Cuando esta consciencia era buscadora, no se daba cuenta de la Unidad, mantenía en el olvido su verdadera naturaleza, no veía nada, lo percibía todo al revés, separado de la fuente, no veía que todo, absolutamente todo, hasta el más mínimo detalle, es un auto recordatorio, es vida inteligente, simplemente sucediendo, revelándose a sí misma.

 

Cuando la Consciencia va despertando, que suele ser cuando se acepta la llamada del corazón para bucear en el fuero interno, se va despertando el séptimo sentido, el don de ver y comprender por resonancia; entonces ves con claridad que la persona buscadora no existe, es una ilusión creada por la mente; lo único que existe es Consciencia Pura, Ser, Vida impersonal sucediendo para nadie. 

 

Como individuos somos hijos del amor, un sueño de amor de la Vida. En realidad, yo soy tu mismo.

 

Para madurar y así recuperar el don innato, la sabiduría de la Vida, uno debe procurar mantener la mente inocente, sensible, silente y sencilla, como la de un niño, sobre todo saber que no sabe nada. Con una mente ruidosa, que vive sólo informada, insensible al todo y profundamente necia o dual, no se ve nada tal como Es.

 

No es suficiente decir que todos somos Uno, lo fascinante es redescubrir que cada uno es el Ser Uno, puro Amor. 

 

No hay que sufrir para amar, sólo sufre la ignorancia, no lo que en verdad somos. O se ama o no se ama la totalidad del Ser, pero hay que saber que el amor es la única fuerza, la más poderosa de todas, la que puede acabar con todo lo ilusorio, incluso con la ilusión de la muerte.