Todo lo que empieza en el mundo de las formas, tarde o temprano termina o se apagar, así es la rueda eterna de la Vida. La única constante, lo que siempre permanece, a pesar de los pesares, a pesar de las limitaciones del cuerpo, a pesar de las pérdidas y de la muerte, es la Luz amorosa y radiante de la Presencia, la luz omnipresente que está más allá de la falsa creencia de ser algo o alguien. El único más allá que hay, es ir más allá de la ilusión del yo, de una mente hipnotizada que construye e inventa un mundo a su manera.