Existir significa existir. Ser significa Ser. Vivir significa vivir.

 

Si ayudamos a personas a hacerles creer que algún día, como personas, lo conseguirán, el drama se va heredando de generación en generación. En mi íntima soledad, desde mi ignorancia, tuve que derramar muchas lágrimas, porque vivía totalmente hipnotizada, con el piloto automático y con la creencia dolorosa y absurda de ser persona, sin ver las cosas tal como ellas son, realmente.

 

Todo es efímero y relativo en esta Vida. Todo lo que se mueve y cambia es de la naturaleza de un sueño, excepto la luz de la Presencia que ya es consciente de sí misma, instante a instante. La visión es a lo máximo que se puede aspirar en la Vida, para la auto realización.

 

En mis ausencias, lo único que me mantiene viva y despierta es la Luz de la Presencia.  

 

No nací para aparentar lo que no soy, ni para tener o retener una vida en propiedad, nací para ser real, para amar toda la experiencia predestinada a vivir.  Tampoco nací para ayudar a ese tal mundo que es creación de la mente, nací para aprender a amar el mundo real. No estoy viva para engrandecer la falsa imagen que la mente crea de sí misma, vivo para hacerme conocedora de mi totalidad, sólo así se hace más humana la humanidad.

 

Sólo hay un Ser, un ver, un conocer, un escuchar, un intuir, un vivir, un sentir y un percibir por los sentidos o por resonancia, y, para nada, esta visión, me pertenece o es de mi propiedad.