El valor más grande que hay que tener en la Vida, para la liberación de la esclavitud, es cruzar el puente que va de la ilusión del yo, a la visión natural del Ser, sin ayudas externas de maestros, ídolos, santos, dioses inventados, fórmulas o recetas mágicas, porque el mundo que a todos se nos mete en la consciencia, necesita visión y comprensión lúcida para vivir en unidad con la Vida, no más profunda ceguera y dualidad.

 

Lo que se va heredando de generación en generación, lo más conocido, preestablecido, organizado, cómodo, arcaico y popular, suele estar a años luz de la verdad, ni es lo más brillante, ni lo más lúcido, al contrario, es lo más oscuro y enrevesado que hay. La verdad absoluta no la posee ni la tiene nadie, ya estamos siendo vividos por la verdad, con lo cual si uno se abre a que le suceda la visión, simplemente cambia la percepción de ver las cosas y pasa a verlas tal como ellas son, realmente, entonces se vive como si uno decidiera, totalmente liberado.

 

¿Cómo puede lo ilusorio ver que es ilusorio? ¿Cómo puede la ignorancia ver que es ignorante?. Se precisa encender la luz para ver el auto engaño, y por más doloroso que sea, te das cuenta que ni el ego debe morir, porque sería el fin, debe rendirse para servir al Ser, hasta fundirse con Él.

 

Si yo me auto adjudicase los méritos de los sucesos de la creación, tanto para bien, como para mal, sufriría enormemente, porque jamás he sido la creadora de los sucesos, que simplemente suceden para la vida, para el despertar de la Consciencia. Todo sucede sin esfuerzo. 

 

Todo es Vida. Aquí mismo, ahora mismo, hay vida hablando a la Vida, que, resonará o no resonará en el corazón, pero jamás ha habido un algo o un alguien metido dentro de la herramienta corporal. Todo es un Ser, y, esta simplicidad tan radical y luminosa,  se ve o no se ve, se vive con profunda ignorancia o se vive con total lucidez. No hay más.

 

Nadie debería inventar dioses, cielos o infiernos imaginarios, porque no vamos a ninguna parte, ya somos lo que más se anhela recuperar. El auténtico Amor lo puede percibir mejor un niño, que un adulto que mantenga nudos en la Consciencia para vivir con la mente llena de juicios y prejuicios.