El valor más grande que hay que tener en la Vida, para la liberación, es cruzar el puente que va de la ilusión del yo, a la visión natural del Ser, sin ayudas externas de maestros, ídolos, santos, dioses inventados, fórmulas o recetas mágicas, porque el mundo que a todos se nos mete en la consciencia, necesita comprensión lúcida para vivir en unidad con la Vida, no necesita más profunda ceguera o dualidad, ni falsa caridad. La única manera que tenemos los seres humanos de amarnos los unos a los otros, es con comprensión lúcida, que nace del amor sin esfuerzo.

 

Hay muchísima más dicha en dar que en recibir, porque nadie ha nacido para que le amen toda la existencia, nuestra función es amar la totalidad. 

 

Si yo me auto adjudicase los méritos de los sucesos, tanto para bien, como para mal, sufriría enormemente, porque jamás he sido la creadora de los sucesos que simplemente suceden para nadie. Todo es un apoyo para que la Consciencia despierte y vea tan fascinante misterio. Todo es Vida sucediendo, para nadie y sin esfuerzo. 

 

Nadie debería inventar dioses, cielos o infiernos, ángeles o demonios, enfermedades raras, para dramatizar la existencia y atemorizar a la inocencia. Sólo hay que ver la madre naturaleza, nos habla constantemente sin palabras, resuena perfectamente bien en el corazón.

 

 El auténtico Amor lo puede percibir mejor un niño, que un adulto que mantenga nudos en la Consciencia para vivir eternamente crucificado, con la mente llena de juicios y prejuicios.

 

Menos es más. La extraordinaria simplicidad y belleza de la Vida, está en la visión lúcida, y  no hay ni que ir a buscarla, ni pagar un dineral para ser lo que uno ya ES.