombre, vive de toda imagen y palabra que entra y sale en el vasto Ser. Cuanto más simple pueda ser la palabra, cuanto más lúcida y respetuosa, menos ruido y más amor. 

 

Para madurar, uno debe procurar mantener la mente inocente, sensible, silente y sencilla, como la de un niño, porque la Vida debe redescubrirse a sí misma, a través de todo y de todos. Con una mente ruidosa, que vive sólo informada, profundamente  insensible al todo, no puedes ver la perfección de la Vida en todo. 

 

Nadie debería sufrir para vivir, sólo sufre la ignorancia, no ESO que en verdad somos.

 

Siempre habrá dos maneras de vivir, con profunda ignorancia, apoyando el drama eterno de la separación, o con absoluta lucidez apoyando el milagro sin fin del Amor. Sea como sea, todo es la Unidad, todo es amado a cada instante. Se ama o no se ama, conscientemente, la totalidad de la experiencia predestinada a vivir.

 

El Amor puede fulminar la ilusión del pequeño yo, porque el amor es la fuerza más extraordinaria, es la fuerza que puede mover lo que nunca moverá el pequeño yo que sólo vive informado. El amor puede incluso con la muerte, porque el Amor es  inmortal.

 

El amor no tiene forma de corazón, al contrario, el Amor es sin forma y no entiende de acciones buenas o malas. El amor lo ama todo, por eso es amor.